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CRÓNICAS

“Reflexión personal a tres años de María” – Daniel S. Russe Ramírez

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Por: Daniel S. Russe Ramírez

Por los pasados tres años, la fecha del 20 de septiembre se ha convertido en una de reflexión para muchos, si no todos, los puertorriqueños. La fecha marca un evento trascendental en nuestra historia que continuaremos reviviendo por generaciones. En la madrugada de ese día, hacía entrada por Yabucoa, la peor calamidad natural de nuestra historia moderna: el devastador monstruo que fue el Huracán María a su paso por el Caribe. Los números pueden ser un poco más ilustrativos a la hora de comprender el impacto sobre la isla.

Ciertamente, el huracán fue uno histórico en varias formas que estableció hasta récords metereológicos como también de logística y en respuesta a emergencias. El huracán María se encuentra entre los 10 huracanes que más vidas han cobrado a través de su paso por el Atlántico. Fue el fenómeno de esta índole más intenso en esa activa temporada de 2017 y el que más vidas cobró. Lo que experimenté esa madrugada y mañana lo llevaré siempre vivo en mi memoria.

Me preparé, como todos, para lo que ya era el paso inminente de un huracán categoría 5. Cuando digo “preparar” me refiero a lo que antes de María, considerábamos estar “preparados”. En ese momento, mi generación, al menos los que somos del Área Metropolitana, solo tenemos el recuerdo de infancia del paso del huracán Hugo: un huracán categoría 3. El recuerdo más vivo que tengo de ese huracán fue ver el techo de zinc de mis vecinos volar y los meses posteriores en que tuvimos que estudiar bajo la luz de las velas. María renovó mis recuerdos de lo que era un huracán y me permitió entender mejor por qué estos fenómenos heredaron su nombre de la temible deidad Taína.

Mientras mi familia dormía en uno de los cuartos, yo pasé la noche escuchando como las ráfagas golpeaban las tormenteras de mi hogar. Fue como si algún peso completo las estuviera golpeando con sus puños. Nunca olvidaré ese sonido. Según avanzaba el paso, vi los árboles ser derribados y sus raíces expuestas. Vi carros estasionados en colinas, jamaquearse al punto que pensé que lo arrojaría jalda abajo. Vi, una vez más, y de forma más impactante, el techo de zinc de un vecino volar y sus restos terminar sobre mi patio. Vi satélites de cable tv, amarrados contornillos al concreto, planear como aviones de papel. Vi la lluvia caer de forma horizontal, arrastrada por las fuertes ráfagas. Esa misma lluvia se coló por algunas ventanas, a pesar de estar cerradas y cubiertas.  En fin, fue una experiencia dificil de transmitir a quien no la vivió.

Una vez se calmó el ambiente y mi mente pudo procesar otros pensamientos por encima del estado natural de alerta, algunos de esos primeros pensamiento fueron: cuánto nos tomará como pueblo levantarnos; cómo ayudaremos a los más afectados; que quedará aún de pie… tan pronto pasó el huracán, la respuesta de mi comunidad me trajo esperanza. Muchos nos dimos a la tarea de limpiar los caminos; remover escombros y árboles; ayudar a recoger las pertenencias de los más afectados… Usamos nuestra manos y las pocas herramientas que tuvimos disponibles. Fue duro, pero lo hicimos como comunidad, como hermanos puertorriqueños. Una vez fueron limpiados las calles, pude evaluar los daños en las comunidades y carreteras aledañas. El nivel de devastación volvió a traer las dudas de cómo nos levantaríamos. Desde el punto de vista militar, el huracan María consiguió lo que todo ejército busca lograr sobre su enemigo: eliminar sus comunicaciones; destruir su infraestructura vial; y acabar con las líneas de abasto. María logró esto en menos de 24 horas.

Afortunadamente, los puertorriqueños hemos sido forjados por los cantazos que nos ha dado la historia y hemos aprendido a superar los peores adevenimientos. Hoy, tres años después, podemos mirar hacia atrás y reafirmar que nos crecemos ante los retos y que persistimos frente las luchas. Dicho esto, no podemos obviar que no hemos estados solos durante esta recuperación. Hemos sido asistidos por el Gobierno Federal que movilizó cientos de soldados, rescatadores, personal de FEMA y de un sin número de agencias; así como también ha asignado billones de dólares en ayudas y fondos de reconstrucción. Por su parte, nuestros hermanos estadounidenses del continente, no escatimaron en ayudarnos en esos momentos difíciles. Es por esto que, dentro de esa reflexión que hacemos, no podemos dejar de recordar que, somos parte de una gran nación y que aun nos queda una gran batalla politica: alcanzar la igualdad mediante el ÚNICO mecanismo permanente que tenemos, la estadidad.

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