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CRÓNICAS

“Del partidismo y otros demonios” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Es común escuchar en distintos círculos sociales que la sociedad para poder progresar debería dejar atrás la política. En ocasiones, esto se refiere exclusivamente a dejar el partidismo político y en otras se refiere a una visión de superar la política socialmente, como si fuera un enemigo que se puede derrotar mediante el esfuerzo en conjunto de la sociedad. Esas actitudes se han visto en incremento durante distintos momentos. Por ejemplo, Platón anhelaba un rey filósofo para que éste gobernara la sociedad sabiamente y sin política en la antigüedad clásica y hoy en día Neil deGrasse Tyson ha propuesto una sociedad gobernada puramente por el método científico, por expertos. Lo que tienen en común estas visiones es que obvian la diversidad humana y la naturaleza de esta. Como bien dijo James Madison, si los hombres fueran ángeles no fuera necesario un gobierno. A eso le podemos añadir que, si las personas no fueran guiadas por sus diversas pasiones, entre ellas la ideológica, entonces no fueran necesario los partidos.

Es cierto que hay momentos de unidad nacional, donde las pasiones partidistas y políticas quedan rezagadas a un segundo plano; un ejemplo admirable es la tradición británica de hacer coaliciones de gobierno entre todos los partidos en momentos de emergencia nacional. Pero es mucho más común en la historia que las sociedades se dividan en facciones dependiendo de las creencias de un grupo u otro. Prueba de esa naturaleza de organizarse en partidos o facciones políticas es que aún en tiempos de la República Romana se veía una división entre partidarios de las masas (“populares”)y las élites (“patricios”). En las monarquías era costumbre que los que se oponían a las políticas de un rey se organizaban en oposición alrededor del príncipe heredero u otro noble. Al principio de la República Americana, sus protagonistas tuvieron la fantasía de que se podrían evitar las facciones políticas, ya que les parecían que eran corrosivas a un sistema republicano de gobierno. Sin embargo, esa ilusión no duró mucho, durante el primer término de Washington ya se veían facciones pro y anti-administración; para el segundo, Hamilton y Jefferson se habían convertidos en los líderes de sus respectivos partidos, con unas campañas de lodo entre sí que abochornan siglos después y hacen parecer las campañas primaristas de ahora un paseo en Venecia.

A medida que un grupo de personas comparte una ideología, estos, naturalmente, se agrupan en partidos que se basan en esa visión. Fernando Bayrón Toro decía que los partidos son los vehículos que ponen a correr el aparato democrático, movilizan opinión pública, votantes y luchan por implementar un programa de gobierno. Eso no significa que sean monolíticos en ideas o estáticos, estos cambian, aun cuando mantienen sus características generales.

Calvin Coolidge explicaba que los partidos sirven a la sociedad proponiendo alternativas para la gobernanza, eso requiere que un partido esté organizado de tal forma que pueda ejercer presión sobre sus miembros y llevar a cabo el programa de gobierno. En sociedades tan grandes y diversas, es necesario que existan los partidos. Esto no quiere decir, como decía Coolidge, que un espíritu no partidista por el ciudadano no tenga lugar, eso tiene sus ventajas, principalmente para la alternancia del poder. Pero Coolidge explicaba que es necesario que para que puedan existir independientes, alguien tiene que ser un partidista. Además de que, en nuestro sistema, la iniciativa debe comenzar en algún lado, y el instrumento para eso son los partidos. Los partidos se componen por personas que comparten visiones, además de los intereses particulares que puedan existir.

En Puerto Rico se ha visto una frustración de parte de los que abogan por un cambio con los partidos y un llamado al “voto inteligente” que es, alegadamente, votando solo por candidaturas. Esto tiene el problema de que no toma en cuenta las visiones particulares de un elector o candidato. Por otro lado, no garantiza nada en cuanto a gobernanza. Un gobierno compartido tiene sus ventajas, pero la experiencia en Puerto Rico no ha sido muy positiva en este aspecto. ¿No creen que la isla se puede poner peor? Imagínense un gobierno donde el ejecutivo es Lúgaro, el Senado PNP y la Cámara PPD. Es por esto que la lealtad de un sector a un partido tiene importancia, para que estos puedan funcionar y llevar a cabo sus metas. Coolidge argumentaba que un partido debe tener suficiente organización y poder sobre sus miembros para cumplir sus compromisos programáticos, sino dejan de ser un instrumento de utilidad a la sociedad. Esta lealtad, a mi entender, debe ser de centristas, evitando el tribalismo que es tan común hoy en día. Claro, esto no significa que no habrá choque de ideas, no es realista esperarse que la historia corra sin fricción. Las visiones estarán en conflicto, y solo el tiempo determina que de estas triunfa y que no. Por eso dijo Benjamín Disraeli: “cuando se trata del presente, el presente que vemos y sentimos, nuestras opiniones sobre él son generalmente desconcertantes y erróneas”. En fin, las facciones políticas son inherentes a la condición humana y dentro de las sociedades libres es natural que nazcan partidos. No hay nada malo con apoyar un partido en sí, depende cual apoyes y que crees como ciudadano. Pero pensar que la política, especialmente en democracia, es cosa de utopías donde todos piensan igual y estarán en consenso siempre, es ingenuo.

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