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CRÓNICAS

“NO SON IGUALES: LIMPIEZA, FUMIGACIÓN Y REINVENCIÓN” – Luis Dávila Colón

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Por: Lcdo. Luis R. Dávila Colón 

Dice el viejo dicho que “no se puede enderezar el árbol torcido”. El pasado sábado el periódico El Nuevo Día, la empresa editorial que más daño le ha hecho al bienestar de Puerto Rico y que por décadas ha sido el obstáculo mayor a un verdadero cambio social, económico y político, cínicamente lamentaba que a un año del verano del 2019, nada había cambiado y que el relevo de gobernación de Ricardo Rosselló a su marioneta editorial Wanda Vázquez, no había producido las reformas sociales y políticas que exigía la sociedad civil. 

Los dueños de El Nuevo Día prefieren concentrar en los fungibles y pasajeros personajes que gobiernan la colonia y no en el verdadero cambio de régimen y la verdadera transformación institucional y estructural. El punto ciego que reflejan los oligarcas del Grupo Ferré Rangel (GFR) es muy similar al “mamamelchoreo” de la mente colonizada puertorriqueña. Esa actitud incomprensible del que pide cambio, pero vehementemente se opone a él; ese cinismo destructor al que nos han acondicionado como pueblo sometido para que nada nos satisfaga, nada nos pueda complacer, nada resulte confiable, excepto la eterna “quejaera” cotidiana del antiguo lamento borincano. Lamentamos la lamentación de no lamentar y si la lamentamos también la lamentamos. 

Después de la experiencia traumática del 2019, en el movimiento estadista y en la base del PNP no solamente hay disgusto, sino también un creciente clamor por el cambio. Los llamados generalizados son a tumbar cabezas, pero sin darle mucha “cabeza” al problema espiritual y al problema ideológico del Partido Nuevo Progresista. Una cosa es el cambio por cambiar, otra cosa es la limpieza moral, otra la fumigación de corruptos y otra la reinvención de estructuras, principios, valores y postulados del partido que creó don Luis Ferré como vehículo de la estadidad. Cincuenta y dos años después de su creación y ocho cuatrienios bajo administraciones novoprogresistas, el estadoísmo no tiene más que deudos, lastres, deberes, hipotecas y números rojos. El interinato usurpador de Wanda Vázquez no es más que un chiste mongo de la degeneración del PNP y su liderato, como el partido más colonial y de mente más colonizada de nuestra Isla. 

¿Ofrece el evento primarista alguna opción de cambio estructural e ideológico dentro de esa colectividad? Un mero atisbo de las papeletas basta. Los incumbentes y las caras del pasado dominan las ofertas. La gobernación plantea una insólita contradicción. El año en que Wanda Vázquez ha regenteado parece haber sido un milenio de lamentaciones y recriminaciones. La glorificada cara nueva no ha sido más que un enjambre de trucos viejos de más coloniaje, continua ineptitud en el gobierno, más indolencia, más corrupción, más desinterés ideológico, más infantilismos y más de las primitivas venganzas de la Ley del Talión.

Pierluisi, el veterano retador fuera del poder, representa un líder que ha estado compitiendo en la política partidista desde el año 2008. Su experiencia como Comisionado Residente y expresidente del PNP, lo coloca como el veterano de afuera que ha osado retar, por primera vez en la historia, a una gobernante incumbente. Es decir, la “vieja cara” en este caso embiste contra la ola del poder envejecida a lo matusalén por un año de errores y horrores.

Pierluisi tampoco plantea cambios transformativos que inspiren, que abran monte y que surquen nuevos caminos. Su afable carácter no es amenazante, pero al igual que todos los candidatos populares tampoco constituye una dínamo de inspiración. ¿Quién sabe? A lo mejor el temperamento pasivo agresivo de Pierluisi es el calmante perfecto para apaciguar un partido y un país tan lleno de odio y rencor al que le impiden darse cuenta de que es el coloniaje lo que lo mata. 

Una breve mirada a la plantilla azul de senadores por acumulación, revelará que 7 de los 9 candidatos son incumbentes y la terna de los primeros 6 ya está sembrada. Para poder cambiar ese equipo, prácticamente todos los electores se tendrían que poner de acuerdo para tumbar a uno o dos, permitiendo que las caras nuevas entren. Y aun así, dos terceras partes serán más de lo mismo. 

El equipo por acumulación de la Cámara sigue igual patrón: de nueve candidatos, cinco son incumbentes. Los alcaldes también. La vasta mayoría de los incumbentes busca revalidar. 

Este breve ejercicio de la oferta de liderato PNP demuestra que el sistema político, tanto del PNP como del PPD, está diseñado para no cambiar y para dejar sembrado al incumbente. Todos los partidos padecen del mismo mal: continuidad perpetuadora. Una vez agarran el poder, no lo sueltan. La droga del colonialismo no causa hábito, sino adicción de por vida. 

Si de verdad hubiese un interés genuino de limpiar la casa, fumigar, reinventarse y regresar a los valores fundamentales, alguien en el PNP y en los demás partidos estaría planteando un remezón de toda la estructura institucional, empezando por el desmantelamiento inmediato del coloniaje. Con excepción del Partido Independentista, ninguna colectividad propone tomar el poder para desmantelar la colonia en cuerpo, alma y corazón. Todos los demás buscan subterfugios para administrar los fondos federales. El PNP, otro referéndum no vinculante más. El PPD y el MVC, una etérea convención constitucional para que un grupo de delegados que sabe para dónde va, decida por nosotros para dónde vamos sin decirnos el destino oculto de la separación. Y el Partido Dignidad nos ofrece la teocracia como solución a los pecados capitales de las tentaciones políticas terrenales. 

Si de verdad hubiese vocación de reforma, todos los partidos estarían exigiendo limitación de términos, prohibición de donativos políticos, desmantelamiento del estado centralizado, consolidación de municipios, voto por correo y una nueva forma de hacer política, donde el objeto, sujeto y predicado principal no sea el empleado ni las uniones públicas, sino los ciudadanos de a pie y el sector privado. 

Si de verdad estuvieran interesados en fumigar, estarían proponiendo todos la liquidación del paraíso fiscal, la rebaja contributiva, la prohibición de los sindicatos en el sector público, la cancelación de los grandes contratos por servicios profesionales y el diseño de una política económica anclada en la promoción del empleo privado y de la actividad empresarial. 

El sistema político puertorriqueño está diseñado para perpetuar la colonia. Como el viejo Hotel California de los Eagles, una vez te registras en él no puedes salir. Algo similar ocurre en el Congreso, donde senadores y congresistas se perpetúan en el poder per secula seculorum y evitan verdadero cambio transformacional. Allá como acá, el sistema castiga la reinvención y la fumigación y rara vez produce limpieza. 

Desafortunadamente, nada sustancial ni transformacional está en el tablero de juego. No lo está, porque el tronco del árbol ya está torcido y a nadie le conviene cambiar un amañado tablero de juego tan incambiable como intocable. 

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