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CRÓNICAS

“Sé que la dirección universitaria no hará nada, pero ahí van unas recomendaciones” – Dr. José M. Saldaña

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Por: Dr. José M. Saldaña

Ante la actual situación de la UPR, al garete, sin una dirección competente, valiente, capaz de ejercer liderato, disciplina y poner orden en la institución, me permito enviarles una columna que yo escribiera hace varios años, pero que, por la situación actual, tiene vigencia. 

La Universidad de Puerto Rico, igual que otras instituciones políticas y de gobierno del país -y el país mismo- desde hace muchos años se han convertido en rehén de una minoría de extrema izquierda ruidosa, agresiva y osada que hábilmente ha ido adentrándose y copando las estructuras de poder hasta hacer las instituciones ingobernables. Esto ha sido así en gran medida debido a la alternancia del poder político entre los dos partidos principales que, durante las pasadas décadas, nos han gobernado. Ambos partidos han llegado al poder- las más de las veces- con pequeñas mayorías y con el poder legislativo y ejecutivo dividido. Es decir, han gobernado en condiciones de precariedad. Esto ha hecho posible que gobernantes y políticos populistas -más pendientes de contar votos y de candidaturas que de gobernar- hayan cedido poderes que no le corresponden, a aquellos que más gritan y más presión ejercen. Esto ha llevado a la MSCHE a señalar hace un tiempo atrás a la Universidad como una institución carente de gobernabilidad y al exgobernador Rafael Hernández Colón (QEPD) a señalar al país como uno ingobernable. 

En el caso de la Universidad -que es el que hoy nos ocupa- las distintas administraciones de esta, han ido cediendo sus poderes a organismos oficiales y a grupos extraoficiales de la institución. A pesar de que existen en ley mecanismos de participación de estudiantes, de docentes y no docentes en la discusión y toma de decisiones en los distintos niveles y foros académicos, a estos grupos se les ha ido concediendo -de facto- paulatinamente prácticas y derechos que no estaban contemplados en las leyes del país tales como -entre otros- la negociación colectiva y el derecho a la huelga. Todo ello disfrazado o justificado como medidas demostrativas del gran carácter de justicia social y apego por principios democráticos, cuando la realidad es que han sido cedidas por miedo de los administradores de turno de la universidad y del país a las repercusiones de la agitación universitaria por elementos de la izquierda en los procesos políticos eleccionarios.

Una de esas prácticas y políticas que, alegadamente, comenzó como un intento genuino de la comunidad universitaria para la solución de conflictos mediante la no violencia, pero que hoy se ha desvirtuado totalmente su intención, constituyéndose en un impedimento para la gobernabilidad institucional, ha sido la llamada política de no confrontación.

Esta mal llamada política de no confrontación ha servido como manto sagrado para que elementos revoltosos, anarquistas, irrespetuosos de la ley y el orden institucional y del país violen reglamentos, leyes y derechos a tutiplén. Provoquen, confronten, desafíen, insulten y agredancomo les plazca y enseguida apelen a la política de no confrontación para que no se les arreste, encauce ni se les apliquen las leyes y reglamentos. Increíblemente, ya se espera y se pretende -por haberse constituido en la práctica usual por administradores timoratos y cobardes- el que en aquellos casos que se logre apresar a estos delincuentes, que no se proceda contra ellos en aras de que son jóvenes inocentes víctimas del sistema, que lo que hacen es protestar contra las injusticias de éste ejerciendo su derecho a la libertad de expresión.

 Conjuntamente con esta política de no confrontación, existe la errónea percepción de que la policía del país está totalmente vedada de entrar a la institución para garantizar el orden y los derechos de las personas que desean acceder a la institución para llevar a cabo sus funciones mientras se ejerce por distintos grupos los paros y huelgas ilegales.

A raíz de los fatídicos acontecimientos de la reinauguración del Teatro de la Universidad en septiembre del 2005, se produjo un informe por un Comité especial –entre cuyos miembros había un exjuez del Tribunal Supremo, un decano asociado de la Escuela de Derecho y un estudiante- presidido por el Dr. Jorge Sánchez, exrector y expresidente Interino de la Universidad. Dicho comité -que se nombró por el presidente y la Junta de Síndicos con “gran urgencia y determinación” para hacer recomendaciones respecto a la seguridad en el Recinto de Rio Piedras- rindió su informe en el cual se expresa fundamentalmente sobre dos asuntos:

  1. Política de no confrontación

Sobre la política de no confrontación, el informe expresa lo siguiente: “…esa política de no confrontación ha tenido el efecto de justificar una cultura permisiva y de inacción frente a eventos de fuerza, coacción e intimidación de algunos.” “La autoridad universitaria tiene que ejercer a su vez el deber de hacer cumplir las normas de conducta civil. Ese es un deber ineludible para todo el liderato universitario. Nunca habrá seguridad en la Universidad si sus normas de disciplina son mero papel sin consecuencia”. “La comunidad universitaria ha sido víctima de esta vertiente perniciosa de la cultura de no confrontación. Tratando de vivir con ella, no se ha podido dejar establecida la voluntad necesaria para rechazar con actuaciones concretas la violencia, la coacción y la intimidación.” Finalmente recomienda que se descarte esa política y “se postule una nueva política de convivencia institucional y universitaria que descanse en los mejores intereses de la Universidad.”

  • Adecuacidad de la Guardia Universitaria:

Sobre la Guardia Universitaria, el Comité expresa: “Esta unidad ha demostrado que no está en realidad preparada para lidiar en esas otras instancias donde están envueltos actos de violencia, coacción o intimidación.” Señala además que “esta unidad no cuenta hoy ni con el adiestramiento, el equipo, ni las herramientas para atender situaciones violentas”. Señala también que esa guardia universitaria “es una unidad que se organiza con aspiraciones sindicales” y que en la ocasión de los incidentes de septiembre “no siguieron las órdenes de funcionarios de la administración universitaria y otros expresaron que solo recibirán instrucciones del líder de su organización bonafide” lo que constituye un acto claro de insubordinación. Finalmente, se recomienda que “Las autoridades universitarias deben considerar la reestructuración de la Guardia Universitaria…y comenzar la creación de un mecanismo de seguridad interno o privado que garantice la independencia del cuerpo, su mantenimiento físico, la capacidad investigativa de vigilancia y de intervención”.

Mientras esta siga siendo la realidad de la guardia universitaria, sin la policía del país los derechos de los que quieren estudiar y trabajar en la universidad están totalmente desprovistos y la universidad es por consiguiente ingobernable tierra de nadie.

La única reacción pública oficial que hubo sobre este informe fue la de la entonces rectora Escalona quien -tomándose atribuciones que no le correspondía ya que el informe no iba dirigido a ella- dijo que no estaba de acuerdo con el mismo. Y “aquí paz y en el cielo gloria”, ahí quedó todo por el dichoso miedo de los administradores a actuar.

Es necesario que la presente administración universitaria y en particular los nuevos miembros de la Junta de Gobierno desempolven ese informe, lo lean y estudien detenidamente, porque ahí se encuentran datos y recomendaciones que van dirigidas al problema de la ingobernabilidad institucional que hoy más que nunca amenaza con destruir nuestra Universidad. Que no es Universidad de los estudiantes, ni de los docentes, ni de los que allí trabajan, sino del país. País que los está vigilando a todos muy de cerca, ya que no está dispuesto a que se la destruyan por ineptitud, incapacidad, populismo oportunista.

Estoy seguro de que ante la ineptitud, incapacidad y cobardía de los miembros de la actual Junta de Gobierno y presidencia no harán nada con este informe, aunque lo desempolven y lo lean.

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