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CRÓNICAS

“Un Nuevo Nacimiento de Libertad” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Hay una calma antes de la tormenta. Como ocurre cada cuatro años, mañana el pueblo de Puerto Rico irá a las urnas para decidir y expresar su sentir después de cuatro años caóticos. A la vez, como bien sabemos, se preguntará al pueblo si desea o no conservar la unión permanente.

El estado de calma antes de una votación es un tiempo apropiado para la reflexión. El pueblo puertorriqueño tiene gran devoción y lealtad a la democracia y a la libertad. Su norte histórico siempre ha sido mantener la unión con la metrópolis, pero en busca de autogobierno en sus asuntos internos. Esas ansias de libertad son las que han guiado a Puerto Rico hacia todos sus grandes logros desde Ramón Power y Giralt, los primeros partidos políticos, la abolición de la esclavitud, la Carta Autonómica, la conquista de la ciudadanía americana, el sufragio universal, la industrialización, el gobernador electo, hasta la constitución en 1952. Siempre Puerto Rico ha buscado el progreso y la autodeterminación de buena fe y sin perder la esperanza de tener una democracia libre ante los desaciertos. Con el tiempo, creo que hemos aprendido a atesorar nuestra libertad.

Bajo España esas libertades eran inseguras, atacadas por largos periodos autocráticos y opresivos. Por el contrario, es un hecho que bajo la Unión Americana Puerto Rico ha vivido sus mejores años, sus años de mayor progreso, desarrollo social, político y económico. En 1898 la Isla entró al gran Mosaico Americano del que hablaba el escritor y filósofo Thomas Sowell, como una nueva adición a los grupos que componen la nación. Esto no quiere decir que no haya habido decepciones, problemas o conflictos. Eso es natural ante el nacimiento de cualquier nueva sociedad. Pero a pesar de eso, para atender sus agravios el pueblo puertorriqueño ha optado constantemente por las urnas, los votos, la negociación, la democracia y el cambio pacífico para resolver sus problemas. Reconociendo que la Isla, unida a los territorios que componen los Estados Unidos, es mucho más fuerte que un Puerto Rico solo e “independiente”.

Para parafrasear al presidente Abraham Lincoln, hace varias generaciones nuestros antepasados trajeron a Puerto Rico una nueva democracia, y en 1952 una nueva constitución, dedicada a los ideales de libertad, democracia y unión permanente. Aunque somos un pueblo pacífico en lo político, sí llevamos entre nosotros una lucha civil respecto al estatus por más de cien años. Un debate que nos ha drenado y limitado. En este momento de inestabilidad, cambio e incertidumbre, nos encontramos en un precipicio político probando si una sociedad así organizada y concebida puede sobrevivir. De ganar el NO, Puerto Rico comenzaría el proceso hacia una independencia indeseada, con fuertes choques económicos y el control de una pequeña élite independentista tradicional que desprecia y vive enajenada del pueblo puertorriqueño, algo que bien notó José Luis González en El país de los cuatro pisos.

Estamos ante un momento decisivo en la eterna lucha civil puertorriqueña sobre su estatus. La clave es entender, como nos ha explicado el Lic. Luis Dávila Colón, “la Constitución [federal] indica muy explícitamente que sólo el Congreso tiene la facultad de admitir nuevos Estados. Sin embargo, la facultad de [crear un Estado] reside exclusivamente en la gente del territorio dado que es por su voluntad soberana, únicamente, que ese Estado llega a existir.” Esta norma la reiteró y explicó recientemente el juez Rafael Martínez Torres en el caso reciente de Aponte Rosario v. presidente de la C.E.E. cuando nos dijo “los estados se crean por sí mismos utilizando los mecanismos que entiendan convenientes. No los crea el Congreso”. El lograr que el pueblo puertorriqueño entienda abrumadoramente su capacidad soberana para forjar un Estado soberano de la Unión, es uno de los mayores retos que enfrenta y ha enfrentado el movimiento estadista.

Ese poder del pueblo es un hecho que Puerto Rico ha olvidado. El derrotero histórico de Puerto Rico, como dijo Luis A. Ferré, ha sido hacia la unión permanente y garantizar nuestra soberanía dentro de la Unión como un Estado. Esa es la misión, y sería un triunfo para la libertad y la igualdad garantizar el ser puertorriqueño que somos hoy en día. Un puertorriqueño-americano, ciudadano e igual que todos sus otros conciudadanos. La estadidad es garantizar y avanzar lo que somos ahora, no regresar a una visión estática del puertorriqueño jíbaro del siglo diecinueve o cualquier pasado idealizado. Puerto Rico necesita reconstrucción, y el futuro de Puerto Rico está en la Unión.

El mundo poco notará y poco recordará que dijimos antes de esta votación, pero sí recordará lo que hicimos. Podemos garantizar y salvar nuestras libertades, arduamente conquistadas por el esfuerzo de generaciones para nuestros descendientes; o las dejamos perderse en la miseria de la separación y la tiranía elitista. No dejemos que las generaciones pasadas hayan luchado en vano. Debemos resolver que Puerto Rico, creando un Estado, tendrá un nuevo nacimiento de libertad. Para parafrasear a Sir Winston Churchill, preparémonos para cumplir con nuestros deberes y resistamos el embate separatista ya que, si el futuro Estado de Puerto Rico y esta República Americana duraran mil años más, las futuras generaciones nos mirarán y dirán de esta generación de puertorriqueños “aquel fue su mejor momento”.

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