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CRÓNICAS

“El Gobernador y la Unión Permanente” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Dedicada a mi viejo amigo, Alexis Bermúdez.

“La gran mayoría de los puertorriqueños prefiere una estrecha asociación con sus conciudadanos de la Unión Americana y con un hombre de la tierra, a la amarga estrechez de la separación” dijo una vez el gobernador, antes de llegar a la Fortaleza. Ese gobernador era producto de esa transfiguración social y cultural entre Estados Unidos y Puerto Rico que se ha dado desde 1898; de esa mezcla de dos culturas y el surgimiento y convivencia de ambas en la patria puertorriqueña. Bilingüe, bicultural, orgulloso de su puertorriqueñidad y su americanidad en otra ocasión dijo: “Preservado así, nuestro sentido de identidad, dentro de nuestra unión profunda con los Estados Unidos de América, para tener esa unión de profunda sinceridad no es necesario despreciarse a sí mismo, no es necesario creerse que el pueblo de Puerto Rico no sirve para sí mismo”.

El gobernador defendió la unión permanente, pidió que siempre se izaran las dos banderas con orgullo. Además, entendió que Puerto Rico no podía vivir solo de transferencias de fondos federales; favoreció y entendió la necesidad “económica, moral y política” de que Puerto Rico contribuyera al tesoro federal pagando impuestos federales. Argumentaba que cuando el desarrollo económico llegara a cierto punto, la isla debía aportar directamente al tesoro federal. Apoyó el voto presidencial y lo incluyó en el programa de su partido. Ese apoyo al voto presidencial lo declaró abiertamente en vistas congresionales. Ese gobernador entendía que eran imprescindibles para Puerto Rico los pilares comunes de derechos fundamentales, defensa, un común mercado, el dólar y la ciudadanía americana. Esos lazos, la fusión cultural y la inclusión de soldados puertorriqueños en el ejército llevaron al gobernador a entender que se habían formados pilares inquebrantables de unión y siempre había de apoyar los postulados de nuestra nación, sin minimizar nuestra patria puertorriqueña. En otra ocasión dijo: “Puerto Rico nunca será independiente porque el 95% de los puertorriqueños atesoran la ciudadanía americana”.

Para ese gobernante, la ciudadanía era un orgullo, el gobernador entendió que no solo se es ciudadano americano; sino que los puertorriqueños son americanos. La ciudadanía la llevaban dentro, y con la particularidad puertorriqueña, se creaba una “unidad dentro de la diversidad” como le llamaba, de esa forma “enriqueciendo la Unión Americana”. Dijo ese gobernador: “No debe de haber duda de nuestra dedicación a la unión permanente y a nuestro propósito de enriquecer el significado de ciudadanía americana”. Para él la estadidad era un estatus digno, una meta que era decisión del pueblo.

Parecería que las palabras de ese gobernador fueron dichas por Luis Ferré o Carlos Romero Barceló. Pero no, esas palabras fueron expresadas por Luis Muñoz Marín. A través de toda la década de los cincuenta, hasta finalizar su gobernación, y todo el resto de su vida, defendió la unión y el orgullo puertorriqueño dentro de la Unión Americana. Su puertorriqueñidad era una forma de ser americano. Libre de complejos, Muñoz encarnaba lo mejor de Puerto Rico. Orgulloso de sí mismo y de su patria, amante de su nación americana y sus libertades.

Por esas razones, sumadas a su fe en las instituciones comunes, su creencia en contribuir al tesoro federal, etc., fue que funcionarios de la administración Kennedy le preguntaron en discusiones sobre el estatus ¿Por qué no ser estado? Siguiendo la lógica unionista de Muñoz, podemos inferir que el ELA mejorado (la culminación del ELA) es la estadidad. Lo verdaderamente mejor de dos mundos en igualdad junto a nuestros conciudadanos. En estos tiempos, el optimismo y patriotismo de Muñoz debe ser rescatado. Aunque tengamos nuestras diferencias políticas e ideológicas con Muñoz, no significa que no podamos respetar sus virtudes. Russell Kirk decía que no se podía mejorar una sociedad pegándole fuego, si no que se tienen que recuperar sus virtudes y aplicarlas a la modernidad. Luego de dos décadas pérdidas, para Puerto Rico es pertinente recurrir a ese espíritu. De esa forma, aspiremos a hacer, como nos pedía Muñoz, una mejor unión y una sociedad próspera, libre y sin complejos; a ser puertorriqueños con orgullo y ciudadanos americanos con orgullo.

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