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CRÓNICAS

“El Dragón ascendiente” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

“Deja que China duerma, porque cuando despierte, sacudirá el mundo” dijo una vez Napoleón Bonaparte. Ciertamente tenía razón. Uno de los retos más apremiantes para el mundo libre en el siglo veintiuno es el manejo de la República Popular China y el Partido Comunista Chino (PCC). Desde 1949 los comunistas se apoderaron del control de una de las naciones más antiguas y culturalmente ricas en la historia de la humanidad. Como parte de las metas del PCC, está el hacer a la China comunista la superpotencia hegemónica en el mundo a tiempo para el centenario del triunfo de la revolución comunista de Mao Zedong. Que alcance la China esta meta, implicaría por ende el fin de la hegemonía norteamericana, y el comienzo de una nueva era en la historia mundial. A la vez, vemos como Estados Unidos y el resto del mundo libre occidental parecen estar distraídos con respecto a China. No sabemos, en general, como lidiar con este reto.

¿Por qué? La realidad es que respecto a la China comunista Occidente lleva dándole cierto espacio y beneficios que, como nota el historiador Frank Dikötter, no hubiesen sido jamás permitidos al comunismo soviético. Desde la normalización de relaciones entre EE. UU. y China bajo la administración de Richard Nixon ha habido un constante acomodo de parte de Occidente al dragón ascendiente. Se le ha permitido a China acceso a información, mercados, instituciones internacionales de una forma que no se les hubiera permitido a otros enemigos. Se les ha permitido incluso el robo de propiedad intelectual sin muchas consecuencias. Esto ha sido beneficioso a China: ellos han hecho crecer su economía; aumentado su calidad de vida, y hasta desarrollado su poderío militar. A su vez, la mano de obra barata y los tratados de libre comercio han conllevado la desaparición de industrias en mucho de Occidente para establecerse en China. Por otro lado, los intereses económicos envueltos conllevan que, contrario a lo que pasaba con la Unión Soviética, las élites de nuestras sociedades están altamente comprometidas a mantener sus intereses económicos con China, una herramienta muy poderosa a favor del Partido Comunista.

¿Cuál es el problema con todo esto? Sencillo. China, cuando se busca más profundo de su imagen de desarrollo económico, se podrá ver que es una sociedad controlada y oprimida por la misma ideología que asesinó a tantos millones de personas a través del siglo veinte. El aparato de espionaje social chino es aterrorizante, utilizado para controlar las masas. No existe libertad de expresión, de prensa o política. Se permite algo de libertad económica con el solo propósito de enriquecer al Partido y su agenda. Como si no fuera todo esto suficiente, lentamente China saca sus garras internacionalmente: rompiendo el acuerdo autonómico con Hong Kong, construyendo islas artificiales para reclamar control sobre el Mar del Sur de China, amenazando mediante embargos a Australia; manteniendo vivo el régimen de Corea del Norte, entre otras prácticas insidiosas. También prestan dinero por todo el mundo subdesarrollado con intención de promover su gobernanza totalitaria con desarrollo económico, evitando así, en su ideario, la decadencia y des gobernanza occidental. Adicionalmente, el régimen chino está manteniendo campos de concentración, exterminio y esclavitud en la provincia de Xinjiang

Por otro lado, en la mentalidad del comunismo chino, estamos envueltos en una Segunda Guerra Fría. Sobre la cual muchos en Occidente no parecen estar conscientes. Afortunadamente, en Asia y el Océano Pacífico naciones como la India, Japón o Corea del Sur están altamente conscientes del peligro que posa una hegemonía totalitaria. Para usar una analogía de leyendas medievales: A medida que agarra fuerza el Dragón de Asia, más irá atemorizando las villas a su alrededor. De esa forma su expansionismo pondrá en peligro naciones libres y democráticas como Taiwán, a quien amenazó de guerra si se declara independiente, aunque para todos los propósitos prácticos lo es. ¿Está China destinada a ser una tiranía? Por supuesto que no, de 1912 a 1949 China fue una sociedad liberal y abierta, con judicatura independiente y otras instituciones democráticas. Ese progreso fue, lamentablemente, descarrilado entre la invasión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial y la victoria comunista de Mao en 1949. Pero debemos esperar y desear que algún día China sea libre otra vez. Una China a la imagen de Taiwán sería algo mejor como una gran potencia, con papeles activos en el mundo, que un régimen tiránico. Occidente, el mundo libre en general, deben estar consciente de esta segunda guerra ideológica que ya inició hace mucho tiempo y pensar como derrotar al viejo fantasma de Marx, que ahora recorre Asia en vez de Europa. Pudimos derrotarlos una vez en 1989, debemos tener la confianza que se les puede derrotar en una segunda ocasión. Las consecuencias de no hacerlo serán un mundo menos libre al que hemos estado acostumbrados desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, con todo lo que eso implica. No debe haber duda de que el comunismo chino puede ser derrotado, pero primero Occidente debe estar seguro de sí mismo y saber que la democracia liberal es vastamente superior como sistema e ideología al totalitarismo comunista de China. Cosa que no estaba en duda en la Primera Guerra Fría, pero parece estarlo en la Segunda…

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