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CRÓNICAS

“Del carácter de los gobernantes” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Marco Tulio Cicerón decía que “la gloria persigue la virtud como si fuera su sombra” y a poco tiempo de las próximas elecciones es oportuno reflexionar al respecto del carácter y las cualidades imprescindibles para un gobernante o figura histórica. Edmund Burke entendía que la cualidad más importante en un gobernante es la prudencia y con ella la capacidad de actuar tomando en consideración las múltiples dimensiones de un asunto y respetando precedentes e instituciones. Pero, por supuesto, eso no es suficiente. La prudencia en extremo puede llevar al fracaso.

Calvin Coolidge entendía que lo más importante era la persistencia. El perseverar hasta al final, se pierda o se triunfe. Esa capacidad, pienso yo, unida a la prudencia y a la moralidad es lo que lleva a la virtud que hablaba Cicerón. O quizás, como mejor expuso el expresidente John F. Kennedy, lo importante es algo difícil de definir, algo que él denominó como “grace under pressure” el no perder la calma o el sentido de orientación ante las adversidades de la política. Es, básicamente, la capacidad de usar las virtudes anteriores para atender las circunstancias que surjan, en la actividad más ingrata e inagotable que existe, que es el gobernar. Dos últimos factores que deben ser importantes son el espíritu cívico y la humildad ante el poder. En sociedades democráticas el electorado debe estar más precavido aún con las ínfulas de grandeza. Calvin Coolidge explicaba que cuando una persona sentía que era la única que podía gobernar, ésta cometía traición al espíritu de las instituciones democráticas. Ese expresidente también dio otro consejo: que era una fuente de seguridad y estabilidad que un gobernante supiera que no era un gran hombre, algo que parece estar en escasez.

Puerto Rico, decía el exgobernador Rafael Hernández Colón, es ingobernable. La total incapacidad y desespero de los últimos años quizás demuestra lo certero de esa aseveración. Sin embargo, era igual de ingobernable en otros momentos y se pudo gobernar. Es ahí que quizás entra el carácter, la virtud de quien pretende dirigir las riendas del país. Luis Muñoz Marín, por ejemplo, tuvo que lidiar como presidente del Senado con una gran depresión, pobreza extrema y durante el cuatrienio de 1940-1944 con una legislatura dividida. Posteriormente, como gobernador, tuvo que atender sedición nacionalista, el ascenso del Partido Acción Cristiana y muchas crisis más. Luis A. Ferré lidió con terrorismo, huelgas universitarias, la marina en Culebra, gobierno compartido, etc. En fin, gobernar es lidiar con crisis constantes. Eliot Cohen dijo que el éxito gobernando se define más por las cosas que uno evita que las grandes hazañas logradas. Parte de cómo se logra esto es la honestidad con el pueblo. Cuando el desalojo de Dunkerque por el ejército británico en la Segunda Guerra Mundial, el Primer Ministro Winston Churchill pudo presentar ese retiro de sus tropas como un éxito sin precedentes mientras trataba de no asustar a la población. Sin embargo, dijo la verdad. La situación no pintaba bien, “I have nothing to offer but blood, toil, tears and sweat”. Le advirtió al pueblo que vendrían tiempos difíciles, como de hecho ocurrió. Igualmente, Abraham Lincoln durante la Guerra Civil, en su discurso de Gettysburg, le recordó al pueblo porque luchaba y, además, que vendrían sacrificios iguales o peores. En ambos casos, una promesa de luchar y perseverar, pero desde la realidad y honestidad de los acontecimientos.

En Puerto Rico, parece haber un déficit de ese carácter, de ese liderazgo. Un populismo rampante que pretende soluciones mágicas a los problemas sin ningún tipo de sacrificio. Es por eso que casi todos critican PROMESA, pero ninguno de los partidos minoritarios logra contestar la pregunta de qué alternativa se podía hacer dentro de las circunstancias en las que se instaló dicho organismo. Ese mismo espíritu populista es el que pretende cancelar la totalidad de la deuda sin pensar en las consecuencias a largo plazo para Puerto Rico, como ¿Qué pasaría con la credibilidad de Puerto Rico? Demagogia irresponsable.

De todas formas, conociendo esa tendencia a la crisis que tiene la Fortaleza, parte del cálculo que debería hacer un elector al votar debe ser reflexionar si su candidato predilecto le parece poseer esas virtudes de un líder para tiempos difíciles. Un candidato que responda constantemente todo en redes o no pueda dormir por días porque se le acusó de racismo, con ínfulas de grandeza infundadas, no parece cumplir con esas cualidades. Muñoz se le acusaba de usar opio, a Ferré se le insinuaba de ser un conflicto de interés encarnado y corrupto, a Carlos Romero Barceló se le destruyó tanto su reputación que lo acusan de asesino. La política es, desafortunadamente, asquerosa muchas veces; parafraseando a Harry Truman, “si quieres un amigo en la política, cómprate un perro”. Escoger gobernantes con egos frágiles no es una buena receta para salir de la crisis, tampoco es el escoger un gobernante que se pasee entre la demagogia y el populismo barato. En fin, no sé quién debe ganar la gobernación, pero esperemos que aquello que denominó Edmund Burke como la sabiduría de la sociedad, actuando en su conjunto, logre la respuesta que individualmente, a veces, no podemos encontrar.

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