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CRÓNICAS

“Navalni, Rusia y fragilidad democrática” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Rusia, dijo una vez Winston Churchill, “es un acertijo, cubierto en un misterio, dentro de un enigma”. Una tierra llena de mucho potencial, que ha dado gran música y literatura, grandes héroes y … grandes villanos. Por cada Iván III, Pedro el Grande, Catalina la Grande, Alejandro II, Fyodor Dostoievski o Mikhail Gorbachov; Rusia ha tenido sus Iván el Terrible, Vladimir Lenin y Iósif Stalin.

Rusia es un país que sus intentos de liberalismo y democracia han sido muchas veces nati-muertos. Por ejemplo, bajo el liderato de Alejandro Kerensky, justo antes de la Revolución Bolchevique, se intentó hacer una república democrática rusa. Esta potencial democracia fue asesinada en la cuna por parte del comunismo soviético en la revolución bolchevique de 1917. Con el ascenso de Lenin inició la era de purgas, opresión y asesinatos, todo como consecuencias del advenimiento al poder de la mafia comunista. Así las cosas, afortunadamente, el régimen soviético fue contenido y derrotado y en 1991 la Unión Soviética cesó de existir. Quedando así, como dijo el expresidente Ronald Reagan, “en el cúmulo de cenizas de la historia”.

Luego de la caída de la URSS, Rusia pareció estar dirigida a un periodo de liberalización y democracia, un destino que lo ha eludido durante toda su historia. Sin embargo, como narra el historiador Tony Judt, esto no fue así. Rusia no pudo replicar la cultura democrática y capitalista occidental, sino que pareció sumirse en caos, corrupción y cleptocracia. Esto eventualmente llevó al ascenso de una nueva mafia y la instalación de una autocracia compuesta por antiguos miembros de la aristocracia soviética, esta vez liderados por Vladimir Putin.

Putin ha sido un reto para el mundo libre, se le ha subestimado y tratado a veces como aliado, a veces como rival. Sin embargo, las características del régimen Putin han sido de creciente autoritarismo, represión a ideas alternas a las del régimen, marginalización a personas LGBT, el asesinato de rivales políticos, la corrupción del sistema judicial, la centralización del poder en Putin y sus secuaces, fraude electoral, y, por último, un imperialismo expansionista en defensa de todos los tiranos criminales del mundo desde Venezuela a Siria y anexiones ilegales como el de la Crimea en Ucrania. Putin, en otras palabras, al concentrar todo el poder en su figura e ir minando la constitución rusa ha ido destruyendo las posibilidades de liberalismo y progreso en Rusia. Su oferta al pueblo ruso es de seguridad interna y exterior; no importa la crisis demográfica, la económica en declive o el aislamiento internacional. La meta de Putin es en resumen una aspiración por recuperar la “gloria” soviética.

Es lamentable que muchas personas en Occidente admiren a una persona o un régimen así. Pero no todo está perdido, el profesor e historiador Victor Davis Hanson comenta por ejemplo que las manifestaciones que se ven en la Rusia de Putin demuestran que no se ha llegado al nivel de opresión soviética. Ya que, en tiempos comunistas, estarían todos esos manifestantes muertos. Por otro lado, hay figuras que luchan y usan su poderío y fama para retar el régimen autoritario ruso. Entre esos, el más destacado es Alekséi Navalni. Esta persona en menos de un año sobrevivió un intento de asesinato, produjo documentales demostrando la riqueza ilícita de Putin y sus secuaces y ha inspirado a toda una generación de rusos a luchar por hacer a Rusia un país libre y democrático. Navalni es el mayor reto al poder de Putin.

Para nosotros acá en Occidente, donde gozamos de libertades a las que otros países aspiran, Navalni nos sirve de recuerdo de lo difícil que es lograr una democracia y la ardua tarea de conservarla. Por estas razones la intentona de golpe de estado el 6 de enero por la mafia Trumpiana también nos debe servir de recordatorio de la fragilidad de la libertad. Nuestra libertad ordenada, nuestra constitución y estabilidad política son cosas para agradecer y no rechazar. Se debe desconfiar de todo aquel que promete utopías. En fin, para aquellos que creemos en la democracia, les exhorto a que reflexionen sobre Navalni y la odisea rusa. Recordemos la rareza democrática, y esperemos que Rusia algún día alcance a ser un país democrático.

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