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CRÓNICAS

“Retorno a la estabilidad” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Aunque hay muchas fechas y eventos que forman el origen de la presente crisis fiscal, social y política en Puerto Rico – la primera gobernación de Rafael Hernández Colón de 1973 a 1976 con su nacionalización de industrias, deuda pública extra-constitucional, por ejemplo – el radicalismo e inestabilidad política del cuatrienio pasado tiene sus orígenes más próximos en el cuatrienio 2013-2016. Aunque ya para el 2006 Puerto Rico entraba en su larga recesión económica que perdura hasta el día de hoy, durante la incumbencia del exgobernador Luis Fortuño la crisis se estaba atendiendo mediante medidas económicas necesarias. Tanto así que el crédito de Puerto Rico se mantuvo estable y había indicios de una recuperación económica. Similar a lo ocurrido en otros países en situaciones de economías dominadas por un sector público masivo — el Reino Unido de 1945 a la década de los ochenta, por ejemplo — la transición a una economía más libre y próspera implicaba una “medicina amarga” en materia gubernamental y económica que toma tiempo en dar resultados positivos.

Es en esta situación de transición entre una economía cuasi socialista a una libre que hay una tensión entre las reformas fiscales-económicas y la paciencia del electorado. Si las reformas dan resultado a tiempo, puede que el electorado mantenga ese gobierno a cargo en el poder para continuar la ruta; por otro lado, sino se logra manejar astutamente la situación política, se agota la paciencia electoral y ese gobierno será derrotado y con ello las políticas necesarias para superar el declive y decadencia producto del gigantismo gubernamental y semi-socialista habrán sido en vano. Si eso ocurre, significa que el declive y colapso continuarán. En los casos de la primer ministro británica Margaret Thatcher y el expresidente Ronald Reagan, los resultados se vieron antes de la cita electoral y que se agotara la paciencia del electorado; como resultado de los grandes avances de sus incumbencias, los problemas de aquella época de los ochenta quedaron superados. En el caso de Puerto Rico, la paciencia del electorado se agotó primero y toda la medicina amarga y necesaria de aquellos años fue inútil, ya que el paciente murió en manos del gobernador Alejandro García Padilla.

Fue la elección de 2012, entonces, de donde nacen muchos de los problemas más severos del pasado cuatrienio. Es durante la Gobernación de García Padilla donde se revierten las políticas de control de gasto, reducción de impuestos y reducción del gobierno. Durante los primeros años de ese gobierno, se pretendió básicamente que no había crisis. Tanto así que el gobernador García Padilla declaró que había salvado las finanzas. Así las cosas, llegado el 2015 ocurrió lo que según Margaret Thatcher es el problema clásico de todo modelo socialista, se les agotó el dinero de otros. De 2015 en adelante el gobierno de Puerto Rico y la administración García Padilla comenzaron su colapso. En aquellos años se dio el nacimiento de la ley PROMESA, la imposibilidad de una ley de quiebra criolla, Puerto Rico v. Sánchez Valle y los escándalos de Anaudi. Por mencionar algunos eventos.

Aquellos eventos tuvieron como consecuencia el colapso ideológico del Partido Popular Democrático, el surgimiento del populismo y radicalismo local (encarnado primero por las candidaturas independientes y después por los partidos “emergentes”), la Junta de Supervisión Fiscal, la desintegración del ideario estadolibrista, el fin del voto “melón” o útil, la fragmentación del electorado y el desprestigio del PPD a igual forma que el PNP en los ojos de muchos puertorriqueños. Es decir, la crisis de política fragmentada, fiscal y económica que vivimos hoy en día tienen su génesis más reciente en la gobernación fracasada de Alejandro García Padilla. Después estos factores de crisis fueron agravados por la administración – igualmente fallida – de Ricardo Rosselló Nevares, donde casi se produce el colapso del Partido Nuevo Progresista, el movimiento estadista y se vio el ascenso — afortunadamente limitado — del PIP, MVC y Proyecto Dignidad para las elecciones de 2020.

Dicho de otra forma, Puerto Rico llevaba ocho años de gobiernos ineficientes – con notables excepciones de algunos funcionarios o jefes de agencia. Eso implicaba la necesidad de hacer una pausa en las elecciones de 2020 al ascenso de gobiernos que aspiraban a ser transformativos o prometieran solucionarlo todo, apostando por una administración más eficiente y que se encargara de lograr una mejor gobernanza. Bajo la administración del nuevo gobernador Pierluisi se ve una calma y búsqueda de administración competente, como bien han notado otros columnistas. Tiene razón el Gobernador al expresar al Nuevo Día su percepción de que las críticas han disminuido al gobierno, de igual forma una mejor gobernanza disminuirá el radicalismo de las pasadas elecciones. Es, en cierto modo, un retorno a la normalidad o estabilidad, para parafrasear el lema de campaña del expresidente Warren G. Harding para las elecciones de 1920. Aunque habrá problemas y, naturalmente, es muy temprano para calificar de éxito o fracaso la administración, esta va en general por buen camino. En fin, unos buenos cien días, esperemos que el resto del cuatrienio sea igual de afortunado, e incluso mejor.

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