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CRÓNICAS

“Una Coalición Llamada PNP” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Escuchar a la izquierda progresista y a la derecha conservadora hablar sobre el Partido Nuevo Progresista y lo traicionados que se sienten el uno y el otro por ese partido, hace recordar la burla que hizo Voltaire sobre el Sacro Imperio Romano cuando dijo que éste no era ni sacro, ni imperio, ni romano. Al escuchar a muchos novoprogresistas, parecería que según ellos el PNP no es ni partido, ni nuevo, ni progresista. El que ronda por círculos estadistas, puede que haya notado que hay un creciente grupo de personas que dicen; partiendo de la izquierda, que el PNP es un partido demasiado conservador, de derecha extrema y controlado por fundamentalistas. Por otra parte, se pueden escuchar a conservadores lamentando que el PNP es un partido de izquierda, que no es verdaderamente conservador y es controlado por demócratas que trabajan con el Deep State y George Soros para destruir a Donald Trump y traer la independencia junto al comunismo y que es un deber de los conservadores salirse en masa del PNP y fundar un Partido Republicano aparte.

Es imposible que ambos campos estén en lo correcto, lo cual permite una tercera posibilidad, la cual en tiempos modernos es casi una herejía. ¿Y si ninguno de los dos campos tiene la totalidad de la razón y ambos tienen un poco de verdad? Fernando Bayrón Toro en su libro sobre elecciones y partidos en Puerto Rico coloca al PNP como el heredero de la larga tradición de partidos conservadores puertorriqueños. Esto es cierto, la base del PNP tiene una gran cantidad, quizás hasta su mayoría, de conservadores; pero también tiene una gran cantidad de liberales. Por esa razón, muchos de los legisladores y funcionarios del PNP se identifican como republicanos conservadores (por lo menos lo que era un conservador antes del surgimiento del culto a Donald Trump en el cual todo el que no baile a su ritmo es considerado un RINO); pero los gobernadores y la gran cantidad de comisionados residentes o figuras de liderato son demócratas liberales.

En la política del siglo 21, las coaliciones no son vistas favorablemente. La polarización ha llevado a que los partidos sean dogmáticos y con credos oficiales. Por tanto, a medida que se polariza la sociedad, el PNP ha ido encontrando fricción entre sus alas. En los partidos nacionales, antes ocurría que había diversidad ideológica dentro de ellos, aún cuando tradicionalmente el partido de la derecha ha sido el Republicano (GOP) y el de izquierda el Demócrata, pero esto se ha perdido por la polarización. Esas tendencias nacionales se han visto reflejadas en la política puertorriqueña. Es un hecho que ignoran convenientemente los republicanos criollos que cuando existía un GOP en la isla, solo ganó dos elecciones fuera de coalición. Luego tuvo que hacer el amogollamiento con unionistas e (irónicamente) con socialistas. No quiere decir que tenga que ser así ahora, pero en parte por eso el PNP buscó evitar estar aliado con un solo partido nacional cuando se fundó. Precisamente para poder formar una coalición entre todos los estadistas y avanzar la estadidad, posponiendo la dicotomía conservadora/liberal para después de su llegada.

Por eso el debate de liberales y conservadores para controlar el PNP y tratar de imitar la política nacional desde ahora es absurdo. Esa obsesión de introducir el trumpismo en Puerto Rico, o el progresismo Ocasio-Cortez es natural hasta cierto punto en una sociedad democrática, y más entre estadistas. Las personas sienten afinidad ideológica y se deben establecer conexiones con los partidos nacionales, pero no a costa de tratar de restar apoyo a la estadidad porque X o Y político es demócrata o republicano. Un ejemplo de lo impropio de tratar de recrear la división conservador-liberal antes de la estadidad lo vimos en el funeral de John Lewis cuando el expresidente Barack Obama apoyó la estadidad para Puerto Rico y muchos estadistas en vez de reconocer que hay apoyo de un expresidente (quien actualmente es el político más popular en la nación) a nuestra causa se dedicaron a criticar porque no había hecho nada antes. Es una crítica válida, pero debe ser matizada por el hecho de que ahora sí la apoya. Cada persona que apoye la causa es necesaria, y mientras más diverso sea el apoyo en la sociedad, mejor. El debate de si apoyar liberales o conservadores es un debate para el futuro, contraproducente en estos momentos. Igual de peculiar es el argumento de que el PNP se desinfló en las primarias pasadas porque los republicanos criollos no se sienten representados. Esto tiene algo de realidad, pero ese análisis es vacío. No toma en cuenta el éxodo poblacional, el COVID-19, la apatía electoral e incluso las muertes de personas. De 2016 a 2020 Puerto Rico ha cambiado mucho y no es razonable hacer una comparación total sin contar con los nuevos factores. De todas formas, estadistas celebrando la destrucción del PNP deberían recordar el costo de la división entre estadistas durante la década de los 1940. Oportunidades doradas para el ideal fueron desperdiciadas y aprovechadas por el PPD; como consecuencia, la estadidad lleva atrasada más de seis décadas.

El PNP, guste o no, es el vehículo que ha heredado el movimiento estadista. Destruirlo para establecer un partido nacional a competir en elecciones, es por el momento irreal. Divide el voto estadista y ganan los inmovilistas. La razón de la división entre alas del PNP es un asunto que requiere mucho análisis, y los debates que se han dado dentro de la colectividad son útiles y necesarios. Pero, como dijo James Baker III, una ideología sin pragmatismo es natimuerta. Por el momento tiene que haber una alianza entre conservadores y liberales. Luego de la estadidad, si el movimiento estadista no se suicida antes, entonces se podrá dar el tan añorado día de éxodo de liberales y conservadores para competir entre sí. 

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