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CRÓNICAS

“No confundamos la coincidencia con el destino” – Giovanni Boschetti

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Por: Giovanni Boschetti

Aunque aún esperamos los resultados finales de las Elecciones Generales de 2020, por el lento proceso del escrutinio realizado por la Comisión Estatal de Elecciones, ya son muchos los analistas que han llegado a conclusiones sobre lo que significan los mismos. El consenso parece ser que la Era del Bipartidismo, aunque oficialmente comenzó en 1968, ha llegado a sin fin. Mi consejo a los que opinan de esa manera: no tan rápido.

El voto castigo hacia los alcaldes que no hicieron su trabajo durante y después de los huracanes Irma y María, la pérdida poblacional a consecuencia de la crisis económica, los cambios demográficos internos resultados de los terremotos del suroeste, el surgimiento de nuevos partidos políticos (no alineados al estatus) y la pandemia del COVID-19 se unieron en una tormenta perfecta para alterar los resultados electorales. Más que ninguna otra elección en nuestra historia, en esta elección, vimos que, contrario a las olas a las que los electores puertorriqueños nos tienen acostumbrados, hubo muchos cambios a nivel local o regional, acordándonos aquella máxima de la política estadounidense: “all politics is local”. A excepción de los alcaldes de Yauco, Juana Díaz y Peñuelas, todos los alcaldes de la costa sur de Puerto Rico, entre Cabo Rojo y Santa Isabel, perdieron en su intento de ser reelectos. Ambos alcaldes de las islas municipios también perdieron. En el norte, los electores derrotaron a los alcaldes de San Juan, Vega Alta, Arecibo y Aguadilla, a pesar de que todos los demás alcaldes de la costa norte revalidaron cómodamente.

En la legislatura se dio una ola anti-incumbente que se llevó enredado a veteranos senadores y representantes, de ambos partidos, mayormente producto de la noticia de los salarios legislativos una semana antes de las elecciones y del deseo de venganza electores PNP, quienes nunca perdonaron, principalmente, a los representantes PNP por intentar residenciar al exgobernador Ricardo Rosselló y a los senadores PNP por viciosamente colgar el nombramiento del entrante gobernador Pedro Pierluisi como secretario de Estado, luego de la renuncia de Rosselló. Enredados en esa ola, se fueron también los legisladores populares Luis Vega Ramos, Aníbal José Torres y Brenda López de Arrarás.

Continuando con la legislatura, si bien es cierto que el Movimiento Victoria Ciudadana dejó en pedazos al Partido Popular Democrático en la ola metropolitana, es igualmente cierto que Proyecto Dignidad fue veneno puro para el Partido Nuevo Progresista en sus baluartes en Arecibo, Aguada, Aguadilla, Ponce y Río Grande y le costó no menos de siete escaños legislativos. En lo que resulta una de esas ironías de la historia, las candidaturas de Proyecto Dignidad le costaron casi todos sus aliados en la Asamblea Legislativa. Pongámoslo de esta manera, con el afán de elegir a Joanne Rodríguez Veve al Senado, los seguidores del partido religioso derrotaron a sus aliados Nayda Vénegas, Chayanne Martínez, Joito Pérez, Nelson Cruz, Luis Berdiel e Itzamar Peña. Eso fue solo en el Senado; cambiaron seis voces para tener una. Eso no hace sentido, pero esto es Puerto Rico. Por el otro lado, a pesar de su afán de traer caras nuevas a la política, el licenciado Héctor Ferrer Ríos, solito, les colgó a cuatro novatos al Partido Popular en la Cámara de Representantes. En su afán de llegar primero, la cantidad de votos populares que le canibalizó a sus compañeros casi le cuesta la Cámara al PPD. Me luce que ese efecto no le traerá muchos amigos dentro de su partido.

Ahora llegamos al punto original de este escrito: el bipartidismo está vivo y coleando. Entre el PNP y el PPD, todavía dominan la gobernación, el cargo de comisionado residente, ambos cuerpos de la rama legislativa y las 78 alcaldías. Esta teoría del fin del bipartidismo de algunos analistas y sectores de la prensa son más un “wishful thinking” que un dato matemático.

 Fue una elección atípica. En estas elecciones generales se unieron muchos factores que en nada tenían que ver con el deseo de la población de liquidar al PNP y al PPD. Tan es así, que el Movimiento Victoria Ciudadana no logró superar la cantidad de votos que sacó la licenciada Alexandra Lúgaro en 2016 y el aumento significativo del Partido Independentista fue producto de que los llamados melones se quedaron en su casa política en vez de brincar al PPD. Si hay algo que sí podemos declarar en peligro de extinción es ese llamado meloneo. Es la segunda elección consecutiva que ese grupo de electores le niega el voto al PPD.

¿Que la política cambió? Negarlo sería tapar el cielo con la mano. Fuera de eso, no le quede duda que, en 2024, el PNP y el PPD todavía estarán vivitos y coleando y que el ganador de la próxima elección, salvo alguna gran anormalidad, continuará siendo de uno de esos dos partidos. Queda ahora en manos de esos dos partidos hacer los ajustes necesarios para reorganizarse. A parte que van a tener que lidiar con el elefante en el cuarto, del que nadie quiere hablar. El 53% de los puertorriqueños ya se identifican como estadistas. Tienen que bregar con eso en el PNP y el PPD, porque negar esa realidad sí se podría convertir en el fin de esos dos partidos.

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