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CRÓNICAS

“¿Qué es Estados Unidos?” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Cuando el presidente Washington cedió voluntariamente el poder en 1797, inició en Estados Unidos un capítulo excepcional en la historia del mundo. Me refiero a la transferencia pacífica del poder de una administración a otra ininterrumpidamente por más de dos siglos. Esta tradición persistió ante guerra civiles, invasores británicos, depresiones económicas, guerras frías y mundiales; pero no así a la presidencia demagoga de Donald Trump. El 6 de enero de 2021 hubo una turba de traidores sediciosos que, alimentados por el culto revolucionario Trumpiano, marcharon al Congreso con el propósito de cambiar mediante la fuerza el resultado electoral. Dentro de ese asedio al funcionamiento constitucional y la libertad ordenada, hubo como resultado, hasta el momento, cinco muertes. Ese día terminó una noble tradición de transferencia pacífica del poder; es por eso por lo que apropiadamente han comentado algunos que la fecha vivirá en la infamia.

Este evento, además de provocar tristeza, debe llevar a reflexión. Los filósofos británicos Roger Scruton y David Goodhart comentan en sus escritos que la pregunta sociopolítica de nuestra época es: ¿quiénes somos? Las sociedades occidentales están en búsqueda de un sentido de pertenencia. Eso nos debe llevar a reflexionar en este mosaico multiétnico y diverso que compone Estados Unidos: ¿quiénes somos? Para los puertorriqueños está pregunta es doble cargada, pero para propósitos de este escrito, entendamos que, por el momento, la historia de Puerto Rico y de Estados Unidos ha sido una desde 1898, y por el futuro previsible. Pero al caso, ¿qué es Estados Unidos?

Estados Unidos es muchas cosas, igual que ocurre con las personas. En su mejor capacidad, EE. UU. es una sociedad individualista, de trabajo, de aspirar a sueños que parecen imposibles, vanguardista y enfocado siempre en conquistar la próxima frontera. Es también una sociedad de inmigrantes. Es una cultura diversa que produce desde rap hasta cine. Es una cultura “burguesa” de masas, de la persona común, de economía libre donde algunos logran mucho, otros menos. Es una sociedad de emprendedores, gran periodismo y democracia. Altamente recalcitrante a veces, demasiado segura de sí misma. Es la nación de Hamilton, Lincoln, Rockefeller, Susan B. Anthony, Edison, Henry Ford, Roberto Clemente, Fernando Luis García y Neil Armstrong. En sus mejores momentos, son los generales Pershing y Eisenhower arribando a Europa a detener el embate totalitario en Europa; es el Apolo 11 alunizando; es el conquistador que reconstruye a sus enemigos como Japón o Alemania y los transforma en grandes aliados; es Ronald Reagan abogando por la libertad de Europa Oriental; o Martin Luther King luchando por el sueño. ¿Cuál sueño?

Porque América también es mucho más que lo tangible y social. Es también una idea, una promesa la cual reside en la premisa que las personas se pueden gobernar a sí mismos sin reyes. Que todos los seres humanos son iguales, con derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Es esta promesa la que implica que hay una responsabilidad, un deber histórico para los ciudadanos que componen la República. Esa misión la expresó el colono John Winthrop y la recordaba constantemente Ronald Reagan. Esa promesa establece que EE. UU. debe ser como una ciudad brillante en la colina; una antorcha que inspire a todos los pueblos que ansíen libertad. No solo en sus propios países, sino internamente. Es esa promesa la que expresó Emma Lazarus y continúa en la estatua de la libertad: “tráeme tus pobres, tus agotados. Tus innumerables masas que aspiran a vivir libres.” Estos valores, esta cultura, es la razón por la cual cualquiera, de cualquier parte del mundo puede llegar y ser americano.

Desafortunadamente, la promesa muchas veces ha tenido que luchar para prevalecer. Hay un lado oscuro, como en todo, representado por los esclavistas y supremacistas blancos. Ese lado oscuro, lo han representado figuras como John Calhoun, el Ku Klux Klan, la segregación, George Wallace y Donald Trump. Esas fuerzas a veces atacan, y ha sido una constante en la historia de la República luchar para mejorar las libertades y expandir la promesa. Somos, entonces, un experimento continuo como lo explica el ex secretario de defensa, James Mattis. Afortunadamente, constantemente en la historia de los Estados Unidos de América ha triunfado el bien, lo que el presidente Lincoln llamó los “mejores ángulos de nuestra naturaleza”.

En ese sentido, igual ocurrió con la insurrección Trumpista. Perdieron. Al final Trump tuvo que aceptar que, en efecto, perdió las elecciones. El Congreso se reunió a pesar del ataque y terminó sus deberes y funciones. La República sobrevivió un embate. ¿Cómo llegamos a este punto? Creo que la respuesta la dio el expresidente Reagan en su discurso de despedida. El presidente expresó su preocupación sobre la educación cívica, ¿estamos haciendo suficiente para enseñarle a los jóvenes que significa América en la larga historia del mundo? Entre el ascenso del Trumpismo y todos los movimientos que alimentan el odio al otro bando, parece que la advertencia de Reagan no fue escuchada. Como bien dijo ese mismo presidente, “la libertad nunca está más de una generación lejos de extinguirse”. Definitivamente son palabras sobre las cuales es necesario, en estos tiempos, ponderar.

Estamos en un momento oscuro para la democracia. Los tíranos del mundo usarán el ejemplo del asedio al Congreso, como usaban la Guerra Civil o la estanflación de los setenta, como prueba irrefutable de que las democracias no sirven. Que sus modelos autoritarios son mejores. No tengo duda que como ha hecho tantas veces antes, EE. UU. volverá a refutarlos.

Urge una renovación, una nueva reconstrucción. Sin embargo, para construir es necesario saber a dónde se quiere llegar. En esto es necesario recordar la promesa, el sueño que constituye la ciudad brillante en la colina. Esta ciudad se describió muy bien por Ronald Reagan en su discurso de despedida, con lo cual cito para terminar el artículo recordando que es América en su mejor expresión:

“En mi mente era una ciudad alta y orgullosa construida sobre rocas más fuertes que los océanos, barrida por el viento, bendecida por Dios y repleta de gente de todo tipo viviendo en armonía y paz; una ciudad con puertos libres repletos de comercio y creatividad. Y si debía de tener muros, los muros tenían puertas y las puertas estaban abiertas a cualquiera con la voluntad y el corazón para llegar. Así es como la vi, y así la veo todavía. […] [Su] brillo se ha mantenido firme sin importar la tormenta. Y sigue siendo un faro, sigue siendo un imán para todos los que ansían tener libertad, para todos los peregrinos de todos los lugares perdidos que se precipitan a través de la oscuridad”.

Debemos apreciar y recordar la rareza de la democracia y la libertad, solo así podemos entender lo que significa y que verdaderamente es y debe ser Estados Unidos. Y podemos apreciar entonces lo que ha significado para el mundo.

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