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CRÓNICAS

“De gobernantes, gabinetes y retos” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Una vez se le preguntó al expresidente Ronald Reagan sobre su estilo de gobernanza. El presidente Reagan resumió su estilo de gobernanza de la siguiente forma: “Rodéate de la mejor gente que puedas encontrar, delega autoridad, y no interfieras mientras la política que hayas decidido se lleve a cabo”. Ese estilo ha sido característico de administraciones exitosas a través de la historia, desde los gabinetes de George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln, hasta los de Winston Churchill, Margaret Thatcher, Luis Muñoz Marín, Luis A. Ferré y Pedro Rosselló. Muchas veces el éxito, o fracaso, de un gobernante está en las personas que escoge para ayudar en la gobernanza. Desafortunadamente no es una matemática perfecta, es un juicio de carácter que hace el gobernante y siendo un ejercicio humano la política y la selección de equipo, este se puede equivocar.  Por otra parte, está el espectro de la corrupción por lo que el estándar para determinar si un gobernante es exitoso en manejar su gabinete no debe ser que escoja bien todos sus nombramientos, sino que reconozca si uno falla y lo remedie.

Ahora bien, en nuestro sistema los gabinetes son escogidos con el consejo y consentimiento del Senado — en el caso de Puerto Rico a veces la Cámara de Representantes también participa — por lo que también el escoger funcionarios es una función política. Dentro de mucho del discurso populista moderno, se pretende que no haya diferencias de criterio o visión entre gobernantes, partidos y funcionarios. Que todos trabajen por el “pueblo” en abstracto. Muchas veces se ignora la realidad que “el pueblo” no es una entidad homogénea con pensamiento o intereses únicos. Por ejemplo, electores conservadores de Proyecto Dignidad no tienen los mismos intereses o visión, necesariamente, que electores del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC). La sociedad se compone de distintos grupos, con distintos intereses. En el discurso infantil moderno sobre trabajar por “el pueblo” se ignora esa realidad. Claro, hay cosas en común y pilares de consentimiento donde toda la sociedad concuerda. Algunos de esos ejemplos son el bajar los niveles de criminalidad o proveer acceso médico. Pero aun cuando haya consentimiento en eso, puede diferirse, a veces fuertemente, sobre cómo lograrlo. Es ingenuo pretender que “el pueblo” existe como algo igualitario, abstracto e indivisible. El arte de gobernar es muchas veces el balancear los intereses sociales. Si la homogeneidad fuera la realidad, ¿por qué surgen diferencias sociales o políticas? Estas visiones se transfieren a su vez a nivel individual, partidista e institucional. Por esa razón no se debe tener mucha esperanza en un consenso mágico y armónico en la nueva legislatura que comienza en el 2021.

En parte ante esa realidad es que el gobernador electo, Pedro Pierluisi, tiene que navegar varios retos que parten del choque ideológico. El principal se puede definir como el ascenso del radicalismo, representado principalmente en MVC y el aumento en votos del PIP. Esto responde a la corrupción, y la falta de empleos y crecimiento económico. Por ende, los retos del nuevo gobernador son:  la crisis fiscal, la crisis política de una legislatura dividida, el tranque del estatus y la criminalidad. Como dijo el filósofo y político británico Edmund Burke, la cualidad más importante en la política es la prudencia. Ante la confluencia de estas crisis, creo que se hace más importante que nunca operar con prudencia. En ese sentido, el enfoque del gobernador Pierluisi de buscar “un gabinete confirmable” es acertado. Los elogios que se han producido, por el momento, son buena señal. Se debe operar con mucha mesura, para aprobar legislación y poder llevar a cabo la gobernanza necesaria. Es necesario, ante la división legislativa, buscar que los partidos emergentes se sientan de alguna forma parte de la gesta gubernamental. El populismo se derrota dándole responsabilidad compartida en la gobernanza, por eso es necesario que los partidos emergentes participen. De esa forma los partidos emergentes también serán parte del estado de cosas de Puerto Rico. Para bien o para mal.

El beneficio de un gobernador PNP en la Fortaleza es que este puede resistir los peores impulsos del radicalismo y a la vez sintetizar lo útil. Una estrategia de la Canciller alemana, Ángela Merkel, para mantener su coalición política es que toma las ideas útiles de la oposición y las incorpora a su gesta de gobierno. De esa forma calmaba al radicalismo. Sería una buena estrategia en tiempos de gobierno compartido. Allá para el 2012, el ahora gobernador Pierluisi era el político con mayor aprobación en todo Puerto Rico. Tanto así que en su reelección a Washington sacó más votos que el exgobernador Alejandro García Padilla. Por alguna razón en el pasado año hubo una polarización respecto a la figura del nuevo Gobernador. Quizás es solo producto de la típica demonización que se le hace a todo novoprogresista y la mayoría de los estadistas, pero el copiar la estrategia de Merkel y usar la prudencia es una buena forma de ir recuperando la confianza del electorado. En todo caso, Pierluisi tiene una oportunidad única en la historia para reformar el PNP y reducir el radicalismo. El momento histórico requiere tener prudencia y atender los agravios del electorado. Si el nuevo gobernador y gabinete — compuesto de personas serias y profesionales — atienden efectivamente esos reclamos, el PNP puede estar en posición de renacer y Puerto Rico de ir dejando atrás su época perdida. Por eso las predicciones de victoria para X o Y partido en las elecciones de 2024 son prematuras, si algo aprendimos este cuatrienio pasado es que predecir el futuro es una de las vocaciones menos lucrativas en la vida.

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