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CRÓNICAS

“La estadidad y algunos retos” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

El principal riesgo que corre el movimiento estadista es el de las divisiones internas. Históricamente el estadoísmo ha sufrido de profundas pugnas que le ha costado mucho en términos estratégicos para lograr su ideal. En las elecciones de 1940, por ejemplo, a consecuencia de divisiones entre el liderato, se perdió la oportunidad de guiar a Puerto Rico durante los años de crecimiento económico que siguieron la Segunda Guerra Mundial, y de esa forma poder usar el crecimiento económico e industrialización para fortalecerse políticamente y por eso — como explican los juristas e historiadores Gary Lawson y McCall en sus respectivos artículos — cuando se celebraron las elecciones de 1948 y ganó el PPD, el Congreso entendió que Puerto Rico había escogido una vía distinta a la estadidad o la independencia. Consecuencias a largo plazo de perder en 1940.

Este ejemplo es necesario para entender que el movimiento estadista puertorriqueño, desafortunadamente, es muchas veces su peor enemigo. Sus luchas fratricidas provocan errores en estrategia que cuestan al movimiento y atrasan la estadidad. A medida que la estadidad se atrasa y el liderato estadista sigue prometiendo que la estadidad llegará, continúan alimentando un ciclo vicioso de decepción y esperanzas renovadas que van minando la credibilidad misma del movimiento. Es decir, el estadoísmo tiene como su peor enemigo al tiempo. Ante el asedio de la cultura separatista de la prensa y la intelligentsia que declaran diariamente que la estadidad es imposible, y la ineficiencia y falta de estrategia del liderato estadista, muchas personas van perdiendo la fe. Hay un creciente ánimo de prisa para lograr la estadidad, a medida que no se logra aumentan descontentos que no se sabe dónde terminarán.

Entonces esto lleva a un problema. El Congreso, por su naturaleza, no atiende pro activamente asuntos políticos hasta que no son crisis. Aunque bien es cierto — como ha explicado el profesor Robert D. Sloane — que el espíritu del gobierno federal siempre ha sido responder a los deseos de los puertorriqueños en cuanto a el estatus; también es cierto que el estatus no afecta lo suficiente en el continente para producir un sentido de urgencia para resolverlo. Por lo menos no por ahora. Súmese a esto que una gran parte de la sociedad puertorriqueña es meramente apática al tema, ya que creen que nada ocurrirá, y todo esto se presta para una receta perfecta de inmovilismo.

En otras palabras, no es que no se puede lograr la estadidad, pero ya que no hay urgencia muchos simplemente se aprovechan para no hacer nada. Tenemos además un sector en la prensa e intelligentsia que resalta todo lo negativo de la estadidad y nada de lo positivo, con intención de alimentar el desánimo y la apatía. Por ejemplo, cuando el Sen. Cory Booker (D-NJ) comentó recientemente que no había al momento los votos para lograr la estadidad para Washington DC y Puerto Rico (además de diversidad de asuntos en la agenda demócrata) las reacciones de muchos en Puerto Rico fueron de histeria y del separatismo-estadolibrismo el de regocijar y animar al derrotismo. Es una actitud poco productiva, si cada vez que no hay votos para algo se rindiera una causa, los movimientos de derechos civiles jamás habrían avanzado ni tampoco la estadidad de Alaska o Tennessee, a modo de ejemplos.

Todo esto se debe a lo mismo, el movimiento estadista necesita mejor organización y mecanismos de presión al Congreso. Se debe hacer un plan organizado de promoción agresiva, similar a la utilizada por Hawái. De esa forma, el movimiento estadista localmente le hace falta una estrategia organizada para crear urgencia en el Capitolio federal. Existe una buena oportunidad para lograr la igualdad próximamente, no se puede dejar perder como tantas otras. Por tanto, es necesario que el movimiento estadista, de alguna forma, organice una campaña mediática. Anuncios en distintos medios, especialmente dirigidos a senadores y grupos de intereses que puedan unirse a apoyar la igualdad. En la conquista de la ciudadanía para los puertorriqueños se usó el mecanismo de usar organizaciones comerciales y sindicatos para presionar el Congreso, esto se debe repetir. Este esfuerzo debería ser organizado por diversos grupos y en coordinación con actores y políticos de la diáspora. Por último, no debe limitarse a buscar apoyo sólo de demócratas o republicanos, sino de todos los sectores políticos, laborales y sociales posibles.

En fin, el mandato por la igualdad en el plebiscito de noviembre es importante. Una gran victoria; pero sin estrategia para aprovecharla, solo fue una victoria inútil que a la larga servirá de propaganda para el separatismo. Es necesario acción y organización. El movimiento tiene una oportunidad histórica para hacer mucho, le toca a esta nueva generación de estadistas ver si podemos lograr la igualdad. De no crear presión, el Congreso y todos los actores envueltos simplemente harán lo más fácil… Nada. Y eso se usará para argumentar que nunca llegará la estadidad. Como siempre, el futuro se encuentra en las manos de los propios puertorriqueños.

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