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CRÓNICAS

“Reacción a los comentarios del presidente Haddock sobre la UPR ante el Comité de Transición Gubernamental” – Dr. José M. Saldaña

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Por: Dr. José M. Saldaña

A mi edad y mis circunstancias no tengo por qué limitarme en decir lo que pienso y digo sin considerar, ni suscribirme, al nocivo lenguaje “politically correct”. Digo y escribo las cosas como las veo y las siento. El que lo quiera oír, leer o entender, me alegro y el que no, sea quien sea, pues… no hay problema. Señalo esto de entrada, porque lo que expreso por este medio es una crítica respecto a la administración de la institución que ha estado ligada a mi ser desde los 13 años hasta el presente y su precaria condición actual.

Como estudiante de la Escuela Superior de la Universidad (UHS), estudiante de la Universidad en la facultad de Ciencias Naturales Recinto de Rio Piedras, estudiante en la Escuela de Medicina Dental en el Recinto de Ciencias Médicas, estudiante de maestría en Salud Pública, profesor, director de departamento en ese recinto, Decano de la Escuela de Salud Pública, Rector del Recinto de Ciencias Médicas y presidente de la UPR, creo conocer muy bien la institución que hoy aquí me ocupa y preocupa. Amo esa noble institución entrañablemente y la comprendo mejor o igual que el que más, así como la defiendo y protejo igual que el que más. Por tales razones, pretendo que lo que aquí señalo se entienda claramente como una crítica constructiva para que se haga lo que se requiere para llevarla a la condición y sitial que ella se merece.

Si algo debe ocurrir con el presente cambio de gobierno, es una transición de gobierno en la UPR. Desafortunadamente esto no está en agenda al presente, pero debe darse y pronto.

En las vistas de transición gubernamental -por lo que aparece en la prensa- el actual presidente, Dr. Jorge Haddock, invirtió la mayor parte del tiempo de su presentación en quejarse de los recortes de fondos actuales y programados para la institución y solicitarle más dinero al gobierno. Sorpresivamente fue felicitado por esta presentación.

Una de las instituciones que más se ha beneficiado del gobierno grande paternalista creado en la década de los 50 por el PPD, ha sido la Universidad de Puerto Rico. Esta desarrolló una dependencia patológica a funcionar casi exclusivamente con fondos del estado benefactor. Más del 70 % de los ingresos actuales de la institución son fondos del estado, mientras que en las universidades de los estados de la unión el promedio de esos fondos es de 20-30 %. Hoy, ante la quiebra del estado y habiendo la Universidad crecido exponencialmente a base de endeudarse y sin haber desarrollado una cultura de búsqueda sustancial de fondos privados, la institución enfrenta una crisis que habrá de requerirle cambios fundamentales. Cambios que muchos en la institución no quieren reconocer y, desgraciadamente, la actual administración rehúsa implantar.

Hasta hace dos años, los ingresos de la UPR surgían de tres fuentes principales. La fórmula presupuestaria que le asigna alrededor de 70 % del Fondo General. Otro 24 % proviene de subvenciones del gobierno y contratos, un 4 % proviene de ingresos de matrícula y apenas 1 % proviene de otros ingresos.

En contraste, en las universidades públicas en Estados Unidos el 27 % de sus ingresos proviene de fondos estatales, el 18 % de sus ingresos surgen de los recaudos de matrícula; un 8 % proviene de donaciones. Mientras, el restante 43 % proviene de subvenciones del gobierno por servicios y contratos, otro 23 % proviene de ingresos de filantropía.

En una isla de 100 por 35 millas donde la mayor parte de los recintos se encuentran de 15 a 20 minutos unos de los otros, no se justifica la actual duplicidad de 11 recintos con sus correspondientes estructuras físicas, administrativas y académicas. Quizás en otro momento se justificó. La opción de integrar administrativamente algunas de estas unidades no creo que rinda los beneficios necesarios, anticipados por lo que considero será necesario la eliminación de algunas de ellas, posiblemente 3. Un ejemplo critico de esta situación es el Recinto de Utuado que tiene una matrícula de 831 estudiantes (subgraduados) y un presupuesto de (2018–19) de $15,929,000 a un costo de $19,168 por estudiante. Para este año las admisiones fueron menos de 250 estudiantes con un presupuesto 2020 de $17,683,000; El Recinto de Utuado está a 18 minutos del de Arecibo.

Sabemos que en la universidad existe, además, gran indiferencia, ineficiencia y desperdicio de recursos no solo fiscales, físicos y humanos, sino que también hay una gran cantidad de programas que no se han actualizado en mucho tiempo, que no tienen la pertinencia que tuvieron en el momento en que se crearon, pero aun así persisten. Existen además programas duplicados en los distintos recintos con poca o ninguna demanda por parte de estudiantes que perciben que estos no tienen relevancia para el mundo en que deberán integrarse al graduarse. Esto ha sido señalado en informes que tiene desde hace varios años la administración central (presidencia) en su poder sin haberse hecho nada al respecto.

Esa universidad resistente al cambio, con una habitual dependencia patológica por cada vez más dinero del estado, tiene que ser reformada de arriba abajo. Pero esa reforma no puede llevarse a cabo por los responsables de la actual situación que viven felizmente complacidos en ella y de ella.

A mi juicio el nombramiento del actual presidente Jorge Haddock fue un gran error de la administración del gobernador Ricardo Rosselló. Ante la designación del actual presidente hace dos años escribí en una columna lo siguiente: “Viendo su resumé tengo que estar de acuerdo que tiene una gran preparación académica.  Parece ser un académico de primer orden, sin embargo, revisando sus credenciales no encuentro que haya tenido bajo su mando una institución de la complejidad de una Universidad multi campus; de 11 recintos con 60,000 estudiantes y en las condiciones de precariedad que se encuentra la UPR. No son solo las cualificaciones académicas/docentes las que deberán servir para llevar al éxito al nuevo presidente. Se requiere más.

 No creo que el nuevo presidente haya tenido que desempeñarse en una institución con peculiaridades como la UPR. En todas las instituciones de educación superior hay conflictos de ideas, de visiones de mundo, de enfoque y de cómo llevar a cabo la función docente. A la nuestra hay que añadirle a esa realidad una situación adicional que en nuestro entorno cobra gran importancia y requiere conocimiento y experiencia administrativa vivida… la lucha del radicalismo ideológico por el estatus”.

 Al señor presidente Haddock personalmente le comuniqué que estaba sentado en un barril de pólvora, particularmente en un año de elecciones. Hoy se lo reafirmo, pero me temo que ya es muy tarde pues las organizaciones sindicales, de profesores y estudiantiles de la izquierda radical “le han medido el aceite” y lo tienen por temeroso y débil, precisamente en un momento que más que calificaciones académicas se requiere demostrar carácter y valentía para hacer lo que se requiere.

El actual presidente de la UPR tiene un salario de $240,000 anuales más beneficios marginales como casa, automóvil, chofer y gastos de representación que suman alrededor de $350,000. Además de esto se le reclutó prometiéndole una plaza docente permanente de catedrático. Todo esto porque este presidente supuestamente era un efectivo y extraordinario recaudador de recursos externos de filantropía – no de recursos federales como de investigación , becas y ayudas económicas a los que se acceden por razones que nada tienen que ver con la gestión personal del funcionario – pero la realidad es que no ha conseguido nada de empresas, ni de exalumnos con mucha solvencia, asi como tampoco ha puesto en vigor un plan de Práctica Intramural para toda la institución que generen los recursos necesarios. Tampoco hemos visto un plan efectivo de reducción y de integración de recintos, ni de reorganización académica que acabe con la duplicidad e irrelevancia de gran número de cursos y programas académicos. La opción no puede ser pedir más dinero al estado para seguir haciendo más de lo mismo porque el estado no tiene los recursos y mucho menos para sostenerla en la actual situación de irrelevancia y desprestigio en la que lleva tiempo sumida.

La Junta de Supervisión Fiscal (JSF)sometió un bien pensado plan fiscal para la institución que conlleva una reducción anual en la aportación que hace el gobierno central al presupuesto general de la UPR que lo reduciría gradualmente de la actual aportación de $879 millones hasta $ 389 millones para el año fiscal 2024. La Junta además aumentó el costo por crédito, subgraduado para llevarlo a $ 157.00 para ese mismo año. De igual manera se estipulan aumentos en los costos del crédito graduado. Se eliminan prospectivamente la mayor parte de las exenciones de matrícula como por ejemplo a los empleados y familiares de estos, a los atletas, a integrantes de coros y de otras actividades, manteniéndose las matrículas de honor y la exención por servicio militar. Se dispuso $250 millones para becas destinadas a estudiantes de escasos recursos. Esto en adición a las becas Pell, por lo que no debe privarse de estudiar a ningún estudiante por falta de ingresos. Se recomienda cambiar el sistema de retiro a uno de contribuciones definidas como los conocidos 401k, así como una reducción a los beneficios acumulados por los retirados. Entiende la JSF que con estos cambios no será necesario reducir el número de recintos y se podrá salir de la situación de gran crisis fiscal proyectada.

La información que trasciende es que la administración central constantemente critica a la JSF y rehúsa a implementar las recomendaciones contenidas en el Plan Fiscal sometido por esta. Se podrá o no estar de acuerdo con todo el contenido de ese plan de la JSF, pero la realidad institucional actual requiere cambio y pronto. La JSF desde su inicio ha tenido repudio de distintos sectores, lo cual es de esperarse pues viene a tratar de poner orden fiscal donde lo que ha imperado es el desorden que nos ha llevado a la quiebra per cápita más grande del mundo. Es necesario establecer canales de dialogo efectivos con la JSF para lograr que se defina un claro mandato de política institucional a seguirse pues podemos anticipar que se avecinan tiempos borrascosos para la Universidad durante el cuatrienio presto a comenzar.

La UPR tiene que revisarse de arriba abajo, completamente tanto académica como administrativamente. Tendrá que hacerse más pequeña, más autosuficiente y pertinente. Ese es el reto existencial que le hace la Junta de Supervisión Fiscal a la actual administración universitaria. Ahora bien, la actual administración del Dr. Haddock no ha hecho nada significativo en esa dirección, solo oponerse a esa inevitable realidad, y exigir más dinero a un Estado en quiebra y no anticipamos que lo hará. La razón es sencilla… temen a las consecuencias de los cambios. Les temen a las posibles reacciones de políticos, de las organizaciones de profesores, laborales y estudiantiles.  Prefieren el nefasto pero cómodo status quo… y ya eso no pare más. A quienes les caiga el sayo que se lo pongan y hagan lo que hay que hacer.

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