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CRÓNICAS

“El Destino del Estatus” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Transpórtese por un momento a un escenario donde existía en la Fortaleza un incumbente que apoyaba la estadidad para Puerto Rico, esa administración estadista goza de una mayoría legislativa en el Capitolio. Añádale también que hubo apoyo en poco tiempo no solo a incluir a Puerto Rico dentro del voto presidencial, sino además una resolución del Congreso apoyando la decisión de los puertorriqueños sobre un estatus final y cooperar con el pueblo puertorriqueño para lograrlo. Además, unos años antes el presidente saliente, derrotado en su intento de elección, había enviado un proyecto de admisión para Puerto Rico; el cual fue limitado en su impacto por el hecho de que en un plebiscito pasado había triunfado el Estado Libre Asociado. Pero, de todas formas, unos años después un candidato triunfante a la presidencia igualmente apoyaba abierta e inequívocamente la estadidad para Puerto Rico.

En ese momento, la economía de Puerto Rico estaba en crecimiento, con estabilidad política, más apoyo en el Congreso y presidencias, pasadas, presentes y futuras para la admisión. Solo faltaba un mandato del pueblo para la admisión. Esas eran las circunstancias en Puerto Rico y para el movimiento estadista en el periodo de 1980-1984. Un tiempo antes, el presidente Nixon había apoyado el voto presidencial para la isla; durante el periodo 1976-1980 la Resolución Corrada había establecido el apoyo del Congreso a que Puerto Rico eligiera un estatus, además de que los presidentes Gerald Ford y Ronald Reagan habían apoyado la admisión de Puerto Rico a la unión y Ford, incluso, había presentado un proyecto para tal propósito. En el contexto criollo, Carlos Romero Barceló había ganado las elecciones de 1976 con mayoría legislativa, teniendo incluso buenas relaciones con la administración Carter. No es de sorprenderse, entonces, que la izquierda puertorriqueña colectivamente cayó en histeria. Es difícil imaginar otro momento en la historia moderna donde la estadidad parecía tan cerca y alcanzable. Tanto así que unos años después, el presidente George H. W. Bush igualmente endosó la estadidad y hubo un esfuerzo genuino de parte del Congreso junto a los partidos locales de solucionar el tema de una vez y por todas.

Pero, regresando a los años 80, cabe señalar que de la reacción de la izquierda a la posibilidad de la estadidad surgió el denominado voto melón, donde independentistas prestan su voto al Partido Popular no para lograr la independencia, sino para detener la estadidad. ¿Por qué? Si la estadidad es un ideal supuestamente imposible, ¿Por qué ese desespero de la izquierda para derrotar a Romero Barceló en aquel momento? Claro, es una realidad en la que se veían muchos factores a favor de la admisión de Puerto Rico y en aquellos tiempos existía en EE. UU. lo que Rich Lowry denomina “la gran era nacionalista”, donde la política era mayormente de centro y no estaban presentes el radicalismo e intransigencia de hoy en día.

Fue la tragedia del movimiento estadista en aquella época no consolidar sus ventajas. El triunfo del PPD en conseguir una mayoría legislativa en 1980 llevó al fin de las iniciativas plebiscitarias de Romero Barceló, en 1984 la victoria de Hernández Colón selló el triunfo de la alianza estadolibrista-separatista y la estadidad quedó derrotada. ¿Qué hubiese pasado si un gobierno estadista hubiera trabajado de la mano con el presidente Reagan o Bush? Nunca sabremos. Es una realidad que la historia, no es inevitable y dirigida a un solo destino. La historia se mueve hacia donde la muevan sus actores. La izquierda vio que la estadidad era posible, por eso lucharon salvajemente para derrotar a los estadistas en la década de los ochenta y lo lograron. La estadidad es el ideal, supuestamente imposible, que más se ha luchado en la historia para derrotar. Por algo tanto cabildeo y campaña de miedo. Está bien que se opongan los separatistas, pero que no pretendan que el ideal es imposible cuando sus acciones demuestran lo contrario. Si hubo un momento propicio en la historia de EE. UU. y Puerto Rico para lograr la admisión, fue durante todo ese periodo de oro post Segunda Guerra Mundial y que se extendió hasta los años noventa.

El inmovilismo logró detener el empuje estadista, posteriormente desde que comenzó la crisis económica y desde que salió la Marina de Vieques, se ha visto un constante bombardeo separatista en los medios, esto, sumado al éxodo masivo de puertorriqueños y el desencanto con los partidos, ha ido minando el unionismo en Puerto Rico. Por otra parte, los intelectuales y la prensa han sido exitosos en deslegitimizar los plebiscitos y pintar una ilusión de que la estadidad es imposible cuando esta se encuentra, como siempre ha estado, en manos de los puertorriqueños. Es una de las grandes bromas de la historia de Puerto Rico que la estadidad vino a ganar en 2012 a la vez que un estadolibrista ganó la gobernación, igual de cínico que la Carta Autonómica se lograse justo antes del cambio de soberanía. Esto, sumado a que la era de consenso nacional en EE. UU. ya es cosa del pasado y en el contexto criollo se ven semillas preocupantes de apatía y falta de creencia en el poder puertorriqueño para lograr la igualdad, lleva a una pregunta incomoda, ¿y si el momento para lograr la igualdad ya pasó? El tiempo dirá, pero sí es claro que se necesita ahora más que nunca un liderato y movimiento estadista fuerte, que anime e inspire. Ahora más que nunca nos debemos unir todos los estadistas, recuperar la iniciativa y luchar. Sino es así, ¿Qué será de Borinquén?

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