Connect with us

CRÓNICAS

“El fin del principio” -Rodney A. Ríos Rodríguez

Published

on

Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

Luego de la expulsión de los Nazi del norte de África, Sir Winston Churchill dijo que eso no era el final, ni siquiera el principio del final, pero era, quizás, el fin del principio. Eso me parece ser el mensaje principal de las primarias de 2020. Hubo, para muchos propósitos prácticos, una masacre de incumbentes y a los incumbentes que prevalecieron el electorado primarista les dio un fuerte regaño para que modifiquen. Las primarias fueron un cambio de liderato en los dos partidos más grandes de Puerto Rico, si esto logra apaciguar el descontento en el pueblo, está por verse. De todas formas, lo ocurrido no es de sorprenderse, vivimos en una era populista. Esto no es necesariamente malo, pero dentro del contexto del siglo XXI parece tener, en muchos casos, un efecto tóxico en la sociedad. El populismo se ha definido como la apelación a los prejuicios que dominan la mentalidad de las masas, con soluciones simples, siempre con un chivo expiatorio que es el culpable de todo, por parte de un político o movimiento. Esta corriente ha sido una tormenta que ha afectado severamente las democracias occidentales en tiempos recientes, como consecuencia del abandono de la clase media y trabajadora por las instituciones tradicionales.

En Puerto Rico, desde el 2012, vivimos bajo el influjo de la corriente populista. La campaña de Alejandro García Padilla fue una en la que la solución a todos los problemas de la isla se resolvería quitando contratos a “los amigos” de la administración Fortuño, ese factor y la demonización de la Ley 7 (la cual fue mal implementada) llevó AGP a Fortaleza. En el 2016 le tocó al PNP y Ricky Rosselló hizo una campaña donde pretendía que su plan de gobierno y el Plan Tennessee resolverían todo y lograría la estadidad. Por otra parte, el populismo se vio reflejado en el apoyo masivo a la Lic. Alexandra Lúgaro y Manuel Cidre. Hoy en día el aumento del descontento en Puerto Rico lo vemos con el surgimiento del Proyecto Dignidad, el Movimiento Victoria Ciudadana, el odio al bipartidismo, el no pagar la deuda de Puerto Rico por ser “ilegal”, etc.

Esta tendencia radicalista tuvo su máxima expresión en el Verano del ’19 y a las marchas acudieron elementos separatistas que pretendían confundir la convergencia de molestias con un reclamo de revolución e independencia, esa fue la cúspide de dicha corriente en el país. Desde que Rosselló Nevares renunció se fue notando, para el que estuviera pendiente, un elemento de miedo en sectores de la ciudadanía al creciente populismo y radicalismo. El primer indicio de ese susto en el pueblo fue la elección especial del PNP en noviembre de 2019, la participación en ese evento fue alta para ser una elección especial para el Senado. Eso dio la señal de que el movimiento estadista y el PNP no estaban, como parecía indicar la opinión de la élite, muertos. Luego contra viento, marea y pandemias vinieron las primarias.

Carlos Delgado Altieri logró venir de la periferia de la política a ganar la candidatura a la gobernación del PPD. No es de sorprenderse, en tiempos inestables generalmente mientras más desconocido y más afuera de la élite, mejor para ganar. En el PNP se vio la caída de un gran número de figuras, algunos fuera de la papeleta y otros que bajaron considerablemente. ¿Qué representa esto? A primera vista parecería solo la continuación del populismo, los “outsiders” triunfaron sobre los incumbentes. Un examen más detallado, nos dice lo contrario. El mensaje de campaña tanto de Pierluisi como Delgado es, con diferencias ideológicas, el mismo. Delgado dice que Puerto Rico necesita buena administración y Pierluisi dice un gobierno eficiente. La diferencia de Pierluisi respecto a Delgado es que éste último probablemente aumentaría los impuestos y el gasto público, no reduciría el tamaño gubernamental y si surgiera una oportunidad favorable a la estadidad, no la tomaría. Sin embargo, ambos candidatos lo que ofrecen al electorado es estabilidad, un regreso a la normalidad. Las primarias fueron, por tanto, una contrarrevolución al empuje del radicalismo en la política puertorriqueña.

De todas formas, no es fácil saber quién ganará la gobernación, pero es casi seguro que ganará el PPD o el PNP. En cierto modo, no importa. Es altamente improbable que cualquiera de los dos que gane “transforme” a Puerto Rico. El electorado de primarias PPD y PNP decidió hacer arreglos y cambios de liderato, aunque quedan elementos del pasado, es claro que el centro de poder ha cambiado para los dos partidos principales. Los márgenes de victoria de ambos candidatos demuestran que la oferta de estabilidad resonó en la base de ambos partidos. Por ende, la oferta al electorado de cara a las elecciones generales será buscar estabilidad y ganará el que logre convencer a los ciudadanos que logrará esa estabilidad, que logre terminar, como dijo Gerald Ford, “la larga pesadilla nacional”.  Ahora bien, el descontento y populismo siguen presentes en el electorado, no es de subestimarse. Cualquiera de los dos que gane la gobernación tiene, para evitar el ascenso del radicalismo, que evitar las debacles de García Padilla o Rosselló Nevares. Hay que atender las preocupaciones de la clase media y trabajadora. Sino aumentará la radicalización y polarización y eso es de preocuparse.

Continue Reading

Copyright © 2020 Ojo al Medio. LLC.