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CRÓNICAS

“Sobre segundas vueltas” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

En tiempos recientes algunos sectores e intereses políticos en Puerto Rico han planteado el reclamo de una segunda vuelta en las elecciones generales para la selección del Gobernador. Alegadamente esto es necesario para que la elección de un primer ejecutivo sea más democrática. Esa propuesta surge de una idea errónea de que la elección de alguien, si logra un cincuenta más uno en porcentaje, le confiere mayor legitimidad. Existen dos tipos de legitimidad, la legitimidad sustantiva, que es la aceptación en general del pueblo hacia un gobernante o sistema político, y la legitimidad procesal. Esta segunda consiste meramente en que la selección de un funcionario público haya cumplido con las reglas preestablecidas para su selección por el electorado. ¿Dónde se encuentran esas reglas? En la constitución o las leyes electorales. Ahora bien, a mi entender, si la ciudadanía de una jurisdicción en particular acepta como legítima las reglas — y los partidos y candidatos todos consienten en operar bajo esas reglas — entonces el cumplir con la legitimidad procesal implica que se tiene legitimidad sustantiva en general.

Por otra parte, es una ilusión pretender que elegir un gobierno con 51% crea automáticamente mayor legitimidad y estabilidad política. El filósofo británico Sir Roger Scruton analiza en varios de sus libros el fenómeno de que rara vez un gobierno electo tiene apoyo abrumador entre la ciudadanía; y en las sociedades occidentales eso no es conlleva que se desatará una guerra civil o anarquía. Esto se debe, según Scruton, a la existencia de una lealtad pre política entre ciudadanos de una jurisdicción común que reconocen que el gobierno es nuestro y que las reglas sociales son legítimas, aunque se esté en desacuerdo respecto a política pública. Es decir, como se confía en las reglas, se sabe que eventualmente el bando contrario tendrá oportunidad de presentar sus ideas al electorado y ahí se escogerá quién gobernará.

Es por eso por lo que es preocupante que los distintos bandos políticos constantemente argumenten resultados electorales ilegítimos. Se mina así la lealtad pre política y la legitimidad sustantiva y procesal del sistema democrático. En todo caso, es una falacia el pensar que elegir algo con súper mayoría lo convierte automáticamente en realidad. El electorado podría votar con 60% para declarar que todos tendrán un empleo, pero no significa que así ocurra. Como ejemplo de lo inútil de elección por súper mayoría mientras haya legitimidad procesal, en Puerto Rico solo Luis Muñoz Marín, Roberto Sánchez Vilella, Pedro Rosselló y Luis Fortuño ganaron elecciones a la Gobernación con más de 50% del voto. De estos, el único que logró usar ese mandato para transformar la política puertorriqueña y lograr un nuevo convenio político fue Muñoz Marín. Sánchez, Rosselló padre (en su aspiración a un tercer término) y Fortuño tan pronto llegaron a su próxima elección fueron derrotados y sus políticas públicas en su mayoría revertidas. ¿De qué sirvió la súper mayoría electoral?

Así las cosas, tampoco hay garantías que la segunda vuelta produzca mejores elecciones, candidatos o que sea en realidad representativo del pueblo. En el caso reciente de Perú, en su segunda vuelta hubo una elección antipática entre un comunista y una dinastía política plagada de corrupción y escándalos. El resultado extremadamente estrecho significa que mucha gente no quería ni a Fujimori, ni a Castillo. Igualmente ha ocurrido en Francia que las elecciones de segunda vuelta llevan a una victoria arrolladora para un presidente, meramente porque el otro candidato es más antagónico y luego ese presidente es derrotado en reelección. Eso fue el caso de Jacques Chirac, Nicolás Sarkozy, François Hollande y posiblemente Emmanuel Macron. ¿Cuál es la diferencia entre ese sistema entonces y elegir entre dos partidos mayoritarios por pluralidad? La segunda vuelta solo extiende la agonía electoral. Entonces, ¿por qué un sector insiste en Puerto Rico en establecer una segunda vuelta? Seguramente hay varios factores, pero viendo  que la insistencia viene de sectores que les indigna no poder alcanzar la Gobernación y cuestionan hasta el poder del veto y todo el sistema de pesos y contrapesos; es razonable suponer que el deseo de una segunda vuelta es meramente el no perdonar que Pedro Pierluisi y el PNP ganaron la Gobernación en el 2020. La motivación implícita es básicamente soñar en lograr un apartheid electoral en donde los estadistas serán excluidos permanentemente del poder en nombre del pueblo. Es muy probable que si se adoptara un sistema así siempre en la segunda vuelta todas las fuerzas de izquierda se unirían para derrotar al PNP, impidiendo así su acceso al poder. De esa forma lograrían al fin terminar con los estadistas.

En todo caso, el escritor francés Maurice Druon decía que era ingenuo pensar que los votos eran mejor que los genes escogiendo gobernantes. El voto en tiempos recientes se ha convertido en algo mágico, pero el voto solo tiene un propósito teleológico e instrumental. Es decir, el voto, aunque importante, es un instrumento y no un fin en sí mismo. El voto respecto a funcionarios públicos es meramente el elegir quién llevará la gobernanza por un tiempo determinado. Mientras se cumpla con las reglas de legitimidad procesal, ¿qué importa como sea electo y con qué porcentaje? Si la sociedad acepta todos los días la legitimidad procesal, eso implica a su vez legitimidad sustantiva. En fin, el insistir en segundas vueltas y en súper mayorías para formar gobiernos puede ser interesante, pero no es más legítimo o democrático.

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