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CRÓNICAS

“Lo que trajo el SÍ” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Por allá por el año 2012 se hizo un plebiscito en el que por primera vez el pueblo de Puerto Rico rechazó su estatus territorial. En esa misma consulta, entre las opciones no-territoriales el pueblo decidió respaldar la estadidad. Desafortunadamente, las elecciones generales las ganó el exgobernador Alejandro García Padilla y el Partido Popular Democrático. Los resultados de las elecciones son expresión directa de la voluntad del pueblo y estas del 2012 enviaron un mensaje confuso ya que ganó la estadidad, pero a la vez un autonomista. El PPD y el separatismo aprovecharon esa coyuntura para formar una teoría — única quizás en las teorías democráticas y electorales — de que el voto del plebiscito era confuso. La teoría se basaba en que las papeletas en blanco, las cuales no se le puede adjudicar ninguna intención del elector, contaban exclusivamente para el ELA y eso reducía el apoyo de la estadidad a un 48%. Un caso espléndido de vudú electoral. En todo caso, dio resultados mixtos esa estrategia. Aunque se logró desacreditar la victoria de la estadidad, el Congreso asignó fondos para hacer una consulta con aval federal.

Así las cosas, el exgobernador Rosselló Nevares, después de advenir a la Fortaleza, decidió hacer un referéndum que complicó más aún el panorama del estatus. Ante la apatía electoral y baja participación – como resultado de la falta de aval federal – la estadidad logró un 97 % de los votos emitidos. Los partidos de oposición lograron presentar la baja participación como un triunfo de un “boicot”.  Mientras la realidad fue que aprovecharon aquella apatía electoral alimentando la desinformación y recalcando la teoría de que Puerto Rico está condenado a ser territorio perpetuamente.

Como resultado de todo eso, la matemática electoral y los mensajes respecto al estatus se habían tornado tan confuso que se hizo necesario romper el nudo de alguna forma. De ahí la necesidad de un plebiscito estadidad sí o no. Un referéndum así iba directo a la médula del asunto, aunque era riesgoso. Sin embargo, todo el debate sobre papeletas en blanco y la intención de electores que no participan se podía dejar a un lado con un plebiscito así. De esa forma quedaría establecido de una vez y por todas el pensar de Puerto Rico sobre la estadidad. El pueblo puertorriqueño votó sí a la estadidad con el 52 % de los votos. Por mi parte, sospecho que si el PPD hubiese defendido la unión permanente institucionalmente, el apoyo hubiese sido mayor aún.

El voto por el SÍ rompió el nudo. Ya se sabe que la estadidad es más grande que el PNP. Se sabe, además, que la estadidad tiene mayor apoyo que cualquier político de la Isla. No obstante, la estadidad siempre pierde – aún cuando gana – entre la intelligentsia, la prensa, y el separatismo-estadolibrismo. El discurso ahora gira en que es necesario un proceso “inclusivo” donde se representen todas las opciones de estatus. Esto en parte procede de la premisa equívoca que la estadidad necesita un apoyo, al parecer, unánime en la Isla, sino no es válido aspirar a este estatus. Este discurso se alimenta de los porcentajes electorales del PIP y MVC en las pasadas elecciones. El Sen. Juan Dalmau y muchos independentistas ahora argumentan que ese resultado histórico demuestra que la independencia va en aumento, y por tanto la estadidad perdió aún ganando. Basta decir que esto es algo totalmente contrario a su promesa de campaña que votar por el PIP no implicaba un voto por el estatus. Es por eso por lo que estadistas que votaron PIP cometieron un gran error; dándole legitimidad a nuestro rival ideológico.

Pero, regresando al tema principal, ¿para qué incluir las otras opciones de estatus? Es absurdo pretender que en Puerto Rico se tienen que incluir todas las preferencias de estatus en una asamblea para poder resolver el asunto. Bajo esta lógica deberíamos tomar en serio la propuesta de una reunificación con España. A modo de comparación, en el Reino Unido se consultó al pueblo británico si deseaba permanecer en la Unión Europea (U.E.) con una pregunta similar. Curiosamente, el resultado fue el mismo: 52 % decidió salirse de la Unión Europea y 48% permanecer. Siendo un pueblo respetuoso de la democracia, nadie cuestionó la validez de esos resultados. La política británica – no sin contratiempos – procedió a base de la voluntad del pueblo y bajo el liderato del Primer Ministro Johnson el Reino Unido rompió su propio nudo y salió de la U.E. No se argumentó que era necesario una “asamblea” de estatus y representar todas las opciones imaginables.

La pregunta en Puerto Rico fue sencilla y ganó el sí. Ya en el entorno insular este tema debe darse por concluido. Es absurdo e inútil seguir debatiendo con opciones que se ha demostrado una y otra vez que no tienen apoyo del pueblo. ¿Para qué volver a re litigar el estatus preferente de la mayoría? Ya tenemos una respuesta. En vez de apoyar la autodeterminación dada el 3 de noviembre, el separatismo busca maniobrar para imponerse antidemocráticamente. Por otro lado, ya que el separatismo ha logrado vender la ilusión en Washington de que es más fuerte de lo que verdaderamente es, quizás se pueda negociar un plebiscito federal de estadidad o independencia para resolver la cuestión una vez y por todas. En fin, Puerto Rico escogió estadidad —de paso la escogió con la súper mayoría que tanto alegaban necesaria los separatistas-estadolibristas por mucho tiempo— y debemos proceder como con el Brexit. Ahora debe lucharse por la admisión en la capital federal e ignorar la obstaculización del separatismo-estadolibrista.

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