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CRÓNICAS

“El partidismo es para siempre” – Mario Ramos Méndez

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Por: Mario Ramos Méndez

Desde el siglo XIX los partidos políticos han sido una realidad en la historia de Puerto Rico. Hasta la década de los noventa de la centuria pasada, eran unas instituciones enormes donde la asistencia a las actividades que celebraban eran masivas. Con los cambios generacionales y las nuevas oportunidades de entretenimiento, la realidad de los partidos fue cambiando y su membresía comenzó un proceso de desgaste, reducción y erosión por la mala imagen que adquirieron.

Durante gran parte del siglo XX, hasta que surge la televisión por cable, luego el internet, YouTube y Netflix, entre otras cosas, el apego a estas instituciones se ha dado mayormente en la población envejeciente, que son las que más se identifican con el proceso político. Las generaciones siguientes son apáticas a la filiación política y a asistir a toda actividad de proselitismo.

La corrupción, el clientelismo, las traiciones entre compañeros de partido y la búsqueda desenfrenada por el poder para beneficio propio y de unos cuantos, ha lacerado el afecto que pudieran tener un número considerable de los afiliados y de la población. Ya nada es lo que era, y los sentidos de identidad y pertenencia se han perdido para siempre. Y aún con la inscripción de partidos emergentes que luego de participar en una elección desaparecen, el panorama no da muestras de mejorar.

Las disputas internas y ataques a mansalva contra el correligionario contribuyen al desapego y a la desafiliación que ha creado una enorme cantidad de indecisos de cara a las elecciones y, por supuesto, una gran cantidad de votos mixtos en las tres papeletas.

Esto no necesariamente afecta el proceso democrático, porque siempre los votos existirán. Un solo voto que se emita en las urnas es decisivo en una elección, aunque nadie más vote. Es la versión alterna a lo que José Saramago plantea en su novela, Ensayo sobre la Ceguera, donde en un pueblo los electores deciden no ir a votar.

Esto significa que todos los partidos deben de pasar por un proceso de crítica y autocrítica, pero no lo van a hacer. Los partidos se encarnan en su candidato a gobernador, si éste pierde se va y el partido que usó para satisfacer sus ambiciones entra en un proceso de letargo que queda afectado hasta que sucedan varias cosas; surja un nuevo líder con cierta simpatía del pueblo, se vaya la colectividad fortaleciendo en el proceso y el partido incumbente vaya erosionándose en el poder por distintos factores: corrupción, crisis económica, falta de legitimidad y negligencia en los servicios que el gobierno ofrece a la ciudadanía.. O sea, son una serie de factores combinados. Muy difícil si solo ocurre uno de ellos.

El futuro no se ve halagador para la salud de estas instituciones políticas que, a su vez, como el Dios Saturno se devoran a sus propios hijos. Partido Nuevo Progresista y Partido Popular Democrático deben hacer sus ajustes a través de la crítica y la autocrítica. Sin embargo, nunca un partido haría eso desde el poder. Ni los populares, en la época que obtenían mayorías del 60% la hicieron. Citaban a reuniones para la discusión de la salud, la filosofía y los cambios que pudieran hacerse a la institución, pero todo quedaban en nada.

Creo que en esto de hacer una autocrítica se dio, en el caso del PNP, en 1974 cuando Carlos Romero Barceló asumió la presidencia de su partido. Se dio un proceso de reorganización desde la base hasta el liderato, una nueva forma de tratar con la misma base y con el pueblo en general. Hubo rectificación de errores y estrategias nuevas, la que incluyó a la estadidad como un movimiento de derechos civiles. Antes solo se predicaba como un beneficio que tendría el territorio al advenir en estado.

Aún con toda esta vorágine de desgaste, desilusión por parte del pueblo y de miembros que han optado por la desafiliación y la total ausencia de participación hasta en elecciones generales, los partidos políticos -aunque con precaria salud e imagen desgastada en estos tiempos- seguirán existiendo en la historia de Puerto Rico. Solo una crítica y autocrítica podría fortalecerlos y redundar en beneficio del sistema democrático puertorriqueño, que en estos momentos lo afecta el insalubre desprestigio.

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