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CRÓNICAS

“Algunas ideas para impulsar la estadidad” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

En una  columna reciente, el licenciado Carlos Díaz Olivo reflexiona sobre la posibilidad de que aún en su momento de mayor apoyo electoral y popular, la estadidad – principalmente por culpa del Partido Nuevo Progresista – sea derrotada en la lucha por el estatus de Puerto Rico. La lección primordial, nos dice el profesor, es que “la estadidad es demasiado importante para dejarla en manos exclusivas del PNP”; y añade una advertencia: “Si los estadistas no comprenden esta realidad y aprenden a manejarla a su favor, su causa, lejos de acercarse, habrá de estancarse y debilitarse. Tienen que estar conscientes de que las mayorías no siempre ganan”. Es una sabia advertencia. La historia está repleta de movimientos que parecían estar en camino hacia la victoria para ser, de pronto, derrotados. A Puerto Rico no le es ajeno ese fenómeno, por ejemplo, ¿Cuántas elecciones en la historia puertorriqueña parecía el PNP estar camino a una victoria para luego ser derrotado? ¿Acaso el destino de la Carta Autonómica a finales del siglo XIX no demuestra como un movimiento pareciera triunfar para luego ser derrotado?

El científico político John W. Kingdon ha escrito que, en los ambientes de la política federal, como resultado del nivel de asuntos que atiende el gobierno nacional, este opera de forma reactiva y no proactiva. Es decir, su agenda se rige por niveles de prioridad donde los asuntos suben y bajan en urgencia constantemente. Uno de los retos mayores que tiene un grupo que busca impulsar un asunto en la agenda del Congreso es convencer a aquellos encargados de la formación de política pública que su asunto es un “problema” y no una mera “condición”. La diferencia consiste en que, si algo es visto como una condición, aunque se pueda convertir en un problema posteriormente, el Congreso por lo general – o el poder Ejecutivo – ignorarán el asunto ya que tienen otros asuntos que atender. Las condiciones son aquellas realidades con las que se puede vivir por el momento. Algo se puede convertir en problema como resultado de eventos inesperados (como los atentados del 9/11), por el sentir nacional de la población, o sencillamente las prioridades del presidente sobre qué quiere atender de acuerdo a sus promesas de campaña.

Por otra parte, Kingdon nos advierte que para adelantar una política pública o un asunto en la agenda se requiere preparar el terreno con años de anticipación. Es aquí donde reside la importancia de la delegación congresional electa el pasado mayo. Por mucho tiempo los estadolibristas-separatistas con sus aliados nacionales han sido altamente efectivos en buscar formas de obstruir cualquier proceso de estadidad. En eso los enemigos de la igualdad han sido altamente exitosos. Es mucho más fácil conseguir un solo senador que obstruya el proceso mediante el filibustero que conseguir sesenta que permitan adelantar la agenda. En un mundo ideal, la delegación electa serviría como un punto de partida para ir creando una coalición legislativa, creando contactos con las oficinas congresionales y llevando el mensaje sobre porque Puerto Rico tiene un derecho inalienable a la estadidad. Una forma que usan los grupos de presión para adelantar sus asuntos es la preparación de antemano de legislación que esté lista para presentarse en cualquier momento oportuno en los cuerpos legislativos. Afortunadamente, ese proceso recomendado por Kingdon se ha estado llevando a cabo por algunos miembros de la delegación, sobre todo la licenciada Zoraida Buxó.

Así las cosas, es un hecho irrefutable la indiferencia en el Congreso, por lo menos por una gran cantidad de miembros, al asunto del estatus. Esto es, en esencia, aunque no del todo, resultado de que el estatus de Puerto Rico es una condición y no un problema a nivel nacional. Es imperativo que el movimiento estadista, consciente que la lucha criolla está mayormente ganada, busque estrategias para lograr que el asunto del estatus sea visto más como un problema que como una condición. Esto se puede hacer buscando cualquier iniciativa para llamar atención al asunto, aprovechar corrientes culturales para insertar el estatus – por ejemplo, aunque soy bastante escéptico con mucho de las teorías del racismo estructural, creo que los Casos Insulares al haber creado un estatus inconstitucional mayormente basado en criterios raciales para Puerto Rico es un gran ejemplo de la injusticia que debe buscar remediarse con la admisión a la unión, lo cual se inserta en muchas de las discusiones académicas en Estados Unidos. Adicionalmente, un factor que nos recomienda Kingdon es que, muchas veces, ocurre lo que este llama un “policy window”, lo cual es una oportunidad para atender el asunto en la agenda que si se deja pasar no regresará por mucho tiempo. El ejemplo clásico es el intento fallido del presidente Carter en los años 70 de legislar un sistema de salud universal, la legislación no se aprobó y hoy EE. UU. no cuenta con un sistema universal de salud. Adicionalmente, hay que advertir que en muchas ocasiones si se pasa legislación de cualquier tipo que atienda, aunque módicamente, el asunto, por lo general el Congreso institucionalmente actuará como si el asunto hubiera sido resuelto y dejará a un lado el tema. Eso, por ejemplo, ocurrió con la Ley 600 en 1950 y con la ley PROMESA en el 2015; leyes que permiten un espacio al Congreso para evadir el tema y tratar el asunto de Puerto Rico como condición y no problema.

Una estrategia para evitar caer solo como condición es resaltar todas las formas (como ha hecho la congresista Alexandra Ocasio-Cortez, por ejemplo) en que Puerto Rico contribuye a la nación. Es decir, existe una dicotomía en Puerto Rico donde los independentistas reclaman que EE. UU. quita grandes cantidades de dinero a los puertorriqueños mediante la presencia de corporaciones norteamericanas en la isla; lo cual los estadistas buscan negarlo alegando que en términos de asistencia social Puerto Rico es “mantenido” por el gobierno federal. Propongo una mejor forma de ver el asunto: Tanto los independentistas, como los estadistas, tienen razón en este asunto. El hecho de que Puerto Rico contribuye a la economía americana es de celebrar, y las asistencias sociales o los fondos que recibimos son, meramente, un retorno (como la que reciben todos los Estados) de nuestra contribución a la Nación lo cual, añadido a los otros pilares y beneficios de la unión (la común moneda, mercado, ciudadanía, defensa, derecho, etc.) son el costo y beneficio de ser parte de los Estados Unidos. Es decir, para eso es la unión y la federación. Así que en el futuro podemos usar el argumento independentista a favor de la estadidad. Entonces ahí podemos explicar al Congreso que una independencia de Puerto Rico pondría en peligro parte del mercado común, además de los peligros que implicaría un régimen antiamericano en el Caribe que podría ser un riesgo a la seguridad nacional en la región. Recordemos, además, el consejo de Muñoz Marín con relación a legislación federal sobre estatus, todo proyecto de estatus debe ser: 1) Sencillo; 2) buscar resolver un problema práctico y real; y 3) ser patriota y explicar cómo se beneficiaría toda la nación.

Otros factores para considerar son los siguientes, muchas veces es necesario negociar con la oposición para lograr algún avance sobre el asunto que queremos adelantar. Esto permite algún avance, aunque sea mínimo. Por lo tanto, consciente de que la estadidad es mayoría, no creo que los estadistas deban negarse a hacer un plebiscito entre varias opciones de estatus. Sí, la estadidad ganó; pero el obstruccionismo lamentablemente, sumado a la indiferencia congresional al ser el estatus una condición, logró detener el asunto. La mejor estrategia es “call their bluff” y buscar aprobar legislación federal que haga una votación vinculante, de la forma que permita las realidades congresionales. El último punto es tratar persistentemente. Es un hecho de que las luchas políticas toman décadas; como estadistas tenemos que resaltar este punto como contraste a la narrativa falsa de la intelligentsia y prensa boricua de que la estadidad nunca llegará. Ni siquiera hubo mandato para la estadidad hasta el 2012, el cual la administración García Padilla logró deslegitimizar; y por ende no hubo un mandato claro hasta el plebiscito de 2020. En todo caso, debemos reconocer también la falta de receptividad en el Senado, y admitir que hay trabajo por hacer. Igualmente resaltemos los coautores de los proyectos en el Congreso, busquemos mayor apoyo de las legislaturas estatales, insertémonos en las organizaciones partidistas nacionales y en los grupos de derechos civiles. Muchas de estas cosas están ocurriendo, afortunadamente. Sin embargo, los estadistas tenemos una necesidad imperante de estrategia y de conseguir mejores mecanismos de presión al Congreso. Necesitamos, por tanto, alguna organización nacional que recaude y ayude recaudar dinero para campañas de candidatos a todos los niveles alrededor de la nación, sujeto el endoso y el apoyo a que los candidatos apoyen la estadidad. Debemos recordar que en la política no hay resultados inevitables, la lucha del estatus se puede perder ante las fuerzas retrógradas y totalitarias del independentismo. En fin, necesitamos irnos a un mayor grado de agresividad estratégica y mantener en mente que tenemos que ser un problema nacional, no una condición.

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