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CRÓNICAS

“Un anacronismo llamado PPD” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

En días recientes el ex secretario de estado, Ferdinand Mercado, escribió una columna reflexionando sobre la derrota del Partido Popular Democrático (PPD) en las elecciones de este año. En síntesis, la columna analiza que al PPD no se le dio oportunidad por parte del electorado, de retomar las riendas de Puerto Rico y que sufrió una reducción en las alcaldías bajo su control y logró solo una mayoría minúscula en la Legislatura. El que el PPD perdiera las elecciones, después de un cuatrienio tan devastador para el PNP, apunta a que algún fallo está ocurriendo en el Partido Popular. Ha sido un fenómeno que los partidos tradicionales de izquierda han perdido cierta potencia y poderío político en las democracias occidentales. Por ejemplo, luego del ascenso de Emmanuel Macron en Francia, el antiguo Partido Socialista ha caído en el limbo político-electoral. Lo mismo le ha ido ocurriendo al Partido Laborista de Israel y al Partido Laborista del Reino Unido. De igual forma ocurrió con el Partido Socialdemócrata en Alemania.

Este fenómeno se ha ido reflejando en Estados Unidos y en Puerto Rico de forma muy particular. El Partido Demócrata, por ejemplo, no tuvo la victoria contundente que aspiraba a tener ante el Partido Republicano de Trump. Igualmente, el PPD con todo a su favor para poder ganar una elección general en proporciones masivas, apenas ganó una mayoría legislativa y perdió las carreras estatales. ¿Por qué? ¿Qué cambió dentro de la maquinaria electoral que habían construido Luis Muñoz Marín y Rafael Hernández Colón? La respuesta es complicada, pero las semillas de esa decadencia de poder del PPD datan del acuerdo en 1978 entre Hernández Colón, Mari Bras y Gallisá de unir la izquierda separatista al PPD para derrotar al PNP. Eso creó la apertura soberanista que se ha ido apoderando de ese partido. Esa movida cada vez más a la izquierda se fue viendo, por ejemplo, con la búsqueda de eliminar el inglés como uno de los idiomas oficiales de Puerto Rico y el chauvinismo nacionalista de la era de Sila Calderón y Aníbal Acevedo Vilá. Como consecuencia de esto, a medida que avanzaba la historia, al PPD le costaba cada vez más ganar elecciones. Llegó al punto que solo podían ganar con el “voto melón” o “voto útil” que solo servía, en efecto, para ganarle al PNP.

Es decir, a medida que el PNP aumentaba su poderío electoral y crecía como fuerza política el PPD iba quedándose atrás. Mientras más el PPD perdía apoyo, paradójicamente, más necesitaba del voto útil para poder triunfar. Un círculo vicioso que era cuestión de tiempo que se hiciera insostenible. A su vez, el PPD nunca logró entender que el crecimiento del ELA podía ser solo hacía la estadidad si se deseaba conservar la unión permanente. Resulta absurdo, por ejemplo, que el PPD argumentaba que el ELA era autonomía como un Estado de la Unión, pero podía tener mayores poderes que los estados. Por eso cada vez que el ELA mejorado se demostraba como algo constitucionalmente imposible, el pueblo puertorriqueño fue dejando de creerles. A la vez esa decepción con el ELA mejorado aumentaba el soberanismo dentro del PPD, algo que alejaba electores unionistas y contribuía a su declive electoral.

La última vez que el PPD pudo conseguir el voto útil fue en las elecciones de 2012, donde Alejandro García Padilla terminó de quebrar las finanzas de la Isla y se sufrió la vorágine de corrupción de Anaudi Hernández. Ese desencanto con la ineptitud de la administración García Padilla llevó a que se rompiera la alianza “melona”. La Lic. Alexandra Lúgaro surgió como una nueva fuerza electoral que fue acaparando a la vieja izquierda popular y “melona” y aumentó la hemorragia electoral que sufría el PPD. Esto en parte se debió también al colapso del estadolibrismo como una ideología cuando se dieron, en sucesión, la quiebra criolla, el caso de Puerto Rico v. Sánchez Valle y la implementación de la Junta de Control Fiscal. Estos sucesos llevaron a que el proyecto histórico del PPD simplemente dejara de existir.

A medida que todo lo anterior ocurría, el PPD fue perdiendo sus líderes ideológicos como Hernández Colón y Héctor Ferrer. A su vez, surgió el odio ciego al “bipartidismo” y el PPD terminó de esa forma de perder el “voto útil” que le era tan necesario para ganar. Por eso en las elecciones de 2016 el PPD no tuvo la capacidad de suplir el voto flotante que se llevó Lúgaro, esa fue la primera señal de que los tiempos del “melonismo” habían terminado. A su vez, el discurso del PPD es cada vez más enajenado de la realidad. En esta elección solo hablaban de temas reciclados de la década de los noventa (como las 936). Además, su oposición a la estadidad, a la vez que alegan creer en la unión permanente, es irreal en el presente ante el colapso ideológico del estadolibrismo. Su discurso y falta de proyecto histórico es tanto que ya todo el argumento para su existencia se basa en que simplemente no son el PNP. Eso no es suficiente en un país que desea cambio. Todo esto puede ayudar a explicar porque el PPD no pudo ganar unas elecciones que le debieron ser sumamente favorables. De continuar la tendencia, el PPD seguirá perdiendo la capacidad de ganar elecciones y su electorado y posición serán absorbidas cada vez más por el Movimiento Victoria Ciudadana. Es por eso por lo que el PPD es cada vez más un anacronismo histórico.

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