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CRÓNICAS

“Una nueva era, nuevos panoramas” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Pasadas las elecciones de 2020 vemos un nuevo horizonte que dominará el escenario político durante el próximo cuatrienio. Fue un proceso largo, lento y tedioso, pero del cual se pueden sustraer diversas lecciones. La primera lección que se puede sustraer es que el movimiento estadista sobrevivió los embates mediáticos, culturales y políticos del separatismo al ganar el plebiscito de estadidad sí o no con el 52.34% de los votos. No solo ganó la estadidad, si no que ganó por más de cincuenta por ciento y en su totalidad sacó más votos que cualquier candidato o partido. Esto parece demostrar que la estadidad y el Partido Nuevo Progresista ya no son sinónimos. La estadidad, en el presente, es más grande que el PNP. Eso es algo positivo, aunque debemos estar muy conscientes que el vehículo partidista que tienen los estadistas es, por el momento, solo el PNP.

Lo anterior no quiere decir que no haya espacio para más, lo ideal debe ser crear una variedad de organizaciones civiles que luchen por la estadidad en Puerto Rico y los estados fuera de las líneas partidistas. Ya existen grupos como el Puerto Rico Statehood Council (PR51st), pero sería ideal que hubiese muchos más. Es importante recalcar que la batalla en el campo insular parecería estar mayormente ganada en cuanto al estatus. El futuro de la lucha por la estadidad se centrará ahora en la prensa nacional y en el Congreso. Los estadistas deben tener en cuenta que el proceso de admisión es político, muchas veces lento y encontrarán oposición y resistencia de diversos grupos. Puede que varios proyectos de admisión fracasen, por diversidad de razones. Esto es común en los procesos de admisión. Véase por ejemplo el estudio hecho por Eric Biber, The Price of Admission: Causes, Effects, and Patterns of Conditions Imposed on States Entering the Union sobre los procesos de admisión de diversos estados desde 1787 a 1959. En todo caso, la clave para el movimiento estadista en el ámbito local es no perder la fe, continuar luchando y contrarrestar el ánimo derrotista que crea la prensa y la intelligentsia de Puerto Rico en la lucha por la estadidad. La estadidad está más cerca que nunca, mantengan la fe como dijo el presidente Biden.

El PNP, por su parte, sobrevivió lo que bien pudo ser una debacle política y electoral. Contra viento y marea logró ganar la gobernación, la comisaria residente, la alcaldía de San Juan, y mantener por lo menos una fuerte delegación legislativa. A su vez, los rumores de la muerte del PPD son prematuros. El PPD mantiene una mayoría de alcaldías y al parecer tendrán la mayoría legislativa. A pesar de eso, es claro que el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) se nutre en gran parte de una hemorragia electoral del PPD, que fue probablemente lo que le costó la gobernación y quizás la alcaldía de San Juan. Esto puede indicar que el PPD está perdiendo la capacidad electoral para poder ganar la gobernación, ya que van dos elecciones donde le ocurre lo mismo.

Así las cosas, el PIP tuvo un resurgir como resultado del carisma del senador Juan Dalmau Ramírez, la debilidad del PPD en conseguir el “voto útil” y el ser un partido que recogió el voto protesta y descontento de una generación perdida en crisis económica y política. Otro factor que contribuyó grandemente al renacer del PIP me parece que fue el abandono de la independencia como un tema central de su campaña. Constantemente el PIP argumentó que un voto por ellos era solo un voto por una mejor administración y gobierno, no por un estatus. El invocar el lema del PPD de 1940 que el estatus no está en controversia demuestra que ese estribillo de campaña sigue siendo poderoso en la política puertorriqueña ya que le permite al pueblo rechazar el separatismo y votar, paradójicamente, por separatistas. El resultado de todo ese voto protesta es que tendremos una Asamblea Legislativa extremadamente diversa y dominada mayormente por la izquierda anti-estadista. En resumen, el pueblo puertorriqueño dio un mandato para gobernanza en coalición, o por lo menos que se intente. ¿Cómo operarán esas visiones distintas y mandatos en contraposición durante el cuatrienio? El tiempo dirá.

De todas formas, hay una razón por la cual el PIP no tenía un resultado electoral tan positivo desde 1956. Es por el mero hecho de que su forma de operar y sus iniciativas legislativas son, en su mayoría, antagónicas al pueblo puertorriqueño. Veremos, pero puede ocurrir que la naturaleza del PIP vuelva a ser su peor enemigo y se autodestruya. En el caso de MVC, estos tienen ahora una delegación legislativa, son cómplices y parte de la gobernanza de Puerto Rico. Al igual que Proyecto Dignidad (PD). Ya estos partidos no pueden ser meramente demagogos y populistas. Al contrario, deben cooperar en la gobernanza, ya que igualmente responden ante el electorado. Es lo más probable que la naturaleza humana y el partidismo se impongan en la nueva legislatura y esto implique choques constantes entre la Legislatura y el Gobernador, otro cuatrienio perdido. Pero quizás sorprenden. El gobernador Pierluisi debe procurar una gran coalición con el PPD o cualquier partido dispuesto a cooperar. Aunque la responsabilidad principal del gobernador Pierluisi será restaurar la estabilidad y un mínimo de eficiencia del gobierno; a la vez que resistir los impulsos de radicalismo de MVC o PD mediante el poder del veto. Cuando la legislación sea de corte radical, conviene recordar el consejo del expresidente Calvin Coolidge: “es mucho más importante matar los malos proyectos de ley que aprobar los buenos”.

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