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CRÓNICAS

“El grafiti: Más vandalismo que arte” – Dr. José M. Saldaña

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Por: Dr. José M. Saldaña

El grafiti seha convertido, en todo el mundo, en un fuerte dolor de cabeza para los administradores de las grandes ciudades, para los empresarios y ciudadanos que ven sus propiedades privadas vandalizadas por esta llamada manifestación de “arte callejero”.

En las grandes capitales de Europa, el grafiti se ha convertido en un costoso dolor de cabeza para los administradores. Roma, por ejemplo, es una ciudad que contiene grandes monumentos nacionales y obras clásicas de arte en las fachadas de sus impresionantes y majestuosos edificios, las cuales no han estado exentas de no ser respetadas por grafiteros. La última vez que estuve en esa ciudad, me impresionó negativamente la gran cantidad de grafiti que cubría de rabo a cabo la ciudad. De igual manera, en otros países, como España y Grecia, donde sus capitales estaban indiscriminadamente cubiertas de grafiti.

En este lado del atlántico llaman la atención de forma negativa los trenes subterráneos de Nueva York. Estos son un repugnante ejemplo de una exagerada e indiscriminada proliferación de esta manifestación del llamado “arte callejero.” La mayor parte de ellos no tienen una sola pulgada libre de grafiti. El costo de removerlos sería de una magnitud tal que lo hace prohibitivo. Razón por la cual parece ser que estos trenes en esas condiciones serán parte integral del paisaje citadino indefinidamente.

Existe gran controversia de si el grafiti es arte o es vandalismo. Definitivamente hay grafiti que obviamente está hecho por excelentes artistas gráficos profesionales. Es necesario entonces diferenciar entre el grafiti autorizado, hecho por estos artistas, al que bajo ciertas condiciones lo podemos considerar como arte y el hecho impunemente en la oscuridad de la noche por muchachos con latas de pintura de aerosol sin ningún contenido artístico, ni calidad técnica… hecho solamente como una expresión de desafío y protesta en los lugares más inadecuados (privados o públicos) y sin ningún permiso para ello. En Puerto Rico, desafortunadamente tenemos demasiado de este último y no tenemos un estimado del daño, ni del costo que eliminarlo de las paredes representa para la ciudad o el país. Me he preguntado muchas veces cómo es que la policía no interviene con estos vándalos. ¿Será que los ven y los dejan campear por la libre o es que no hay suficiente patrullaje como para detectarlo?

Increíblemente, el nuevo carril construyéndose de Caguas a San Juan, aun sin estar terminado, ya es víctima de grafiteros y ni hablemos del tramo del expreso Las Américas en el área del Centro Médico. A ambos lados las paredes están repugnantemente cubiertas de grafiti. De igual manera, ocurre en todo Río Piedras y Santurce, donde no se ha respetado fachada, tanto de edificios públicos, como privados para impregnarlos de mensajes y de chabacanería sin ningún contenido artístico.

Hay quienes alegan que la prohibición y el intento de controlar estos grafitis violenta el derecho constitucional a la libertad de expresión. A estas alegaciones algunos juristas les han respondido que la constitución garantiza el derecho a la libertad de expresión, pero no la plataforma utilizada para expresarlo. Si usted o alguien tiene la necesidad de decir algo -que es de lo que se trata la libertad de expresión- usted debe conseguir una plataforma adecuada para decirlo, no utilizar la propiedad del Estado, ni privada, para dar su mensaje. Si quiere usar su propia propiedad, está en todo su derecho de hacerlo, pero no la del otro. Así visto, el grafiti puede ser arte si está bien hecho y en la propiedad de quien así lo desea, pero si está hecho en la propiedad privada de alguien o la pública por mejor técnica y mensaje que se tenga es vandalismo.

 Muchos de los opositores al grafiti se preguntan si serviría de algo cederles espacios para su actividad y creen que esta solución de poco o nada serviría, porque una de las claves del grafiti está en su carácter transgresor: si está permitido, ya no tiene gracia. Pero permitirlo es correr el riesgo de que el dejar actuar por la libre en esta actividad se constituya en un paso más para que otras manifestaciones contra la propiedad privada se lleven a cabo y este deje de respetarse aún más.

Ya es hora de que en Puerto Rico empecemos a determinar la extensión del daño que el grafiti le causa a la propiedad pública y privada y la cuantía que conllevaría repararlo. Es, además, necesario establecer protocolos para darle orden, para permitir esta actividad en ciertos espacios, así como para implantar las medidas punitivas necesarias para los que actúen por la libre. En algunos casos, como en Madrid, los vándalos tienen que pagar por el daño con multas y con trabajo social: existe un protocolo por el que multados han saldado su deuda con los madrileños limpiando superficies previamente grafitadas. Si el grafitero sancionado es menor de edad, son sus padres o responsables legales los que se encargan de abonarla.

El alcalde Miguel Romero ha heredado una ciudad capital llena de grafiti. Hemos visto cómo bajo su liderato se ha comenzado enérgicamente a limpiar, pintar paredes y muros, para al día siguiente verlos nuevamente grafiteados. Vamos a acabar con esta poca vergüenza y a instruir a la policía municipal para dar rondas preventivas de madrugada, arrestar a los vándalos, imponer multas y responsabilidades. Basta ya del vandalismo impune.

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