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CRÓNICAS

“La tragedia de Afganistán” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Como es sabido, durante los últimos meses se han estado retirando las últimas tropas norteamericanas de Afganistán, país que ha estado viviendo una guerra — muchas veces olvidada — por los pasados casi 20 años. Para finales de agosto de 2021, el presidente Biden tiene la expectativa que haya terminado la intervención de tropas en ese país, dando continuidad a un plan de retirada que se había iniciado durante la administración del expresidente Trump. Si hay un hecho sobre el cual los dos presidentes parecerían estar de acuerdo, es que era tiempo de terminar lo que se conoce popularmente como las guerras interminables. Es meritorio detenerse a reflexionar sobre este acontecimiento. Basándose en el discurso popular, parecería que se ha olvidado la razón por la cual hubo una invasión a Afganistán. Liberales, progresistas y conservadores del ala Trumpista emiten expresiones constantemente atacando al expresidente George W. Bush como criminal de guerra y de haber invadido países al parecer solo por controlar el petróleo en la visión más cínica, o por idealismo irreal de expandir la democracia en una visión crítica pero dadivosa. Ambos planteamientos son incorrectos; el presidente Bush hizo lo que entendió necesario para defender la nación, con resultados mixtos. Algunos positivos otros no. En todo caso, viendo el final de la guerra más larga en la historia de nuestra nación creo que es pertinente reflexionar sobre si valió la pena o por qué estábamos en ese conflicto en primer lugar.

Las acusaciones contra el presidente Bush muchas veces son inmeritorias. La guerra de Afganistán no se inició por parte de EE. UU., sino porque – usando ese país como una base de operaciones estable – Osama bin Laden y Al-Qaeda orquestaron un ataque el 11 de septiembre de 2001 (9/11) que tuvo como resultado miles de muertos. Esto es un hecho que al parecer con el paso de 20 años ha sido mayormente olvidado por los críticos de la administración Bush. Por otra parte, para determinar si una acción militar fue exitosa o no se deben observar las metas que existían al momento de llevarla a cabo. Esto, naturalmente, no entra en consideraciones de justificación, moralidad o la sabiduría de ese curso de acción. En todo caso, la meta inicial de la administración Bush era prevenir una repetición de ataques de gravedad como el 9/11, privando a los terroristas yihadistas islámicos de una base de operaciones segura de donde podían atacar a EE. UU. y Occidente. En ese sentido, la política de la administración Bush fue un éxito contundente. No ha ocurrido un ataque de proporciones como el 9/11 nuevamente, como nota el periodista, veterano y politólogo David French. El otro objetivo era derrotar al Talibán y prevenir el retorno de estos al poder; y aunque durante la invasión inicial la derrota militar fue clara y rápida; sin embargo, como nota el general H.R. McMaster en su análisis sobre la guerra, Afganistán “fue una guerra de un año que se luchó cada año por 20 años”. Ahora al final del conflicto, este segundo objetivo no se logró.

Esto fue resultado de malas estrategias según historiadores militares como los generales McMaster y Bing West. La administración Bush, mediante el entonces secretario de defensa Donald Rumsfeld, tomó malas decisiones en el manejo del conflicto que permitió retrasar la solución del asunto. Algunos de estos problemas fue el no lograr capturar a Bin Laden al principio del conflicto, este fracaso permitió que el Talibán y Al-Qaeda se reorganizarán en Pakistán. Otro problema constante fue la poca cooperación de Pakistán – quien financiaba y a veces protegía a las organizaciones terroristas – y la rampante corrupción del gobierno afgano; además que no se podía depender de este para tomar totalmente las riendas del conflicto. A la misma vez ocurrió que el expresidente Obama dejó de considerar el Talibán como un enemigo, comenzó negociaciones de paz con este — de paso aislando totalmente el gobierno afgano en Kabul — donde durante el proceso liberó terroristas de Guantánamo a cambio de un desertor. Todo esto en nombre de buscar una solución rápida a la guerra y sin tomar en consideración las preocupaciones de seguridad que implicaría el retorno del Talibán y sus secuaces al poder en una región donde operan una veintena de organizaciones terroristas.

Surgió con el tiempo una dejadez del conflicto, donde se comenzó a ver al Talibán como algo distinto a Al-Qaeda y que podía lograrse un acuerdo de paz incluyéndolos en la administración del estado afgano. Esta política continuó durante las administraciones Trump y Biden. Por las razones que fuese, entonces, la guerra de Afganistán se perdió políticamente, aunque no militarmente. Sin embargo, la actitud de celebración de muchos de que terminó el conflicto a toda costa es errónea. ¿Qué se logró en Afganistán? Pues después de la caída del Talibán, el general McMaster nos explica en su libro que regresaron miles de refugiados afganos a su país, hubo un fuerte crecimiento poblacional en ese país, un crecimiento exponencial de educación entre todos los afganos — previo a 2001 menos de un millón de niños afganos estaban educados, para 2017 el número era 9.3 millones —; un crecimiento en el acceso a la educación universitaria, entre las más que se destacan fueron las mujeres afganas; mayor movimiento social; una prensa libre y variada; una población joven y en crecimiento; y, finalmente, derechos políticos para mujeres y minorías. En todas esas métricas Afganistán mejoró en comparación a otras épocas. Desafortunadamente, en otras falló severamente como las luchas tribales, la corrupción y la incapacidad de derrotar a las organizaciones terroristas de la región.

Así las cosas, ese progreso en Afganistán fue producto del pueblo afgano con ayuda de la presencia norteamericana. No se luchaba entonces contra los afganos, sino contra los terroristas. Esos logros, sumados a la fuerte presión militar que se le mantuvo al terrorismo, la falta de otro ataque de proporciones devastadoras, la ejecución de Osama bin Laden y una gran cantidad de yihadistas; podemos concluir que no todo fue en vano o para mal. Es una tragedia que no pudo terminar el conflicto con la erradicación del Talibán. La presencia norteamericana en Afganistán se hizo insostenible por la falta de voluntad y el ascenso de nuevos retos geopolíticos. Desafortunadamente como dijo el analista y periodista Andrew McCarthy en National Review, no se logró nada permanente al no derrotar al Talibán y lo único que queda a EE. UU. es una mera esperanza de que no habrá otro 9/11.

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