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CRÓNICAS

“El PNP, un anacronismo en potencia” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

El Partido Nuevo Progresista (PNP) es un partido que, a través de su historia, se ha caracterizado por la resiliencia. Continuamente subestimado, asediado por la prensa, el separatismo, el estadolibrismo y la intelligentsia; ha logrado, casi milagrosamente, sobrevivir una y otra vez. ¿Cómo lo hizo? Una posibilidad es que el PNP sobrevivió por su enfoque en la clase trabajadora y el trabajo político hecho por el exgobernador Carlos Romero Barceló. La coalición que se creó durante las primeras décadas de la existencia del PNP creó una lealtad institucional al partido que ha perdurado ante toda adversidad. Esa fortaleza y resiliencia del PNP y su base es algo que consterna a la oposición y al separatismo. Constantemente escuchamos en la discusión política que los estadistas son, por ponerlo así, “tercos” en su apoyo al PNP. En parte este fenómeno es resultado de la desconfianza que tienen los estadistas respecto a las otras “alternativas” políticas; no se sienten respetados ni representados por estas.

Ahora bien, desde principios de siglo el PNP se ha ido quebrantando lentamente. Hoy en día vemos fisuras en su apoyo; por ejemplo, el creciente fenómeno de “estadistas, no penepés”. Sigue siendo la colectividad política más grande, con la mejor maquinaria. Pero claramente al ver los pasados resultados electorales, hay fisuras en el partido. En las pasadas primarias pudimos ver el descontento desde el interior mismo del PNP. En esas primarias una gran cantidad de candidatos incumbentes — la más prominente siendo la gobernadora Vázquez Garced — fueron derrotados en sus primarias o, como el senador Thomas Rivera Schatz, sufrieron una merma fuerte en su apoyo electoral. ¿Qué quiso decir esto? Simplemente una advertencia de parte de la base al liderato del partido de que hay agravios. Fue, en pocas palabras, un regaño de parte de la base a la estructura institucional.

No toda la base participó del regaño, hubo mucha que simplemente abandonó la colectividad. Unos se fueron a Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), otros a Proyecto Dignidad. Esto se demuestra por el hecho de que la estadidad, sola, posee más apoyo electoral que el propio PNP. Ya no dependen el uno del otro. Por otro lado, el electorado envió un mandato mixto. Los resultados demostraron que un gran sector de la sociedad — los partidos minoritarios lograron alrededor de un 30% de apoyo — que se siente indignado con la política tradicional. Buscan, casi a gritos, un nuevo liderato, una reparación para sus agravios.

En la década de los sesenta, el senador federal Barry Goldwater advertía al Partido Republicano que debía ser una “alternativa, no un eco” respecto al Partido Demócrata. Es decir, no debía meramente imitar en política y propuestas a los Demócratas. En Puerto Rico, este precepto tiene aplicación al PNP. Por un tiempo se ha sentido por parte de la población que el PNP ofrece meramente un eco, no alternativa al PPD. Es por eso por lo que surgió la consigna de “no más rojos/azules” o “son lo mismo”. La solución a esto es, sencillamente, buscar renovar al PNP. Los resultados electorales demuestran que, si no hacen cambios los partidos tradicionales, estos sucumbirán ante la ascendiente ola populista de MVC y el PIP.

Afortunadamente; parece que el gobernador-electo, Pedro Pierluisi, ha comprendido el reto del nuevo cuatrienio y ha operado en su gabinete y transición de forma prudente y acertada. De igual forma ha hecho el alcalde electo de San Juan, el senador Miguel Romero. Sin embargo, el problema reside en la Legislatura. El PNP tuvo control de una de las legislaturas más despreciadas en la historia de Puerto Rico. Independientemente de lo ocurrido y sus méritos — muchos de los escándalos hacían meritorio el perder la legislatura — el hecho de que la percepción pública tenga tanto rechazo a la Legislatura PNP explica por qué el PNP perdió su mayoría legislativa.

Ese hecho de perder la mayoría legislativa fue parte también del mandato de cambio. Ante ese rechazo a la mayoría legislativa, ante el panorama de una política fragmentada, con un populismo socialista en aumento de parte del PIP y MVC, y una crisis de confianza dentro del PNP, ¿cuál fue la reacción del PNP? Pues poner a cargo de la delegación legislativa al mismo liderato rechazado en las urnas; y casi a la vez regalar una silla en el Tribunal Supremo a la guerra ideológica del gobierno compartido en el nuevo cuatrienio. Estas actitudes son precisamente las que rechazó el electorado primarista del PNP; es también lo que alimenta la percepción y discurso de “no más rojos y azules”. El PNP tiene tiempo todavía para evitar el camino del PPD y hacerse un anacronismo histórico, buscando vivir solo de glorias pasadas de un tiempo cada vez más distante y no conocido por las nuevas generaciones y electores. El PNP debe ofrecer una alternativa, debe comenzar con la búsqueda de nuevos candidatos y talento. Además, debe fortalecer su tradición de ser el partido que reduce el gigantismo gubernamental y buscar, de alguna forma, hacer llegar su legado e ideas a la ciudadanía, especialmente a los jóvenes. En mi opinión, el PNP debe ser una voz pro libre mercado, ley y orden, y en favor de un gobierno pequeño en nuestra política. Debe ser una alternativa y no un eco. En fin, el PNP o se renueva o se fragmenta, al parecer estas dos corrientes estarán en choque durante todo el cuatrienio. Esto a la vez que el espectro de Proyecto Dignidad y MVC estarán mirando como aprovecharse del suicidio político novoprogresista, de no detenerse esta tendencia

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