Connect with us

CRÓNICAS

“La libertad económica y Puerto Rico” – Rodney A. Ríos Rodríguez

Published

on

Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

“I want the people to be able to work less for the government and more for themselves. I want them to have the rewards of their own industry. This is the chief meaning of freedom”. -Calvin Coolidge

Durante y luego de la Gran Depresión se vio un crecimiento constante del Estado y una fe en su planificación de toda la vida económica y social para superar todos los problemas humanos, a esto se le conoce como el estatismo. En el origen del estatismo se suponían varias cosas: que el capitalismo había fracasado; que la sociedad civil, aquella sociedad fuera del alcance del Estado, era inútil para atender los graves problemas modernos y que el Estado mediante planificación podía resolver todos los problemas de la sociedad moderna. Por décadas se dio en todo el mundo un crecimiento casi imparable del Estado, invadiendo espacios que antes estaban fuera de su alcance mediante reglamentación excesiva o la nacionalización de industrias. Aunque siempre hubo filósofos defensores de que una economía o una vida social no se puede planificar centralmente y que una sociedad civil compuesta de pequeños organismos sociales son una mejor forma de sociedad; también aludían a la imposibilidad de planificar toda la existencia social y dejar que el orden espontáneo que se produce en las interacciones entre personas día a día rigiera la sociedad y sus destinos; pero el estatismo se imponía.

El pensar estatista tuvo su efecto en Puerto Rico, desde la década de los treinta se hizo dominante la idea en la isla de que el Estado debe ser paternalista y encargarse de todos los asuntos de la vida a la vez que garantice todo como un “derecho”, como si el calificar algo como un derecho automáticamente lo eximiera de la escasez. Desde que el Partido Popular y Tugwell lanzaron su cruzada, en Puerto Rico se fue lentamente absorbiendo la sociedad civil y la mayor parte de la empresa privada al orbe del Estado, ese estatismo eventualmente llegó a su inevitable colapso en la actual depresión económica. El problema de un modelo socialista dijo Margaret Thatcher, es que tarde o temprano se te acaba el dinero de otros. La economía planificada centralmente nunca ha sido seriamente cuestionada en la isla, solo en parte por gobernadores novoprogresistas que siempre eran derrotados antes de poder romper, aunque fuera poco, el estatismo. Por lo tanto, todo esfuerzo de reducción del Estado ha sido resistido y los intentos de cuestionar el estatismo permanecen mayormente al margen. Esto parece estar cambiando un poco.

 Entre la crisis económica, la corrupción y la quiebra, el gobierno se ha ido desacreditando. El huracán María, por ejemplo, resaltó la ineficiencia del gobierno de Puerto Rico y toda su “planificación”. Como resultado de esa desilusión, parece que los puertorriqueños han redescubierto la necesidad de una sociedad civil independiente del Estado. Esto lo vemos en internet cada vez que se comparten cosas de que el pueblo debe ser el que se encargue de ellos mismos y la fuerte desconfianza hacia los políticos.

Sin embargo, no está claro que es el fin del paternalismo gubernamental en la isla. Al escuchar los agravios, a veces parece ser un sentido de indignación a que se puede planificar y que el Estado sea nuestra niñera, pero que son los políticos que impiden que un gobierno resuelva todas nuestras vidas. Por ejemplo, en los programas de algunos partidos el enfoque es declarar el acceso al internet como un derecho humano y hacerlo responsabilidad del gobierno, o reformas electorales para mayor participación ciudadana, como si votar en sí solo milagrosamente acabara la crisis. Nuestro debate político gira casi exclusivamente en torno a la “redistribución” de la riqueza; Margaret Thatcher decía que, para poder redistribuir la riqueza, primero es necesario crearla. Hace falta en la discusión política en Puerto Rico una voz pro libre mercado, ya que, por más que se niegue, el sistema de libre empresa, con la reglamentación necesaria, ha sido el mejor instrumento para reducir la pobreza extrema desde Hong Kong hasta en el propio Puerto Rico.

Aunque la reacción a favor de la sociedad civil de querer un cambio en gobernanza es de celebrar, no es claro que hay un cambio de paradigma permanente a favor de un gobierno pequeño y menos dependencia hacia el Estado. Por momentos parece ser que lo que se busca es regresar al estatismo extremo de los años setenta, o peor. Es curioso ver como algunos proponen combatir la corrupción y los problemas creados por el gobierno aumentando el poder y el tamaño del gobierno que ellos mismos alegan que es corrupto e ineficiente, esto es “un acertijo, cubierto en un enigma, dentro de un misterio” como expresaba Sir Winston Churchill. Lo que es obvio, sin embargo, es que después del deterioro del gobierno de Puerto Rico y ante el ascenso del populismo criollo, es tiempo de presentar, en palabras de Barry Goldwater, una alternativa y no un eco al estatismo dominante en los partidos políticos de la isla. Si no se toma en cuenta el desarrollo económico con una base en un sistema de libre empresa a la hora de votar, el votar en sí y el reto de “sácala y úsala” respecto la tarjeta electoral son solo un ejercicio superficial y fútil para sentirse bien por estar “luchando” contra el bipartidismo.

Copyright © 2020 Ojo al Medio. LLC.