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CRÓNICAS

LA HORA DE LA INDEPENDENCIA

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Por: Luis R. Dávila Colón

Nos llegó así… gradualmente, poco a poco, a tientas por la cocina, casi invisible al ojo, imperceptible a los sentidos de la cotidianía, disfrazada entre quiebras, revoluciones, pandemia, catástrofes, rupturas, “trompismos”, “wandismos”, propaganda mediática, desinformación, escondites y mucha, pero que mucha, ingenuidad acentuada por la ignorancia de una ciudadanía al borde del colapso nervioso. 

Así que llegó -así como quien no quiere la cosa- la hora de la independencia regenteada por Aníbal Acevedo Vilá, el político más corrupto y más manipulador de la historia moderna colonial.  Asistido por una mediocracia aduladora y cómplice del operativo separatista a ejecutar.  Si usted le pregunta a cualquier paisano o a un empresario, entrarán en negación mil veces y dirán que la independencia es imposible.  Que todo es puro cuento retórico.  ¡Unjú!  Nunca nadie contó con la quiebra de todas las estructuras coloniales, el desprestigio mediático de todas las instituciones democráticas, la llegada del racismo trumpiano al poder, la depresión económica de un siglo, el vacío de liderato cualitativo, la llegada de una gobernadora usurpadora, tan déspota como incompetente, una pandemia con depresiones sicológicas y la degeneración ideológica del partido estadista con mitad de su electorado mutado en colonizados sumisos devotos de la “Virgen de las Wandemias”. 

Es sin duda alguna, la coyuntura histórica perfecta para la remontada de la independencia y del nacionalismo maquillado de “soberanismo” traído por el partido cuyos orígenes fueron independentistas, que siempre aspiró a la separación, pero que no ha tenido el valor para salir del closet con una carta de presentación separatista, segregacionista, racista y supremacista.  Después de todo, aquellos que nos quieren separar de los Estados Unidos parten de tres prejuicios fundamentales: 1) la superioridad de la “cría boricua” sobre “el tirano americano”; 2) la hegemonía del nacionalismo insulador sobre el multiculturalismo integrador; y 3) el complejo de inferioridad que nos pinta como el Pueblo escogido separado del “pueblo invasor”.  Claro está, todo ello con un asterisco.  La llamada independencia solo es viable con los ilimitados billones federales enviados a la ínsula por los contribuyentes del “invasor” y reteniendo la Ciudadanía Americana de aquel ente político que denigramos, repudiamos y rechazamos a viva voz, pero que sin su mantengo no podríamos sobrevivir libres y soberanos. 

Si no hubiese sido por Ojo al Medio, la hoja de ruta hacia la independencia trazada por Aníbal Acevedo Vilá y Carlos Delgado Altieri nunca hubiese sido reseñada por la mediocracia colonial.  Todo surgió de un inocuo tuit del Presidente del PPD, dándole la bendición al proyecto de una Asamblea Constituyente radicada por las congresistas americanas Nydia Velázquez y Alexandria Ocasio Cortez.  En el tuit explayado y a todo color se presenta, en 280 caracteres y una ñapita, la hoja de ruta hacia la independencia: 1) Primero, desprestigiar la papeleta y la consulta de la “Estadidad Sí o No”; 2) decir que la consulta al Pueblo “no vale ná”; 3) participar diciendo “No” y derrotar la estadidad para siempre; 4) ocultar la independencia, diciendo que solo buscan la “soberanía” en un “ELA desarrollado” sin explicarle al elector las consecuencias de esa soberanía; 5) abrazar la madeja procesal de la Asamblea Constituyente contradiciendo las declaraciones de Altieri del 10 de agosto de 2020 de que el status no era importante;  6) avanzar una propuesta en el Partido Popular para un Puerto Rico soberano, no colonial ni territorial; 7) ganar las elecciones y la comisaría residente; 8) ejecutar la Asamblea Constituyente; y 9) emprender el rumbo sin regreso hacia la separación.  Cocinado el plan, ya no es necesario quemar ni robarse la papeleta como propuso hace unos meses el “cerebro” Acevedo Vilá.

Claro está, para que el esquema separatista funcione se tiene que recurrir al mismo engaño de la Asamblea Constituyente de 1951 y la Ley 600 de 1952, que nos embarcó hasta el caos de hoy.  Entonces, los mismos mercaderes del templo nos vendieron la idea en un Referéndum Sí o No, celebrado el 4 de junio de 1951, para que aprobáramos una mercadeada descolonización con la Ley Pública 600.  Y posteriormente, nos vendieron una Asamblea Constituyente cuyo producto fue aprobado en otro Referéndum Sí o No, celebrado el 3 de marzo de 1952.  Entonces, también nos hicieron creer que la dichosa Constitución era un estado, libre y asociado, soberano y descolonizado.    

Hoy, 70 años después, vuelven con el mismo cuento del pescaito: votarle en contra a la estadidad, es viabilizar el camino a una soberanía que no es independencia, sino otro Estado Libre Asociado culminado, sin marras del Congreso y sin cadenas coloniales, pero con fondos federales ilimitados y la ciudadanía de aquel país “extranjero”.  Como decía el viejo refrán, “la primera cogida es de gratis, la segunda es de pendejo”.   De hecho, los que inventaron la patente de corso del “cogemos de pendejos hasta los nuestros”, fueron los “brothers” del 1950 y no los “Bros.” caídos del 2019. 

Culminado el proceso eleccionario y engañado el Pueblo nuevamente, el PPD nos meterá de nuevo en el laberinto de otra Asamblea Constitucional, en la que las congresistas americanas, Velázquez y Ocasio Cortez, serán las comadronas de ese parto soberano de los montes.  El truco tiene distintas consecuencias: 1) El control del status se manejará desde allá y no desde acá; 2) el proceso de la Constituyente está diseñado para bloquear la expresión del Pueblo en el Referéndum; 3) se invoca la autodeterminación, bloqueándola y predeterminando el resultado; 4) los “diásporos” que viven en la estadidad se convierten en los interlocutores y los “power brokers” de los colonizados de Puerto Rico; 5) al quitarle el poder decisional al elector, se le transfiere a los grupitos de delegados que irán a representarnos, asumo que con la misma “eficiencia” y “calidad” que durante 68 años “nos han representado” los miembros de la Asamblea Legislativa colonial; 6) el diseño elimina el mandato del voto directo y lo sustituye por la delegación a un comité que negociará con otro comité, para entonces someternos para aprobación la solución que les dé la gana; 7) Puerto Rico se convierte en efecto en la colonia y la posesión de los “diásporos” de allá que, en combinación con sus socios de acá confeccionan la mogolla; 8) este esquema reafirma el prejuicio racial de los Casos Insulares, que afirmaron que los habitantes de Puerto Rico somos distintos y separados y que se nos debe tratar fuera de los procesos tradicionales de la territorialidad americana; 9) el diseño invierte el trámite regular de la autodeterminación; aquí el colonizador le dice al colonizado el camino que tiene que seguir y no al revés.  10) ese diseño es tan antidemocrático, como el anacrónico colegio electoral federal, que permite que un grupo de compromisarios delegados elijan un presidente, aun cuando no tenga una mayoría de los votos en las urnas; y 11) el proceso parte del absurdo de que una asamblea, con un número pequeño de delegados, puede sustituir el mandato y el deseo de todo un electorado expresado libremente en las urnas. 

Pues sí.  La ruta a la independencia está trazada.  Aníbal Acevedo Vilá, Carmen Yulín Cruz, Carlos Delgado Altieri, Luis Vega Ramos, Rossana López, Juan Zaragoza y los separatistas del Partido Popular están a punto de lograr su sueño.  En el peor de los tiempos y en las peores circunstancias posibles: llegó la hora de la independencia.  ¡Patria y muerte, vencerán!

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