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CRÓNICAS

“Apuntes sobre el conservadurismo puertorriqueño” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Nunca creemos que haya que desechar lo que la tradición y la experiencia han demostrado que es útil, y sustituirlo por algo que todavía está en fase experimental.” -Margaret Thatcher

Una sociedad, dijo el filósofo anglo-irlandés Edmund Burke, es una especie de comunidad de almas. Es, según Burke, un tipo de contrato social entre las almas del presente, del pasado y el futuro. Es decir, para cada generación su estadía terrenal funciona como un fideicomiso donde deben preservar lo mejor de una sociedad determinada para legarlo al futuro. Naturalmente, siendo la realidad humana lo que es, no todas las sociedades perduran o sobreviven. Muchas civilizaciones han caído, pero de alguna forma aquellas más especiales sobreviven en civilizaciones descendientes. Como en Occidente sobreviven la Grecia y Roma clásica.

Como dice la cita de epígrafe, para que una sociedad perdure, es necesario que conserve aquello que vale la pena (he ahí un buen debate, ¿qué es digno de conservación y qué no?). El querer destruir algo existente para crear algo totalmente nuevo ha llevado a varias naciones a su pérdida. A modo de ejemplo, en Puerto Rico, ese pacto de comunidad Burkeano fue roto mediante el endeudamiento público. Esa política de décadas fue, en síntesis, vivir fuera de nuestra capacidad. Se tomó prestado a nombre de las futuras generaciones y estas pagan la consecuencia hoy en día. Es común ahora culpar exclusivamente a los políticos, pero los políticos son electos. El hacer un estudio de la política de los años del endeudamiento creciente demuestra que al electorado poco le importó o consideró el endeudamiento a la hora de votar; mientras había bonanza. El electorado nunca ha aceptado su papel en la crisis fiscal. Tanto así que el discurso de los pasados candidatos a la Gobernación en el 2020 (con excepción del gobernador Pedro Pierluisi) planteaba formas de como escapar de cualquier pago de la deuda pública, sin mirar las posibles consecuencias de esto.

Es patente la decadencia en nuestro hogar isleño. Corrupción rampante, crimen, bajas tazas de nacimientos, costo de vida demasiado alto con sueldos que no crecen; un sector público gigante, una empresa privada demasiado pequeña, tazas contributivas abusivas, falta de infraestructura nueva, etc. La sociedad puertorriqueña en muchas cosas parece estar colapsando. Todo este clima de decadencia produce a su vez un ánimo de radicalismo en la política, buscando algún remedio al declive. Todos los partidos emergentes, sin embargo, proponen una transformación o revolución para la isla. Puerto Rico, en mi opinión, no necesita una revolución. Puerto Rico necesita una restauración.

Todo este esquema de problemas presenta interrogantes a un conservador puertorriqueño. Como nos explica el filósofo británico Sir Roger Scruton, en la propuesta política conservadora la política es un fin en sí mismo, no es el medio para lograr una utopía. El conservadurismo busca reformar para conservar, usando la prudencia y prescripción para mejoras a base de necesidad. Ante toda la decadencia, ¿qué es digno de conservar en Puerto Rico? Esta es la pregunta que debe buscar contestar un conservador puertorriqueño. Hay que tomar en cuenta qué es digno de conservar en la tradición puertorriqueña, para saber cuáles son los elementos básicos de una restauración puertorriqueña. Aquellas características dignas de conservar me parecen que se encuentran coleccionadas de forma no taxativa en la constitución puertorriqueña y federal. Son en esos textos constitucionales – más nuestras realidades y herencia histórica – donde se encuentran los principios sobre los cuales se debe basar una restauración de Puerto Rico.

Por otro lado, la política no es solo una batalla electoral o de propuestas, sino que es una batalla de ideas y visiones. Por mucho tiempo, estas tradiciones puertorriqueñas han sido abandonadas en la discusión pública. Ante el vacío, el independentismo ha buscado llenar el espacio a través de la educación universitaria y la prensa. La juventud rara vez, si alguna, tiene exposición a ideas a favor de un libre mercado, la unión permanente y las libertades que tenemos como puertorriqueños y americanos. Muchas veces se minimiza por parte de estadistas este hecho diciendo que es solo tiempo en lo que maduran, sin embargo, el ejemplo del nacionalismo catalán, escocés y sus movimientos separatistas nos deben advertir de no abandonar el espacio de las ideas.

Dijo una vez el filósofo Russell Kirk, “no se puede mejorar una sociedad pegándole fuego. Deben buscarse sus antiguas virtudes, y traerlas de nuevo a la luz”. Es necesario que aquellos que se oponen al socialismo, la independencia, o cualquier otra idea de izquierda combatan ese discurso en el espacio público y académico. Es necesario una mayor presencia. Puerto Rico necesita una restauración de sus virtudes como la ley y el orden, el trabajo digno, la iniciativa privada, un partidismo saludable, entre otras cosas. El principio de esto es mediante la argumentación seria y pública de nuestra tradición democrática y como las instituciones federales nos han beneficiado a todos. Esto debe ser uno de los puntos de partida para el conservadurismo puertorriqueño.

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