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CRÓNICAS

“Una guerra de narrativas” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Muchas veces se ha comentado que la política es la guerra llevada mediante otros métodos. Bajo esa premisa, podemos entender porque se lucha con tanta pasión en muchas ocasiones en el ámbito político. Los momentos de unidad, en realidad, son contados. Transpórtese un momento, a manera de ejemplo, a la década de los cincuenta, en aquellos años el pueblo de Puerto Rico estaba pendiente a un referéndum federal donde por primera vez se les preguntaría si aceptaban las condiciones que había establecido el Congreso para crear un estatus autonómico territorial, pero similar a un Estado de la Unión.

Este suceso importante en la historia de Puerto Rico siguió después de que los puertorriqueños lograron algo que ningún territorio había podido previamente, que fuera el pueblo del Territorio que eligiera directamente a su Gobernador. Dentro de esos años de optimismo, los puertorriqueños embarcaron en una de sus grandes gestas de autodeterminación. Superando escollos legislativos en el Congreso, terrorismo nacionalista y sus golpes de estado fallido y boicots de parte del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP); para 1952 el pueblo puertorriqueño por primera vez en su historia tenía su propia constitución, en unión permanente con el resto de los Estados Unidos de América. Como era costumbre del exgobernador Alejandro García Padilla recordarnos a menudo durante su mandato, en esta encomienda, la mayoría del pueblo se unió a Luis Muñoz Marín y el Partido Popular Democrático (PPD), incluyendo la oposición al popularismo como fueron el Partido Republicano Estadista (incluyendo figuras como don Luis A. Ferré) y el Partido Socialista. De esta forma, hubo aquiescencia y participación del movimiento estadista en la evolución constitucional e histórica de Puerto Rico.

Todo aquel episodio histórico es un noble ejemplo de patriotismo y deber cívico muy contrario a lo que hace el PPD moderno, que en vez de estar a la altura de las circunstancias se la pasa obstruyendo el mandato estadista del pueblo. Esa imagen de unidad que apoyaba y exaltaba el exgobernador García Padilla cuando estaba en el poder, ni se asoma a las acciones del PPD en el presente. Por ejemplo, el presidente del PPD, Hon. José Luis Dalmau Santiago ha estado prometiendo “derrotar” la estadidad a toda costa; contrario al mandato electoral. Claramente, esto demuestra que, en la política puertorriqueña, los que tienen que unirse a esfuerzos “de país” son los estadistas a sus rivales, nunca se le puede pedir a autonomistas o separatistas unirse a los estadistas. Si algo hemos aprendido desde la derrota del ELA en el 2012 y la victoria de la estadidad, es que la pleitesía rendida en nuestro discurso político de que el pueblo es el que debe decidir su estatus es solamente un cliché en el cual el estadolibrismo-separatista en realidad no cree.

Así las cosas, lo que domina desde la victoria de la estadidad el pasado noviembre es un discurso eufemístico a favor de la “autodeterminación”. Este discurso rechaza la victoria de la estadidad con una variedad de fundamentos fatulos, y en el fondo solo esconde un conflicto de visiones sobre qué es y debe ser Puerto Rico. Es un intento de destruir la voluntad electoral para ver si el pueblo puertorriqueño entiende que las ideas de una clase ungida – compuesta por lo que el exgobernador Pedro Rosselló llamó el Triunvirato del Terror, a lo cual añadiría la clase periodística, intelectual y a la Rep. Nydia Velázquez – son las que el pueblo tiene que aceptar, ya que el pueblo sigue decidiendo de forma equivocada. En otras palabras, a estos grupos no les gustó la autodeterminación del pueblo puertorriqueño y pretenden obstruir cualquier avance a la estadidad hasta que el pueblo decida correctamente a favor de la independencia o la libre asociación. Esta actitud elitista y antidemocrática se puede resumir con estas palabras de la Rep. Velázquez: “Este plebiscito que realizó el Partido Nuevo Progresista fue un truco político para atraer a la gente a las urnas”. Como el resultado electoral fue la victoria del PNP en la gobernación, y la estadidad ganó; la Representante lo descarta el mandato tildándolo de un “truco”. Una actitud digna de los bolcheviques y su nulificación de elecciones cuando no le agradaban los resultados.

Desafortunadamente ese discurso ha tenido algún éxito, no tanto en hacerse dominante pero sí en dividir y crear presiones para que congresistas y senadores se retracten. Es decir, la narrativa Ocasio-Cortez y Velázquez ya ha sido exitosa obstruyendo. Perdido en toda esta farsa está el hecho de que la estadidad ganó con más votos que nadie en la isla y que cualquier partido político, o que el plebiscito es cónsono con las prácticas de autodeterminación de los Estados en el contexto norteamericano.

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