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CRÓNICAS

“EL CAOS PRIMARISTA Y LA IDEA DE DEMOCRACIA” – Rodney A. Ríos Rodríguez

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Por: Rodney A. Ríos Rodríguez

El desastre organizacional y la forma que se dio todo el proceso en las primarias de 2020 es, y debe considerarse, uno de los episodios más bochornosos en la historia de Puerto Rico. Es, sin duda, un imperativo conocer el porqué de lo ocurrido y que Juan Ernesto Dávila resuelva su desastre y que luego renuncie, no debe estar a cargo de las elecciones generales.

Independientemente del desastre, me parece que es irresponsable y peligroso caer en las hipérboles en la prensa y el internet alegando que la democracia ha muerto en Puerto Rico. Eso alimenta la desesperación del pueblo puertorriqueño, además de demostrar una muy limitada apreciación de qué es democracia. Es cierto que hay una crisis institucional en Puerto Rico en casi todos los niveles, llevamos dos décadas perdidas en manos de gobernadores fracasados, ineptos o corruptos. Hay un retroceso en las funciones del Estado en casi todo y es claro que hay una crisis severa que requerirá un esfuerzo titánico de reconstrucción. Esto no quiere decir, sin embargo, que Puerto Rico sea, como dicen por internet, Venezuela.

Ronald Reagan en un discurso en la Universidad de Moscú en 1988 definió que es una democracia. Reagan expresó que la libertad no comienza ni termina con el voto. La frase cliché de que el “voto es lo más sagrado en una democracia” es incorrecta, el voto es meramente un instrumento. En sí solo, es inútil. Lo fundamental en una democracia son los derechos civiles, sin estos una democracia es solo un concurso de popularidad entre dictadores. El expresidente Reagan explicó que la democracia son cosas como la libertad de culto, de asamblea, libertad de expresión, el derecho a ser juzgado mediante un debido proceso de ley y por tus pares, la presunción de inocencia, el acceso a la información gubernamental, la libertad de disentir, un imperio de la ley común a todos los ciudadanos, la libertad de organizarse sindicalmente y libertad de prensa. También lo son los derechos de las minorías a ser toleradas y protegidas igual que las mayorías, la separación de poderes, tener tribunales de derecho en una judicatura independiente que hagan valer los derechos de los ciudadanos entre ellos y frente al Estado.

Si nuestro concepto de democracia es una sociedad donde todo correrá bien todo el tiempo, sin problemas, con vidas garantizadas sin riesgo alguno, eso no es una visión de libertad, sino de prisión. Las democracias son, por naturaleza, caóticas. Ronald Reagan expresó en Moscú que “la democracia no es tanto un sistema de gobierno, sino más un sistema para mantener el gobierno limitado, poco intrusivo; un sistema de restricción al poder para mantener la política y el Estado secundario a lo verdaderamente importante en la vida, las verdaderas fuentes de virtud como la familia o la fe”. Esperar que las democracias sean utopías igualitarias en la Tierra no es realista, ese estándar de algunos sectores está equivocado. El estándar para determinar si existe una democracia es si se cumple con las libertades que detalló Reagan y si los problemas que ésta tenga se resuelven mediante sus instituciones.

Bajo esos parámetros, podemos apreciar que Puerto Rico no es una dictadura, no es Cuba o cualquier otro miembro del perverso club totalitario del mundo. Aún con las denuncias e irregularidades durante el proceso primarista, vimos la libertad en acción. La prensa ejerció su libertad, cumplió su propósito, sirviendo para denunciar e informar a la ciudadanía. Se acudió a los tribunales y no la violencia para resolver la crisis. Las personas se han podido expresar libremente sobre lo ocurrido, no han sido censurados. Es irónico que las denuncias de dictadura siempre vienen más fuertes dentro de las propias democracias; el mero hecho de que se incurra en exageraciones de ese tipo sin repercusiones a la vida, libertad o propiedad de los que las hacen demuestra lo equívoco de su argumento. Puerto Rico, con todos sus problemas, es un país libre. Sería mejor que la prensa y las figuras públicas fueran responsables con sus comentarios y dejaran de destruir la legitimidad y estabilidad democrática de nuestra sociedad. En 1920, después de años de guerra y radicalismo de Woodrow Wilson, la campaña por la presidencia de EE. UU. de Warren Harding se enfocó en que el pueblo quería normalidad y estabilidad. Ya basta de destruir la fe de los puertorriqueños en su propia libertad y capacidad, cada vez más se ve el espíritu del radicalismo en Puerto Rico como consecuencia. Necesitamos hacer como Harding. Es tiempo de dedicarse a reconstruir a Puerto Rico a base de los fundamentos democráticos y las virtudes de nuestra sociedad y asegurarnos que una debacle como las primarias de 2020 no vuelva a ocurrir.

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