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CRÓNICAS

“Sobre la privatización” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

El gobierno no es la solución a nuestros problemas, el gobierno es el problema”. -Ronald Reagan

Por mucho tiempo, la intervención gubernamental en la economía para atender una recesión económica fue bien limitada. En el caso de Estados Unidos, no hubo una intervención masiva de parte del gobierno federal en la economía — tampoco fue necesaria para la recuperación en ninguna de esas recesiones previo a 1929 — hasta la presidencia de Herbert Hoover; después esas intervenciones fueron ampliadas con las políticas del Nuevo Trato de la administración de Franklin D. Roosevelt. Esas políticas de intervención fueron en aumento en todo el mundo occidental durante décadas, esto como producto de la Gran Depresión en la década de los 1930 y el ascenso de las teorías económicas de John Maynard Keynes.

Como parte de esas teorías económicas, y el posterior ascenso y dominio de la izquierda y de conservadores estatistas que también creían en el intervencionismo, se produjeron políticas de nacionalización de industrias y servicios bajo el control del gobierno; casi siempre mediante el modelo de corporaciones públicas. Así se hizo en EE. UU. con el Tennessee Valley Authority (TVA) y la agenda de la administración Roosevelt de usar el poder gubernamental para dejar la competencia privada sin capacidad de competir. Posteriormente en EE. UU. se vio una expansión gubernamental sin precedentes durante la Gran Sociedad de la administración de Lyndon B. Johnson. Igualmente ocurrió en el Reino Unido donde se nacionalizaron una cantidad de industrias como la automovilística, British Airways, minas de cobre, la producción de energía, los servicios telefónicos, etc. Se entendía, en efecto, que el papel de la iniciativa privada creando riqueza ya era cosa del pasado y que el gobierno era capaz de organizar la actividad económica, además de planificar toda la vida social y política. En otras palabras, se desarrollaron ideas cuasi socialistas en los países occidentales.

En Puerto Rico ocurrió un patrón similar, primero la administración del gobernador Rexford Tugwell apoyó las ideas keynesianas de la mayoría legislativa popular; luego durante la gobernación de Luis Muñoz Marín se hizo un programa masivo de nacionalización de industrias y muchas veces se trataba con hostilidad a la empresa privada local a favor de exenciones contributivas para nuevas empresas que se localizaban en la Isla. Ahora bien, todo este programa de nacionalización de industrias significaba en parte que toda la actividad económica de Puerto Rico – y todas aquellas otras sociedades – estaba dirigida por el gobierno, que es lo mismo que decir los políticos. Así las cosas, era previsible que el gasto económico en este modelo aumentaría constantemente hasta hacerse insostenible. En efecto, en la década de los 1970 ocurrieron aumentos drásticos en el desempleo y una inflación masiva en precios, dándose el fenómeno de estanflación (desempleo alto más inflación alta) que según muchos economistas de la época era algo imposible.

 En Puerto Rico a medida que se daban las crisis económicas de turno, se crecía el tamaño del gobierno para artificialmente crear empleos. Es por eso por lo que la administración de Rafael Hernández Colón se encaminó hacia un programa de nacionalización con las Navieras, por ejemplo. Además, que a medida que crecía el gobierno aumentaba el gasto y se hacía insostenible la situación, se hacía necesario aumentar la deuda pública para continuar manteniendo la economía cuasi socialista. Esto produjo un círculo vicioso. Por la observación del resultado de esas políticas se produjo una contrarrevolución, por ponerlo así, a favor de la reducción del tamaño gubernamental y la iniciativa privada con el ascenso de Margaret Thatcher como primer ministro británica en 1979 y Ronald Reagan como presidente americano en 1981. Sus políticas fueron sumamente efectivas, aunque la transición de una economía cuasi socialista a una economía libre fue difícil y, como dejaba saber Thatcher, el trabajo de varios años y términos.

En todo caso, en Puerto Rico el costo de esa transición y de derrotar el cuasi socialismo nunca se ha querido pagar. Se resiste toda privatización que en la mayoría de los casos han sido obra del Partido Nuevo Progresista y se le añade la antipatía de los sindicatos y la prensa al movimiento estadista; lo cual contribuía inmensamente a las derrotas del PNP. El PNP como institución debe – y lo ha hecho – mantenerse firme en la privatización y explicar que transiciones de ese tipo tardan varios años. Así las cosas, los programas de privatización son indispensables para restaurar una economía libre. Como dijo Margaret Thatcher “La privatización está en el centro de cualquier programa de recuperación de territorio para la libertad”. El gigantismo gubernamental y cuasi socialismo llevaron a Puerto Rico a la quiebra y robaron el futuro a una generación entera de puertorriqueños, el transformar a Puerto Rico en una economía libre creará nuevas oportunidades y aunque la transición sea difícil, dejará un mejor Puerto Rico. Como dijo el ex canciller de Hacienda del Reino Unido, Geoffrey Howe, durante las severas manifestaciones, desempleo y recesión que sufrió el Reino Unido al desmantelar el socialismo entre 1980 a 1982 y antes de ver el renacer económico británico, “no hay otra alternativa”.

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