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CRÓNICAS

“El plebiscito y sus retos” -Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Es fascinante notar como las actitudes ante los plebiscitos de estatus han cambiado durante los años. Los plebiscitos habían sido un mecanismo útil y válido de consultar al pueblo puertorriqueño, directamente, sobre su preferencia para un estatus final. Esto duró hasta que en el 2012 la estadidad resultó triunfante. Luego de ese momento, la intelligentsia, aquellos formadores de opinión pública, crearon la teoría de que los votos en blanco cuentan y se propagó el discurso de que los plebiscitos solo eran engaños que no servían de nada excepto para manipular y, con claro desprecio a la inteligencia de los estadistas, para coger de idiotas a los estadistas. Ese discurso de menosprecio a los estadistas es dominante entre la élite criolla. Se presume por parte de la intelligentsia que los estadistas son personas simples, que desconocen el odio que les tiene EE. UU. y son víctimas de los capitalistas tratando de usarlos para mantener sus beneficios con la metrópoli. Según Thomas Sowell, es común que intelectuales, especialmente los modernos, miren la sociedad a la cual pertenecen con ese desprecio. En la autopercepción de la intelligentsia, estos tienen tanto conocimiento privilegiado que deben ser los encargados, los ungidos, para poder llevar la sociedad hacía una utopía. En fin, en esta visión sobre la sociedad puertorriqueña, el estorbo a la utopía y una sociedad ideal son los estadistas y su empeño terco en no desaparecer.

Como parte de esa visión de la intelligentsia, se ha ido propagando en Puerto Rico el fenómeno de que a medida que la estadidad logra apoyo mayoritario entre los puertorriqueños, más se deslegitimiza el valor de esos votos y cualquier decisión al respecto. Tan exitoso ha sido ese discurso que logró alimentar la apatía electoral para el plebiscito de 2017 y de esa forma se usó la baja participación para crear la duda sobre si los puertorriqueños desean o no la unión permanente con sus conciudadanos. La intelligentsia ha sido muy exitosa en crear una falsa percepción de los hechos, esto se ve en como manipulan eventos para ir minando el apoyo a la estadidad entre los puertorriqueños. Por ejemplo, cuando el voto para la admisión de Washington D.C. como estado pasó la Cámara de Representantes federal, se vio en las redes comentarios de periodistas resaltando la noticia y pintándolo como evidencia de que a Puerto Rico no lo quieren en la unión. Sin embargo, cuando son encuestas detallando el apoyo entre norteamericanos a la admisión de Puerto Rico, no se da el mismo nivel de fuerza en la noticia. Lo mismo con políticos o figuras públicas en EE. UU., si Mitch McConnell dice no a la estadidad, eso es válido y representa un obstáculo insuperable para la igualdad. Si Marco Rubio o Barack Obama dicen estar a favor, eso es mentira y un engaño con siniestro para sacarle dinero a los estadistas.

Es común entre la intelligentsia operar así, cualquier evidencia o hecho que se vaya contra sus ideas preconcebidas es rechazada, minimizada a simples sentimientos irracionales o se achacan a motivos insidiosos. Allá para la época de las hambrunas soviéticas, por ejemplo, el periodista Walter Duranty servía como apoyo intelectual para las hambrunas de Iósif Stalin y negó que estas estuvieran ocurriendo; algo común entre los intelectuales que admiraban la URSS. Algo similar ocurre con el estatus de Puerto Rico y los intelectuales que hablan sobre el tema, todo es inclinado a favor del separatismo. La estadidad no es una lucha fácil y un enemigo es la intelligentsia criolla que busca pintar una realidad alterna donde todo aquello que sea en detrimento de la igualdad de los puertorriqueños es resaltado en todos los medios y redes; mientras que todo aquello que sea a favor de la igualdad es ignorado o minimizado.

En lo personal, entiendo que este no es un momento idóneo para hacer el plebiscito estadidad sí o no. Se presta para la conglomeración indebida de temas y el ideal puede salir perjudicado por los desaciertos del PNP en los pasados cuatro años. Sin embargo, ese plebiscito puede servir como una espada que corte el nudo gordiano del estatus, ya que es una pregunta directa de sí o no. Todo lo que se tiene que decir sobre el estatus lleva dicho hace décadas, son pocos los electores que no deben tener una opinión al respecto. Un voto por el sí sería claro y sin equivocaciones, esto, sumado a la elección de un gobernador estadista, podría servir para adelantar la causa. No significaría que se logre la igualdad en un instante, sino que se pueden tomar iniciativas a favor, más con el ojo de la nación sobre Puerto Rico. De todas formas, en la lucha por la estadidad se encontrarán decepciones. El progreso será lento; habrá oposición, eso es natural. Alguna será racional y fundamentada, otra será racista y emocional, se luchará contra enemigos en todas partes, hasta entre los mismos puertorriqueños; proyectos de admisión fracasarán en el Senado o la Cámara, o simplemente no se atenderán. Pero no se debe escuchar los cantos de sirena ni perder la fe, de ganar el SÍ se debe usar toda iniciativa pacífica para pedir un Acta de Admisión y lograr la igualdad. El poder está en nuestras manos. Así las cosas, es una realidad que, si llegara a ganar el NO en el plebiscito, de pronto la intelligentsia demostrará como los votos plebiscitarios sí son útiles y válidos. Atrás quedarán los votos en blanco y la representación de todas las opciones imaginables de estatus, la “autodeterminación” servirá solo para las opciones separatistas y se buscará aislar los estadistas de toda participación. Eso es lo que se juega en noviembre.

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