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CRÓNICAS

“Puerto Rico y el Imperio de la Ley”- Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

“[Los puertorriqueños] somos un pueblo difícil de complacer porque somos difíciles de comprender”. -Antonio S. Pedreira

El imperio de la ley es un conjunto de conceptos que consisten en la idea de que la sociedad debe regirse por normas jurídicas establecidas, en vez de las pasiones momentáneas de las masas o un movimiento. En otras palabras, el imperio de la ley es como un grupo de reglas de juego que la sociedad en general reconoce como “nuestro” y aunque una persona esté en desacuerdo con X o Y factor, respeta la ley en general al igual que sus conciudadanos. Dicho de otra forma, el imperio de la ley son relaciones recíprocas de derechos y deberes entre ciudadanos y de ciudadanos frente al Estado. El beneficio de esto es que permite cierta coherencia y armonía social, a la vez que permite estabilidad social y política por largos periodos de tiempo. El imperio de la ley es un requisito primordial para que haya estabilidad política, democracia y, según economistas como Thomas Sowell, crecimiento económico.

Algunos de los principios de una sociedad basada en ley es el principio de respetar las relaciones contractuales como ley entre las partes. Esto, adicionalmente, implica un respeto de parte del Estado hacia la propiedad privada. El Estado, por su parte, tiene el deber de respetar la sociedad civil — que consiste en aquel espacio social que se encuentra fuera del alcance gubernamental y son, en otras palabras, las instituciones privadas e individuales — y no intervenir arbitrariamente en el ámbito privado. Reconociendo estos principios básicos, los delegados en la Convención Constituyente de Puerto Rico reconocieron en la constitución de Puerto Rico una prohibición general al Estado de menoscabar las relaciones contractuales y protección a la propiedad privada.

El imperio de la ley, y todos estos principios, son requisitos necesarios para la libertad humana y la permanencia de una sociedad libre. Por otro lado, las constituciones deben, como se ha dicho por Margaret Thatcher, estar escritas tanto en papel como en los corazones de los ciudadanos. A medida que se atacan estos principios básicos, se va quebrantando poco a poco la idea de un gobierno de leyes y no de pasiones, lo cual tiene como resultado, tarde o temprano, una situación de ingobernabilidad. En Puerto Rico, es común hoy en día la reclamación de “derechos”, rara vez, si alguna, se busca definir que es un derecho y que no. Bajo esa visión de reclamación – nunca se habla de deberes u obligaciones – se reclama un derecho a la vivienda, al internet, a la educación, etc. Todo partiendo de la premisa que el declarar algo un “derecho”, lo hace mágicamente exento de la escasez.

Muchas veces se les escapa la ironía a muchos de los infinitos grupos de colectivas y mesas multi-sectoriales que piden el Estado ser uno amplio y paternalista que a la vez que piden un gobierno gigante que atienda todos los aspectos de la vida humana, después van y marchan reclamando que el gobierno es corrupto e ineficiente. Acertijos de la democracia. En todo caso, desde por lo menos la década de los sesenta — posiblemente con el nacimiento del Movimiento Pro-Independencia de Juan Mari Bras — es que se ha visto un incremento en Puerto Rico de la glorificación de la “protesta” y la “lucha” en abstracto, como si esto fuera un fin en sí mismo.

Después de la radicalización de los sesenta se ha visto un discurso que pretende que el gobierno resuelva todos los problemas humanos, y cualquier cambio o intento de reducir el tamaño gubernamental y retornar a una sociedad de empresarismo e iniciativa privada es resistido. Es bajo esa visión de “lucha” que se dan las interminables huelgas en la UPR, las manifestaciones contra la privatización de la telefónica, la lucha para sacar la Marina de Vieques, las manifestaciones todos los 1 de mayo, y, más dramático aún, el Verano del 2019. Se ve en la prensa y en la cultura general siempre una apología y glorificación de ese espíritu radical y anti-gobernanza. En Puerto Rico, muchas veces, ha triunfado las pasiones en vez de la ley. Ahora en el nuevo cuatrienio 2021-2024, por ejemplo, se busca de parte de la UTIER y el PPD la eliminación de la privatización de la Autoridad de Energía Eléctrica, sin importar las consecuencias a la credibilidad del gobierno de Puerto Rico para poder llevar negociaciones o contratos de cara al futuro. Lo importante en esta lógica es la pasión del momento, nunca el largo plazo. Esta es la misma mentalidad de un día a la vez que creció la deuda de Puerto Rico cuatrienio tras cuatrienio, ignorando las advertencias, y eventualmente llevó a nuestra desgracia.

Rara vez, si alguna, se piensa sobre los reclamos de “derechos”. Como, por ejemplo, ¿está funcionando el presente estado de cosas? ¿Es factible que el gobierno haga lo que se propone? ¿Qué efecto tendría este reclamo, de concederse, a largo plazo? En Puerto Rico se reclama continuamente la redistribución de riqueza, pero se demoniza la creación de esta. Ignorando que, para poder distribuir la riqueza, alguien debe crearla primero. A la vez, toda esa glorificación de la “lucha” por “derechos” implica un creciente estado de ingobernabilidad. En fin, es una tarea apremiante el combatir la cultura de la protesta y reclamo, y reavivar la iniciativa privada. Sino Puerto Rico cada vez más se hará ingobernable.

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