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CRÓNICAS

“Sobre la ciudadanía americana” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Ante el aniversario número 104 de la extensión de la ciudadanía americana al pueblo puertorriqueño, es menester reflexionar sobre esta y su significado para Puerto Rico. ¿Qué implica ciudadanía? ¿Qué significó la extensión de la ciudadanía americana a los puertorriqueños? ¿Qué efectos tuvo o tiene? Estas son solo algunas de las interrogantes que deben abordar el tema.

La importancia de la ciudadanía reside en un concepto jurídico-político, después del declive de las polis griegas y la caída del Imperio Romano, por mucho tiempo el mundo estuvo lleno de súbditos que carecían de ciudadanía. La diferencia entre ser un ciudadano en una sociedad democrática (sea cual sea el tipo de gobierno democrático) y el de ser meramente un súbdito la explicó el filósofo británico Sir Roger Scruton. Según Scruton, ciudadanía es algo que implica obligaciones y derechos recíprocos entre el ciudadano particular y su Estado. Por ejemplo, el ciudadano obedece las leyes a cambio de seguridad, como sería el pagar contribuciones y recibir a cambio servicios públicos. Esto, naturalmente, es mucho más profundo que el ejemplo señalado, pero ilustra el punto.

La ciudadanía también es una forma de poder desarrollar una sociedad multirracial y culturalmente diversa sin que haya los conflictos étnicos tan prevalecientes en otras partes del mundo. Esto es de vital importancia para nosotros los estadounidenses, ya que como ha expuesto el historiador y profesor Victor Davis Hanson, al Estados Unidos ser una sociedad tan diversa y multiétnica, necesita de algo que le mantenga unida. Tradicionalmente, esa pega nacional es el nacionalismo cívico, compuesto por los valores de la Constitución, la declaración de independencia, el individualismo, y todos esos componentes que no son raciales ni étnicos; sino culturales y político-jurídicos. Basándose en la ciudadanía como el factor definitivo de americanidad, se puede evitar hacer definiciones raciales de qué es ser americano. Es por esa razón que en la película Bridge of Spies de Steven Spielberg, el personaje de Tom Hanks se pregunta “¿qué nos hace americanos?”, a lo cual responde: la constitución. Claro, una nación no es solo lo legal o político, sino también su cultura. Sin embargo, es ese concepto de ciudadanía basada en principios lo que ha permitido ir expandiendo las promesas de libertad e igualdad para todos los grupos que componen lo que Thomas Sowell llamó el gran mosaico étnico americano. Esa es la razón por la cual se hacía el “melting pot”, el participar de la vida política común basada en ciudadanía es lo primordial en nuestra República.

Es dentro de ese mosaico étnico que entran los puertorriqueños, primero como nacionales bajo la protección del gobierno federal, y, después de múltiples proyectos fallidos e intentos de lograr la ciudadanía (véase José A. Cabranes, Citizenship and the American Empire), los puertorriqueños lograron — casi a la vez que las mujeres conquistaron el derecho al voto — que se les extendiera la ciudadanía. El exgobernador Rafael Hernández Colón una vez resaltó la importancia de esa conquista política para los puertorriqueños, ya que la ciudadanía es el fundamento principal de la unión permanente. Por su parte, el historiador estadista Mario Ramos Méndez, explicó que la ciudadanía americana ha sido apreciada por los puertorriqueños desde 1917. En otras palabras, nuestra ciudadanía ha sido atesorada por el pueblo de Puerto Rico y por todos los unionistas, sean de vertiente autonomista o estadista. Ilustrando este gran logro de los puertorriqueños, podemos resumir la actitud de la época con las palabras del prócer puertorriqueño, Dr. José Celso Barbosa, al ver los largos años de lucha política por la ciudadanía rendir fruto:

Estamos contentos. […] Nuestra fe, la clarividencia del futuro, la seguridad firmísima que abrigamos siempre en la victoria nos mantuvo fuertes, y nos prestó alientos para no desmayar ni un solo instante en la demanda. Para todos los puertorriqueños, para los Republicanos especialmente, es hoy día de gala; día de contento y de hartura de satisfacciones. ¡Hemos vencido!

Esa lealtad a la democracia y la unión permanente perduran hoy en día. Tanto así que el independentismo ha tenido que buscar una independencia con doble ciudadanía para poder argumentar por su estatus. ¿Por qué? La ciudadanía americana creó un nuevo Puerto Rico, no solo expandió nuestra democracia y extendió una ciudadanía, sino que mediante esta forma creó los verdaderos lazos inquebrantables de unión permanente y cambió el panorama político y social de Puerto Rico. Esta es la base del patriotismo estadista. Por tanto, si definiera la visión estadista y la verdadera puertorriqueñidad (no el puertorriqueño abstracto y ahistórico del independentismo, sino el puertorriqueño real) lo resumiera con la siguiente frase del prócer estadista, Luis Sánchez Morales: “Ahí va un ciudadano americano, que es ante todo puertorriqueño”. Naturalmente, nuestra ciudadanía solo está completa, solo cumple con su plenitud política, jurídica e histórica bajo la estadidad. Es por eso por lo que debemos recordar con agradecimiento lo logrado, y luchar más que nunca por la conquista de nuestros plenos derechos políticos mediante la estadidad. Solo así concluiremos la gran obra iniciada por Barbosa.

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