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CRÓNICAS

“El PNP ante el futuro” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

El Partido Nuevo Progresista (PNP) se fundó el 20 de agosto de 1967 y desde esos tiempos ha visto mucho. De victorias inesperadas a divisiones internas, huelgas, acusaciones, ataques a su reputación, corrupción, mordazas atenuadas, y más recientemente, la renuncia de uno de sus gobernantes. Ante todas esas crisis, unas creadas por el partido, otras por eventos fuera de su control; el PNP ha mantenido una unidad política impresionante. Pensemos por un momento en la corta vida que tenían los partidos estadistas antes de 1967, el Partido Republicano Puertorriqueño se dividió tantas veces que parece un milagro que ganara elecciones y escaños; es la maldición de los partidos estadistas en Puerto Rico dividirse y permitir que sus rivales triunfen. El PNP ha logrado mayormente, con la excepción seria del Partido Renovación Puertorriqueña (PRP), evitar las divisiones que habían sufrido otros partidos estadistas.

Sin embargo, hay algo podrido en el reino de Dinamarca. El PNP desde finales de los noventa ha estado marcado por una imagen persistente de ser un partido corrupto, tanto así que algunos alegan que se le debe tratar como una organización criminal. A la vez, lentamente pero seguro, se van viendo varios fenómenos preocupantes en términos de partido. Primero, ha ido en aumento la corriente de “estadistas, no penepés” que ha producido el fenómeno de candidatos estadistas fuera del PNP. Esto es preocupante por muchas razones, principalmente porque al dividir las huestes anexionistas fuera de un partido abiertamente estadista implica que los votos se diluyan. Ni hablar del error que es aliarse con un partido como Victoria Ciudadana, controlado por personas anti-igualdad. Otro problema que tiene el PNP internamente es que se va viendo, poco por ahora, pero con posibilidades de crecer, una división entre sus alas izquierda demócrata y derecha republicana, de los cuales un sector se exilió al Proyecto Dignidad. Esto no es de sorprender, el PNP surge en el 1967 como una coalición de estadistas, en una época donde los partidos en Occidente eran bastante diversos, con diferentes elementos y visiones. Pero la polarización política y social ha tenido su efecto en crear divisiones. El último problema serio es la imagen de corrupción que tiene el partido, aunque ya la comparte con el PPD.

Estos son los problemas que tiene el PNP como colectividad, creo que son serios. Explica, en parte, porque en las elecciones de 2016 se vio una merma en el crecimiento del PNP. Como si fuera poco, desde el 2016 el populismo y la demagogia han sentado base en la política puertorriqueña con el surgimiento del Movimiento Victoria Ciudadana, las candidaturas independientes y todo el discurso de “No más rojos y azules”. Afortunadamente, los cimientos del PNP son fuertes, tanto así que todavía, a pesar del cuatrienio terrible 2017-2020, el PNP mantiene bastante de su fuerza electoral y tiene una posibilidad de ganar las próximas elecciones. Además, el PNP logró limpiar su papeleta exitosamente en las pasadas primarias. Es decir, la base novoprogresista demandó un cambio al partido. Estos son indicios positivos, sin embargo, si el PNP llegase a ganar las próximas elecciones tendrá el mayor reto en su historia como colectividad.

Una potencial administración Pierluisi, sin importar la composición de la Legislatura, tiene una carga y responsabilidad histórica con Puerto Rico y todo el movimiento estadista. Los ojos de la historia estarán, de ganar, sobre él. En los hombros de esa administración estará todo el trabajo y legado estadista desde que Barbosa dio nacimiento al movimiento hasta las victorias plebiscitarias de 2012 y 2017. El Lcdo. Pedro Pierluisi es el líder, en este momento, del PNP y la mayoría de los estadistas en Puerto Rico. Es imperativo que este sane a Puerto Rico. Que aspire a darle una administración sin escándalos mayores, con una transparencia y honestidad que permitan ir calmando los espíritus radicalistas que han ido ganando espacio en la sociedad puertorriqueña. A la vez, se tiene que atender el tema del estatus con seriedad, en cooperación con el gobierno federal y de haber un cambio de gobierno a nivel federal, buscar el apoyo en todos los sectores de la Isla y la Nación para adelantar la estadidad, de forma tangible.

Una nueva administración PNP debe entender que ganaría en un clima altamente dividido y politizado. Sería una probatoria que le dan tanto los estadistas, como el pueblo puertorriqueño para gobernar. Es necesario que no haya contratos nebulosos ni excesivos, que no se despilfarre dinero, que haya eficiencia en las agencias y sobre todo que se busque dejar atrás la imagen de partido corrupto que ha ido surgiendo. En fin, debe ser la administración más “aburrida” en mucho tiempo. Esto permitiría un “regreso a la normalidad” como decía el presidente Warren G. Harding y así calmar el radicalismo. No se puede saber qué pasaría si el PNP tuviera otra debacle, pero me atrevo a apostar que entonces las divisiones entre las alas derecha e izquierda del partido se harían insubsanables, que muchos estadistas abandonarían el partido, dividiendo sus fuerzas y permitiendo a los separatistas opacarlos, y, de fracasar una administración PNP, eso implicaría muy probablemente el ascenso al poder del Movimiento Victoria Ciudadana en 2024. En fin, la responsabilidad es sencilla, apremiante y a la vez histórica: de Pierluisi triunfar en las elecciones, debe restablecer la estabilidad política en Puerto Rico y avanzar la estadidad, de lo contrario el PNP se dirige a su extinción y Puerto Rico a una administración populista y autoritaria, de gigantismo gubernamental y estatismo económico y político. De pasar eso, el pueblo sufrirá las consecuencias.

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