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CRÓNICAS

“CUANDO MUEREN LOS ELEFANTES” – José Garriga Picó

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Por: José Garriga Picó

Dicen que cuando cae muerto un elefante la tierra tiembla por la fuerza con que el cuerpo del animal impacta el terreno. El miércoles pasado, el elefante mayor, desbocado por terror a la derrota, se enredó en su propia Trompa, y cayó de bruces al suelo rodando por la colina capitolina. Su caída reverberó alrededor del mundo y al terminar de rodar, quedó completamente muerto, políticamente hablando. Nadie lo mató, él causó su propia muerte.  

El elefante Trump está muerto, tóxico y radioactivo para toda la nación. Conviene pues enterrarlo cuanto antes. Pero ya no da el tiempo para residenciarlo, aunque se lo merece. Y aplicarle perentoriamente la enmienda 25 removiéndolo de la Casa Blanca con una patada lo haría un mártir para sus seguidores contumaces y podría revivirlo. Déjenlo muerto, por favor. 

Tampoco conviene celebrarle pompas fúnebres el 20 en la inauguración del presidente Biden requiriéndole ir. No hay requisito constitucional o estatutario de que el saliente presidente deba estar allí. Es meramente una tradición simbolizando el paso pacífico del poder de un presidente a otro como consecuencia de la decisión soberana del electorado. Su presencia allí, bajo las circunstancias, sería una afrenta. En todo caso el vicepresidente Mike Pence, que ya ha dicho que sí irá a la inauguración, puede representarlo. De hecho, si Trump renunciara antes del 20, Pence podría ir como presidente. Pero, esa narrativa suena demasiado a república (o colonia) bananera.

En fin, Trump, con sus acciones dolosas, le ha hecho un gran daño a la imagen de Estados Unidos y debe pagar por ello. Pero, de nuevo, meterlo a la cárcel es tan bananero que ni en las colonias bananeras se hace (y no me refiero a RR, sino a AAV) y causaría polarización de la sociedad.

Hay que buscar la forma apropiada de castigarlo, sin falta. Pero el castigo debe ser a él y a los soliviantados Proud Boys, Q’Anon y demás grupos de extrema derecha, no a los 77 millones de americanos que votaron por él. Imagínense si en Puerto Rico castigaran a todos los electores que votan por políticos ineptos o corruptos por beneficios que esperan a nivel personal. El elector, como los legisladores, son impunes por sus votos mientras no haya quid pro quo. El único castigo que se le puede dar a un elector por su mala selección al votar es: la amarga derrota o el mal gobierno.

La solución a la presente crisis creada por Trump no es que Biden establezca un gobierno de desquite y pretenda arrasar los líderes de la derecha.  Eso solo aseguraría nuevos líderes de la derecha, más radicales, en 2022 y 2024. La alternativa es la ruta del consenso: un gobierno de unidad nacional con nuevos líderes moderados. No sé si AOC, Antifa, Black Lives Matter et al. le permitan a Biden encaminarse a esa meta, aún en el caso poco probable que el nuevo presidente la intentara.

No dejo de admirarme de la desgracia de que la clase política americana (no el resto de los 140 millones de americanos) han ido generando en esta década un clima de guerra civil como nunca he visto en mi vida (y yo viví los años 1960). Es imprescindible que el carácter fundamentalmente pragmático y atemperado del pueblo americano, ponga en regla a los radicales de derecha tanto como los de izquierda y empecemos a trabajar juntos por nuestro bien común, no solo el bien de los grupos que apoyaron al ganador, y por reforzar la seguridad nacional, antes que los chinos nos conviertan en sus vasallos. Si eso ocurriera, entonces sí estaríamos oyendo millones de elefantes y burros morder polvo. La tierra se estremecería y la historia del mundo habría cambiado para siempre para peor.

Para evitar eso, los invito a cerrar filas tras la consigna del primer Presidente Republicano que llamó a comprometernos con la proposición que […] “this nation, under God, shall have a new birth of freedom—and that government of the people, by the people, for the people, shall not perish from the earth.”—Abraham Lincoln.

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