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CRÓNICAS

“CENTRÍFUGA Y CENTRÍPETA PRIMARISTA” – Lcdo. Luis R. Dávila Colón

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Por: Lcdo. Luis R. Dávila Colón

La pandemia del COVID-19 nos ha confinado, enajenado y encabritado a niveles  inimaginables y también nos despojó de todo grado de emoción y pasión en la política insabora, inolora e incolora de este año lleno de plagas de proporciones bíblicas.

Como parte de la cobertura especial de ojoalmedio.com de esta “descampaña” primarista, el pasado nos obliga a repasar las grandes fuerzas mecánicas de otros tiempos.  ¿Qué fuerzas mueven a los dos partidos mayores que enfrentan simultáneamente y por primera vez dos primarias a la gobernación?

Una mera observación de la política de los últimos 80 años, revelará que las ambiciones y divisiones intrapartidistas siempre han regido los destinos de los partidos de cara a una elección: Liberales contra Populares 1938-1940; Republicanos vs Progresistas 1968; Partido del Pueblo vs PPD 1968; Romero Barceló contra Justo Méndez 1974-1976; Romero vs Padilla 1983-1984; PNP vs Renovación 1984; Melo vs RHC 1990-1992; Pesqueristas contra Rossellistas 2003-2004; Rossellistas contra Fortuñistas 2008; Neorossellistas vs Pierluisistas 2016; y Wandistas vs Pierluisistas 2020. 

  • Desde 1983 al presente, el PNP ha sido el único partido que ha tenido que confrontar 6 retos a su liderato máximo.  Esas divisiones culminaron en derrotas en los años 1984 y 2004 y no hicieron mortal mella en las victorias del PNP del año 2008 y 2016.
  • Históricamente el PNP, por ser una partida descentralizada de Demócratas y Republicanos, ha sido más propenso y vulnerable que el PPD a sucumbir a los chismes, las ambiciones y las garatas internas.  La única pegatina que tiene la palma es la estadidad, que se explota, se enarbola y se olvida rápidamente después de cada elección.  Por ende, la dinámica del partido estadista es predominantemente centrífuga y opera con una mecánica clásica que tiende a alejarse del eje de referencia en rotación.  Contrario al Partido Popular, que colapsa en sí mismo como imperativo categórico de sobrevivencia, los progresistas generalmente se quedan resentidos y enchismados y su reacción, luego de una agria división, es a abstenerse de votar o a tirar para el monte votándole en contra.  Los personalismos prevalecen sobre el ideal.
  • Si bien es cierto que las primarias y las ambiciones pueden dividir mortalmente a un partido, no es menos cierto que la llave del triunfo descansa en la forma en que el partido logra reunificarse sólidamente detrás de la candidatura vencedora después de una sangrienta primaria.  Ese comportamiento unificador ha sido más consistente en la mecánica operacional del PPD que en la del PNP.
  • Contrario al PNP, que está acostumbrado a sacarse los ojos en una primaria y después trata de consolidarse con una pegajosa reconciliación de las partes como si fueran tortolos enamorados, el PPD nunca ha enfrentado una primaria por la gobernación como la del próximo domingo, 9 de agosto de 2020.  No obstante, el Partido Popular siempre se ha comportado como un partido institucionalizado, cimentado en lo que José Arsenio Torres denominó como un partido que “sufre de unidad perniciosa”.  Es decir, esa fuerza centrípeta que obliga a sus partes a girar circularmente en torno al centro.  Los personalismos y valores quedan supeditados a la urgencia de volver a ganar para administrar la colonia,  el único fin que los ata.  Ese  objetivo de administrar la cosa pública tiene mucho mayor peso en el PPD que las cuchucientas mil ideologías que puedan ostentar sus líderes desde el soberanismo socialista hasta el colonialismo empresarial de la contentura.
  • La legendaria ruptura de liberales y populares en 1938 y la agria derrota sufrida con la escisión del Partido del Pueblo en 1968, enseñó al Partido Popular a no dividirse jamás en facciones o caudillismos que le impidieran regresar a disfrutar las prebendas del poder colonial.  Simple y llanamente al menguante Partido Popular le sale demasiado caro estar fuera del poder porque carece de una ideología de status que los ate en tiempos de pandemia política.  Discusión ideológica a la que le huyen como el diablo a la cruz.
  • Aunque el Partido Popular ha estado en las últimas 4 décadas irremediablemente dividido entre la creciente estirpe nacionalista y el menguante liderato colonialista y pro unión permanente, no empece las más agrias divisiones la Pava siempre ha sido capaz de coaligar, particularmente, después de las derrotas. 
  • Esa enorme fuerza centrípeta, le ha dado el lujo de extender la vida inútil de su quebrado y rechazado Estado Libre Asociado territorial, para forzar una alternancia de poder en los años 1984, 2000, 2004 y 2012.  Ese cambia-cambia de gobiernos coloniales, ha sido el mayor impedimento a la creación de un consenso rompemonte hacia la descolonización final. La dinámica de la auto preservación le ha permitido al Partido Popular, con la ayuda de los votos independentistas, bloquear el paso a la estadidad durante ese casi medio Siglo.
  • Por el contrario, cuando el PNP pierde a causa de una división primarista, el resentimiento de la fuerza centrífuga es tal, que termina costándole el poder y retrasándoles aún más su lucha ideológica estadista.
  • Es casi seguro que después de la primaria del domingo, el Partido Popular vuelva a cerrar filas conforme a su naturaleza.  De hecho, la campaña de los candidatos de la Pava ha sido una guerra de bolitas de algodón. 
  • Sin embargo, el PNP enfrenta una división real permanente camino a la elección, porque uno de sus candidatos no es estadista y es vista por más de la mitad de la base del partido como un germen invasor.  Después de las reacciones vengativas, viscerales y personalistas que ha exhibido la Gobernadora Wanda Vázquez hacia sus adversarios, aunque todo el liderato cierre filas detrás del ganador, es altamente improbable que la Gobernadora haga lo propio con Pierluisi, o que la base del PNP que resiste a la Gobernadora acuda a las urnas para lograr su elección.  Nunca antes en la historia de la centrífuga PNP se había visto la presencia de una troyana.  Esa reacción alérgica a un ente foráneo, pudiera repotenciar la mecánica de la centrífuga en la Palma.  En cuyo caso, ese sería el mayor reto que tendría esa colectividad, no importa el resultado del domingo.    

Lo asombroso es que nuestras reglas elementales de la Física colonial política han logrado configurar un balance perfecto mediante el cual la fuerza centrífuga del PNP y la fuerza centrípeta del PPD, se configuran y se alternan para garantizar el estancamiento de Puerto Rico en una degeneración colonial permanente en la que las leyes de la naturaleza operan para que todo permanezca igual, excepto el deterioro que nos consume. 

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