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CRÓNICAS

“El unionismo y el plebiscito” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Dedicado a la memoria de mi amada abuela Irma, quien tanto luchó por la igualdad y la estadidad.

De frente a un nuevo plebiscito de estatus, el movimiento estadista tiene razón para tener ansiedad respecto al resultado. Después de dos victorias para el ideal, cuestionadas exitosamente por la coalición anti-igualdad,ha llegado el momento en que se sabrá definitivamente si Puerto Rico desea la estadidad. Es decir, el pueblo puertorriqueño, por primera vez, votará si desea la estadidad en forma simple: “SÍ o NO”. La gesta de generaciones, desde Barbosa hasta el presente, está contenida en esa pregunta.

La clave al dilema del estatus han sido siempre los electores populares. La gran mayoría del PPD durante su historia ha creído en la unión permanente con EE. UU., aunque han desconfiado de la estadidad pensando que sería, como dijo el escritor José Luis González, “un suicidio cultural”. En todo caso, a través de su historia, muchos populares han defendido la unión permanente; tanto así que como dijo Luis Muñoz Marín: “La Unión permanente es irremisible porque es parte de la cultura de Puerto Rico”. Rafael Hernández Colón, por su parte, defendía la unión, pero coqueteaba con el soberanismo y abrió las puertas a una alianza separatista para derrotar al PNP. Eventualmente, ese soberanismo ha ido apoderándose del PPD hasta tener figuras soberanistas que cuestionan la legitimidad misma de la unión permanente. Sin embargo, en su mayoría, los populares, como los novoprogresistas y puertorriqueños, han sido fieles a la visión de Muñoz. Es ese conjunto de no separatistas a los que denomino unionistas.

El unionismo ha sido la tendencia política mayoritaria en Puerto Rico durante toda su historia, casi siempre dominada por la vertiente autonomista y en segundo lugar (quizás ya en primero) el estadoísmo. No obstante, durante finales de la década de los noventa y lo que va del siglo veintiuno, la prensa y la cultura popular puertorriqueña se han inclinado hacia un discurso separatista. Tanto así, que se puede palpar que muchas personas, especialmente jóvenes, han ido desarrollando un desprecio a la unión como algo “colonial”, ilegítimo y opresivo. Esto debe ser seriamente rebatido por los unionistas.

Sobre cuestiones de legitimación política, existe una teoría esbozada por el constitucionalista Keith Whittington sobre la legitimidad constitucional y política. En síntesis, la teoría explica que el consentimiento de los gobernados a un sistema político se basa en un acto de soberanía inicial. Después de ese acto original, se crea una soberanía popular potencial en donde el pueblo puede cambiar sus condiciones políticas cuando lo desee. Sin embargo, mientras no lo cambien, siguen legitimando ese acto inicial. En el caso de Puerto Rico me parece que hay tres momentos de soberanía que constituyen la legitimidad de la unión permanente. 1) En las elecciones de 1900 el pueblo eligió, mediante su voto directo, al Partido Republicano Puertorriqueño y su programa de integración y unionismo. Un consentimiento expreso al nuevo gobierno civil. 2) En 1917, cuando se da la Ley Jones, el pueblo elige al Partido Unión y su autonomismo, a la vez que pocos rechazaron la ciudadanía americana. Eso constituye un segundo consentimiento expreso a la unión. 3) En el referéndum de la Ley 600 se le preguntó al pueblo directamente si aceptaban los términos para una autonomía en unión permanente, el pueblo dijo que sí y mediante sus delegados electos a la convención constituyente, expresamente consagraron en la constitución “la unión con Estados Unidos de América”. Esos son tres momentos donde el pueblo ejerció libremente su soberanía popular.

Claro, Puerto Rico necesita ser estado para garantizar la unión, tener igualdad política y poder defender sus intereses. Constantemente vemos como el territorio autónomo (ELA) fracasa en defender federalmente nuestros intereses; por ejemplo,  previo a 1984 Puerto Rico tenía acceso a la quiebra de la misma forma que los estados. Por alguna razón – no hay récord del razonamiento legislativo – esa protección se eliminó en la reforma contributiva de 1984, con las consecuencias que vemos hoy en día. Sin embargo, nada de esto sería un “issue” si fuéramos estado.

Esta realidad siempre se le escapa al PPD, el sistema político federal funciona con estados; no territorios, por más autonomía que estos puedan tener. Si Puerto Rico quiere preservar su autonomía constitucionalmente, necesita la estadidad. Es decepcionante que muchos autonomistas no vean que esa unión permanente está en juego en el próximo plebiscito. El PPD nunca ha logrado aceptar que el ELA fue derrotado en el 2012, ni lo que significó el caso de Puerto Rico v. Sánchez Valle o la ley PROMESA. Simplemente, quedaron atrapados en el pasado y están operando como si la unión permanente no estuviera en riesgo abogando por un voto al NO. Aunque siempre se le diga al pueblo lo contrario, el poder de la unión y la igualdad siempre ha estado en sus manos. Sobre este asunto, me parecen apropiadas las palabras del presidente Lincoln sobre ese poder del pueblo justo antes de la independencia fallida del Sur y el inicio de la Guerra Civil: “Les pido que tengan siempre presente que no es con los políticos, ni con los presidentes, ni con los aspirantes a cargos públicos, sino ante ustedes, [el pueblo,] que se presenta la cuestión: ¿Se preservará la Unión y las libertades de este país para las futuras generaciones?”. 

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