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CRÓNICAS

Dr. José Manuel Saldaña: “El cambio tiene que ser en los valores individuales y colectivos, no en las administraciones…”

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Por: Dr. José M. Saldaña

Fíjese el lector como los separatistas, socialistas y comunistas del patio siguiendo la filosofía y predicas de Antonio Gramcci fundador del partido comunista italiano, sin crear una revolución armada, por décadas muy hábilmente han penetrado lentamente las instituciones del estado como la educación a todos sus niveles, la religión, los medios noticiosos -prensa, radio y televisión- las artes, sectores de la llamada intelectualidad y cultura local utilizándolos a su antojo y con un discurso  buenista nos  venden un mundo de mentiras y fantasías con narrativa, y loas a la igualdad, a la transparencia, a la protección al ambiente (ambientalismo), a la anticorrupción, a la protección de la igualdad de género, al feminismo etcétera. Utilizando ese discurso de origen marxista nos transmiten constantemente mensajes negativos hacia nuestro sistema de gobierno, hacia los Estados Unidos, en contra de la estadidad y a favor de vendernos la independencia primero, para luego instalar en la isla una república socialista del siglo XXI al estilo Venezuela.

Estoy a favor del feminismo, de la democracia liberal, de la moral donde se defiende la igualdad de derechos de todos, hombres y mujeres. Igualdad ante la ley, igualdad en el trato, igualdad de salario por el mismo trabajo, etcétera. Estoy en contra del feminismo que pone al hombre y a la mujer en lucha entre sí. Ese es el feminismo marxista de la lucha de clases que ahora se presenta en el discurso buenista junto al ambientalismo, transparencia, etcétera.

En un pueblo en el que la violencia lleva décadas al garete, principalmente por el narcotráfico, donde mueren todos los días jóvenes de ambos sexos, las llamadas feministas desde hace algún tiempo quieren implantar un estado de emergencia para atender la violencia de género, o sea la violencia selectivamente… la que es hacia ellas.

Pese a que aplauden que se atienda el problema social urgente de la violencia de género y los feminicidios, líderes feministas separatistas como María Dolores Fernos cuestionan el por qué ahora -tardíamente- el anuncio de una nueva orden ejecutiva por parte de la gobernadora, aun así, elogio a regañadientes la acción por considerarla importante.

Esto es palos si bogas y palos si no bogas, porque el objetivo principal no es resolver el complejo problema de la criminalidad femenina sino mover a Puerto Rico hacia la independencia y el socialismo. Veamos:

Lo que tomó décadas en gestarse no se revierte en dos años.

Cuando Puerto Rico era un país agrícola la población se concentraba en aldeas, pequeños pueblos, comunidades en donde la gente se conocía, compartía y colaboraban unos con otros. El hogar y la familia eran la fuente principal donde los seres humanos aprendían a respetarse los unos a otros. Allí se iniciaba el proceso de la formación de valores y hábitos que, reforzados por la escuela, la iglesia y la comunidad, propiciaban en el niño el desarrollo de las destrezas y virtudes cívicas que lo convertirían en ciudadanos socialmente responsables, respetuosos de la ley y de los derechos de todos los demás.

Según el país fue evolucionando hacia la modernidad mediante el proceso de industrialización, se inició una movilización de la población del campo y de los pequeños pueblos hacia las ciudades. Concentrándose grandemente la población en las zonas urbanas, éstas experimentaron un crecimiento acelerado. Allí las instituciones en las que tradicionalmente se descansaba para desarrollar los valores, hábitos, destrezas y cualidades responsables por las virtudes cívicas fueron cediendo el espacio al materialismo y al rampante individualismo egoísta. Tornándose la mayor parte de la población indiferente al bien público.

Durante la década de los años 60, como consecuencia negativa de la guerra de Vietnam, se disparó una revolución social y sexual que aceleró -tanto en los Estados Unidos como en Puerto Rico- el rompimiento con los valores tradicionales, trayendo consigo un crecimiento sin precedentes en el uso de las drogas, la promiscuidad, el divorcio, el nacimiento de niños fuera de matrimonio y la participación de la mujer en la fuerza laboral. Abandonando parcialmente la crianza de los niños en el hogar. Al mismo tiempo se comenzó a evidenciar en todos los órdenes un acelerado deterioro en los vecindarios, las escuelas, la iglesia y las instituciones de las que tradicionalmente dependía la familia para su apoyo y sostén en tiempos de crisis.

Ante estas circunstancias, durante las subsiguientes décadas los “valores” se transformaron de tal manera que el trabajo, la honestidad y la responsabilidad, dejaron de considerarse virtudes por grandes sectores de la población dándole paso a la indolencia, a la haraganería, a la dependencia, a la jaibería, la irresponsabilidad, la intolerancia y la violencia como modo de dirimir conflictos. Resultando como secuela de lo anterior el narcotráfico, los asesinatos, las matanzas, la violencia, el maltrato contra las mujeres, niños, ancianos, el robo y la corrupción de funcionarios tanto del sector público como privado.

 Don Luis Muñoz Marín, el principal arquitecto de la rápida revolución social democrática hacia la modernidad, murió frustrado sin poder implantar lo que consideraba absolutamente necesario para que ocurriera en el país un desarrollo social balanceado. Muñoz creía que juntamente con el progreso material debía ocurrir un fortalecimiento de los valores y virtudes cívicas que le dieran cohesión a ese desarrollo. A eso le llamó Operación Serenidad. Esta nunca llegó a materializarse. Hay una cita de un humilde hombre de pueblo que recoge esa frustración cuando le reclama a Muñoz: “Don Luis estábamos mejor cuando estábamos peor”.

Paradójicamente, el experimento de revolución social democrática llevado a cabo por Muñoz dependía de que se preservaran los valores de ciertas instituciones como la familia y la iglesia las que en realidad no se caracterizan por ser ni democráticas, ni igualitarias.

Como vemos, todo el cuadro de deterioro con la secuela de patología psico-social que hoy experimentamos tomó varias décadas en gestarse. Para dar marcha atrás al presente estado de situación, es necesario intervenir efectivamente con los múltiples factores causativos de este. Por ser un complejo proceso fundamentalmente educativo que requiere mucho tiempo, esfuerzo y voluntad por parte de todos para modificar actitudes, hábitos y valores, esa marcha atrás no se logra por la intervención del gobierno y sus funcionarios solamente ni con ordenes ejecutivas decretando estados de emergencia. También tiene que entrar en acción el individuo, la familia la escuela, la religión y otras organizaciones comunitarias. Mientras tanto -sin abandonar el esfuerzo por lo anterior -hay que intervenir efectivamente con el problema agudo del narcotráfico y la criminalidad que como secuela a esa situación nos abruma y desespera.

Ante la complejidad de la presente situación vemos como la oposición política del país con la ayuda y complicidad de sectores de la prensa, en vitriólicos ataques demagógicos, ideológicamente motivados arremete constantemente contra el gobierno demandando que de inmediato resuelvan la actual crisis o renuncien. Pareciera ser que estos demagogos no entienden que el actual deterioro social con la patología psico-social del presente tienen una multiplicidad de factores causativos que surgieron a lo largo del tiempo y que no son sujetos para modificarse o alterarse por la intervención de unos funcionarios sobre uno o algunos de esos factores y mucho menos en cuestión de unos años como se ha pretendido que ocurra. La realidad es que la mayor parte de estos demagogos conocen y entienden la situación, pero lo que verdaderamente les interesa es desestabilizar el actual gobierno y sus instituciones para tratar de tomar el poder político.

No importa a quien se elija para gobernarnos ni a quienes se designe como jefes de agencias, el actual estado de situación no habrá de cambiar hasta que el puertorriqueño se mire en un espejo y vea que el verdadero causante de la actual situación es él mismo… para que entonces deje de buscar chivos expiatorios en el sistema y en el exterior y actúe asumiendo la responsabilidad que le corresponde. El cambio tiene que ser en los valores individuales y colectivos, no en las administraciones y mucho menos en las que nos quieren separar de la nación y convertirnos en una república socialista.

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