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CRÓNICAS

“Renuncia del Rector Rodríguez Quilichini: ¿Por motivos familiares o por exigencias del presidente Haddock?” – Dr. José M. Saldaña

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Por: Dr. José M. Saldaña

Desde aquel día en que el presidente de la UPR, Jorge Haddock, puso en una especie de probatoria al Rector del Recinto de Ciencias Médicas, Dr. Segundo Rodríguez Quilichini,  con aquella declaración  de que “esperará a que se completen las investigaciones que se llevan a cabo sobre el rol del cirujano Segundo Rodríguez Quilichini en la compra de pruebas rápidas para detectar coronavirus antes de tomar una decisión en torno a su permanencia como rector del Recinto de Ciencias Médicas (RCM)”, me sospeché que el Rector no estaba bien parado con el presidente y me pareció un acto insólito de traición por parte del presidente. 

Es decir que, porque desde diversos sectores de la comunidad universitaria hubieran pedido la renuncia del Rector ante la situación de la llamada investigación legislativa sobre el contrato de Apex, el presidente puso en suspenso la permanencia del Rector en su posición, me pareció que este señor, Haddock, se intimidaba muy fácilmente por los distintos grupos de presión de la izquierda universitaria.

Los sectores de la comunidad universitaria que le han solicitado la renuncia al Rector son los mismos sectores que, por medio de las distintas organizaciones, por décadas, han llevado a cabo una faena de desestabilización y crear caos en la institución para desde allí mover la independencia de la isla hasta convertirla en una república socialista. A esos sectores no les importa a quién se ponga de rector, siempre y cuando sea manipulable por ellos para sus fines ideológicos. Eso de pedir renuncias se lo han hecho a todas las administraciones que no se pliegan ante los reclamos insaciables de controlar la institución para adelantar sus objetivos y causas ideológicas. 

Lo menos que esperaría un rector es que su presidente, que le extendió un nombramiento de confianza en esa posición, ante esas circunstancias dijera que el Rector tiene todo su apoyo y confianza hasta que se le pruebe -fuera de toda duda razonable si eso sucediera- que ha cometido algún delito. 

Con esas declaraciones timoratas, lo que el presidente hizo fue restarle poder al Rector y, al mismo tiempo, estimular las protestas y la presión de esos sectores ideológicos para lograr sus objetivos, particularmente en un momento en que tanto el Secretario de Salud y la gobernadora le habían reiterado la confianza al Rector.

Ante la designación del actual presidente hace dos años escribí en una columna lo siguiente:

Viendo su rezumé tengo que estar de acuerdo que tiene una gran preparación académica.  Parece ser un académico de primer orden, sin embargo, revisando sus credenciales no encuentro que haya tenido bajo su mando una institución de la complejidad de una Universidad multi campus -de 11 recintos con 60,000 estudiantes y en las condiciones de precariedad que se encuentra la UPR. No son sólo las cualificaciones académicas/docentes las que deberán servir para llevar al éxito al nuevo presidente.

No creo que el nuevo presidente haya tenido que desempeñarse en una institución con peculiaridades como la UPR. En todas las instituciones de educación superior hay conflictos de ideas, de visiones de mundo, de enfoque y de cómo llevar a cabo la función docente. A la nuestra hay que añadirle a esa realidad una situación adicional que en nuestro entorno cobra gran importancia y requiere conocimiento y experiencia administrativa vivida… la lucha del radicalismo ideológico por el estatus”.

Al presidente Haddock -hace poco más de un año – personalmente le comuniqué que estaba sentado en un barril de pólvora, particularmente en un año de elecciones. Hoy se lo reafirmo, pero me temo que ya las organizaciones de izquierda le han medido el aceite y lo tienen por temeroso, precisamente en un momento que más que calificaciones académicas se requiere demostrar carácter y valentía.

Hoy, surge la noticia de que el Rector del Recinto de Ciencias Médicas, Dr. Segundo Rodríguez Quilichini, ha renunciado a su posición de Rector supuestamente por motivos familiares. Bueno, pudiera haber motivos familiares, pero estoy seguro de que esa no fue la causa principal para la renuncia. Tengo información de que el presidente Haddock le solicitó la renuncia al Rector aprovechando la coyuntura de la pérdida de acreditación de la residencia de neurocirugía. Todo ello con el propósito de desviar y distraer la atención de la realidad de su ineptitud e incapacidad para reducir gastos y aumentar los recursos de la institución que dirige para la cual lo único que sabe hacer es pedirle más dinero a un gobierno en quiebra. Máxime en un momento en que la Junta de Supervisión Fiscal en una obvia falta de confianza en el presidente Haddock le envió por medio de la Directora Natalie Jaresko – con fecha del pasado 12 de abril- una carta al gobernador y al Presidente de la Junta de Gobierno de la UPR donde le señala y se queja de una gran cantidad de falta de información, de información inexacta y  falsa que el presidente les ha sometido la que conflige con la de la Junta de Supervisión Fiscal y el Plan Fiscal del ELA.

La información que me llega es que el Dr. Segundo Rodríguez Quilichini hizo todo lo que estuvo a su alcance, tanto con los pasados Secretarios de Salud como con la ASEM y con la oficina del presidente, para tratar el asunto de la probatoria en que se encontraba el programa de neurocirugía, pero no tuvo la colaboración necesaria. Es pertinente señalar que en la Presidencia existe una Vicepresidencia Asociada de Acreditación y Avaluó y que en última instancia la responsabilidad de la acreditación de los programas es del presidente Haddock.

Como he señalado antes, el presidente Haddock tiene un salario de $240,000 anuales más beneficios marginales como casa, automóvil, chofer y gastos de representación que suman alrededor de $350,000. Además de esto, se le reclutó prometiéndole una plaza docente permanente de catedrático. Todo esto porque supuestamente era un efectivo y extraordinario recaudador de recursos externos de filantropía -no de recursos federales como de investigación , becas y ayudas económicas a los que se acceden por razones que nada tienen que ver con la gestión personal del presidente- pero la realidad es que no ha conseguido prácticamente nada de empresas, ni de exalumnos con mucha solvencia, así como tampoco ha puesto en vigor un plan de Práctica Intramural para toda la institución que generen los recursos necesarios. Tampoco hemos visto en marcha un plan efectivo de reducción y de integración de recintos, ni de reorganización académica que acabe con la duplicidad e irrelevancia del gran número de cursos y programas académicos existentes. La opción no puede ser pedir más dinero al estado para seguir haciendo más de lo mismo, porque el estado no tiene los recursos y mucho menos para sostener la institución en la actual situación de irrelevancia y desprestigio en la que lleva tiempo sumida. El presidente Haddock ha demostrado que no es un líder transformacional ni uno que toma decisiones a base de los datos que se tienen de la nueva realidad fiscal de Puerto Rico y de la propia UPR. 

Una carta como la enviada por la JSF dirigida directamente al gobernador y al presidente de la Junta de Gobierno, constituye una prueba de que el presidente Haddock ha perdido totalmente la credibilidad y confianza de la Junta de Supervisión Fiscal. Esto, junto a todo lo anterior, debe ser razón de peso suficiente para que este someta su renuncia a la Junta de Gobierno de la UPR o esta se la solicite a la mayor brevedad posible por el bien de la institución.

Si nada de lo anterior se logra, le toca al gobernador actuar pues la UPR es una institución del estado sostenida por los contribuyentes y gobernada por una Junta de Gobierno cuyos miembros son nombrados en su mayoría por el gobernador. Señor gobernador, en última instancia usted es el responsable por lo que ocurre en la Universidad. Como dijera el presidente Harry S. Truman “The buck stops here.”

Ya esto no aguanta más.

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